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Vidas robadas

Todas las clasificaciones son anecdóticas y superficiales, menos una: la que separa a los lindos de los feos. El resto no significa nada. Es un placebo para calmar a quienes se saben del peor lado de la medianera, los feos.

Entre lindos y feos hay un límite invisible pero robusto. Mientras que a los lindos los espera una vida llena de favores y oportunidades (las puertas se les abren, los placeres carnales se les ofrecen, los trabajos los llaman a susurros) a los feos, en cambio, nos espera la nada. Tenemos que procurar ser inteligentes, simpáticos o muy graciosos si queremos prosperar. Aunque suene frívolo, la belleza determina a grandes rasgos el futuro potencial de una persona.

Las cirugías, por ejemplo, son un invento de la gente fea. “Lo que importa es lo de adentro”, “Interesante”, o “tiene lo suyo”, otros inventos de algún fulerito tratando de justificar su amarga vida de ese lado del planeta. “Un pito no es corneta” o “Aunque la mona se vista de seda, mona queda”, son, en cambio, inventos de gente linda. Así como la ropa de Kosiuko y los cortes de pelo de los ochenta, que sólo les quedan bien a la gente mona.

No obstante, hay muchas personas que se niegan a aceptar ese amargo destino, y se las rebuscan para prosperar. Trabajan en su cuerpo, mejoran su estilo, se operan la nariz, y así se convierten en lindos honoríficos. (Tal es el caso de Sarah Jessica Parker, que era una fea destinada a una vida de fea pero logró torcer su suerte a base de sandalias stiletto, buenos cortes de pelo y dos o tres muecas especiales que le disimulaban la cara de caballo para las fotos).

Pero hay otras personas que no están dispuestas a hacer ese esfuerzo, y quieren pasar al grupo de los lindos sin tener la estampa, ni la elegancia, ni la presencia de alguien genuinamente atractivo. Quieren vivir una vida de lindo que no merecen: quieren casarse con modelos, vender su propio póster o ponerse un jean rotoso y que les quede bien. Y este es el caso de Cristian Castro.

Yo no sé ni cómo ni cuándo Cristian Castro saltó la medianera. No tengo idea. Pero aparentemente se coló de la forma más precaria y alevosa: con un videoclip que rompió todas las normas estéticas de la industria musical, “Azul”.

En este video Cristian personifica a un cantante lindo que persigue por la playa a unas modelos compradas por su madre, todo flaco y encorvado, teñido de rubio platinado y canta vestido con una camisa abierta que descubre su pechito endeble de renacuajo. Utiliza un truco muy eficaz; comienza su vida apócrifa de lindo in medias res, como si siempre lo hubiera sido, como si estuviera establecido de antemano que le tocaba ese hemisferio de la belleza.

Un cantante feo por lo general no protagoniza sus propios videos. Toca la guitarra y canta en un bosque mientras un galán y una modelo se pelean, dan portazos y se reconcilian. Sólo los cantantes lindos cantan y se manosean con la chica en el videoclip. Los feos no pueden por problemas de verosimilitud. ¿Si ponen una chica linda quién se creería que esa es su novia? Y si ponen una fea ¿Quién miraría ese video?

En un acto heroico de negación, Cristian Castro, desafió años de convenciones sociales y se robó una vida de lindo que no le pertenecía: se sacó fotos con expresiones vedadas a los feos (por ejemplo mirando el horizonte, cabizbajo o pensativo), se vistió con ropa de lindo (con brillos y otros detalles llamativos que los feos no podemos usar) y se puso pantalones ajustados y sombrero de mariachi siendo retaco, falto de mentón y nariz. Y ahora es tarde. Ya todos están acostumbrados a verlo desenvolverse como una persona bonita. Todos aceptan mansamente esa mentira.

Salvo yo. Yo me vuelvo loca. Cada vez que veo a Cristian Castro haciendo cosas de lindo tengo un pico de presión. Empiezo a gritarle al televisor, fuera de control, porque me indigna tamaña injusticia. ¡Ese hombre no puede usar tachas ni peinarse para atrás! ¡La gente fea tiene que usar ropa discreta y taparse la cara, por Jesucristo!

Tenemos que hacer algo urgente para ponerle un freno a esta situación. No podemos dejar que alguien se robe lo que no le pertenece. Si los feos tenemos que vivir esta vida de miseria e indeferencia, lo justo es que Cristian Castro también la viva. ¡Salgamos a gritarlo a la calle! ¡Tomemos las radios! ¡Estampemos remeras! ¡Derroquemos su fan club! ¡Cristian Castro es feo pero está usurpando la vida de alguien lindo! ¡Y usurpar, como robar, es un delito! ¡Un crimen! ¡Una vergüenza! ¡Es nuestro deber no ser cómplices silenciosos de esta estafa! ¡Basta de videos con él llorando vestido de blanco! ¡Cristian Castro es horrible y queremos que cante de espaldas! Porque hay gente que nació linda y hay gente que nació fea. Cristian Castro es de los segundos y vive una vida robada.

361 respuestas para “Vidas robadas”

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  1. 361
    Fernando dice:

    La ropa de Kosiuko es lo más grasa que hay por más cara que sea!!!!!!!!!!!!!!!!

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