Una pelotuda cualquiera
José Pablo Feinmann me cae bien. Cualquiera que hable de sus “muslos gorditos” en la tele y esté enamorado de la misma mujer desde hace veintiseis años me cae bien. Además, mira cine clásico, sucumbe ante el olor de las papas fritas, su película preferida es Casablanca, y dice que nadie debería tomarlo en serio. ¿Cómo puede caerme mal alguien así? Imposible.
Pero hace unos días, en un antipático y pintoresco ataque de escritor cascarrabias dijo que odiaba los blogs porque “cualquier pelotudo podía tener uno” y se armó un quilombo bárbaro.
Inmediatamente los diarios y los blogs hicieron eco de la noticia (el video se vio por todos lados, porque además se despachó contra la feria del libro y algunos escritores “basura”) acusándolo de retrógrado, intolerante y senil. Y tienen razón. Debo haber escuchado “Cualquier pelotudo tiene un blog” una veintena de veces. En breve será ringtone. Será más viral que los videos de Wendy Sulca y el Karina de “Gente que busca gente”.
Sin embargo, yo sospecho que la lectura que todos los blogs hicieron sobre el discurso de Feinmann es incompleta. No es errada, de hecho está muy bien. Es correcta. Pero siento que están diseccionando la palabra “pelotudo” y no la palabra “cualquiera”. Y a Feinmann no le molesta que un pelotudo edite. Pelotudos hay por todos lados. Sin ir más lejos, la literatura y los medios están hasta el techo de pelotudos. Y de libros malos ni hablar. Cualquier pelotudo publica un libro hoy. Sino mírenme a mí, que estreno libro el 1 de julio.
La clave está en cualquiera. Lo que a Feinmann le molesta es que cualquiera (o sea, un pelotudo que él no conoce, que él no aprobó, que no pasó el filtro de un editor, que no es amigo de nadie, que no pertenece a editorial o medio alguno) pueda escribir. Pueda replicar. Pueda contestarle como si fuera un igual. Antes de los blogs, sólo los pelotudos conocidos podían publicar. Los pelotudos cualquiera se quedaban afuera.
De la misma manera que a un aristócrata le molesta que cualquiera pueda tener una cartera Louis Vuitton o pueda hacerse socio de su club de tenis, a Feinmann lo indigna que una persona fuera de su círculo intelectual tenga el mismo derecho que él. Porque según él, “quien escribe un blog no duraría ni cinco minutos en una redacción”. Es decir que cualquier pelotudo no debería poder inscribirse en un club de tenis sin usar saco y corbata, sin ser aprobado por un comité de selección, sin ser amigo de otros socios, y sin pagar una cuota altísima todos los meses.
Es verdad que la mayoría de los bloggers escriben para el culo. ¡Por fin alguien lo dijo! Me alegra, además, que ese alguien sea del mismo palo que yo, los de muslos gorditos. ¿Pero puede cualquiera tener lectores? ¿Puede cualquiera actualizarlo periódicamente? ¿Logra cualquiera despertar interés en sus pares? ¿Consigue ser leído, respetado, querido, admirado, linkeado, comentado o visitado un pelotudo cualquiera? Yo diría que más bien es al revés: cualquier pelotudo tiene un amigo que le edita un libro, pero no un pelotudo cualquiera logra que lo lean entre cien y cinco mil personas todos los días.
Además, me extraña que a esta altura alguien pueda achacarle a la herramienta bondades o defectos que le corresponden al autor. ¿Qué tienen que ver los blogs con lo mal que escribe la gente? ¡Desde la escuela primaria que no escuchaba a alguien decir que los libros eran aburridos sólo porque una vez había leído “Laura de hoy crece”! Es verdad que hay muchos autores malos, pero como sucede con el blog, el libro no es malo ni bueno. Solo es libro.
La creación de la imprenta ya supuso una democratización del libro y Nietzsche, en una sentencia irónica y aristocrática tan propia de él, quiso limitar esa proliferación proponiendo que cada autor defendiera su libro con su propia vida.
Yo defiendo mis blogs con mi vida si es necesario. Principalmente, porque lo que más me gusta de los blogs es que cualquiera puede tener uno, y porque yo, como muchos otros pelotudos, tengo la vida que tengo, gracias a mi blog. Y no le tuve que pedir permiso a Feinmann ni a ninguna otra persona para sentarme en su mesa.
No obstante, más allá de la anécdota de los muslos gorditos y las papas fritas, no puedo evitar preguntarme qué queda para los pobres pelotudos que ni siquiera tienen un blog. Para los que confunden la capacidad del autor con las características de la herramienta. Para quienes dicen que a causa de las series de acción los adolescentes son violentos. Para los cantantes que piden que se cierre internet. Para los que dijeron que el cine era un artilugio de feria. Qué queda, aparte de la vergüenza y la humillación viral, para quienes quedan escrachados por la misma tecnología democrática que repudian diciendo “que detestan los bloc” en un video que se reproduce y se multiplica, minuto a minuto, por todo el planeta.
- Publicado por La peleadora a las 12:01 am
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May 17th, 2009 a las 4:01 pm
Me parace ke esto es algo tonto para poner,nose pero para mi esto algo pelotudo para poner aka,kien no puede tener un blog!!y a nadie le intereza esto!!tu biografia….la verdad nose para ke vienen aka!les mando saludos a los ke pienzan ke esto es algo pelotudo!Bye!