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Pasaporte al infierno

El martes pasado, ni bien me enteré que para hacer unos trámites en el exterior necesitaba renovar mi pasaporte, me fui a la comisaría a hacer la denuncia de extravío. Apenas entré, un policía me preguntó qué necesitaba y en donde vivía. Lo típico. Cada vez que uno va a la comisaría, los policías preguntan en donde vivís y recorren un mapita con los dedos con la burocrática esperanza de que tu caso le toque a otra delegación.

POLICIA
¿De qué lado de la calle?

CAROLINA
Del lado que sea el de esta comisaría

 POLICIA
(Señalando unos bancos)
Bueno, esperá ahí  que ya te atendemos.

Cuando vi la cantidad de gente que había antes que yo (un chico joven y una señora de cuarenta años con una anciana que, presumo, sería su madre) me puse contenta. Como mucho, iba a estar media hora ahí adentro.

Sin embargo, dos coca colas más tarde y cuarenta minutos después yo todavía seguía esperando que me atendieran. El chico había terminado en quince minutos pero la señora hablaba tanto, lloraba tanto y gesticulaba tanto que el policía apenas había logrado avanzar con la denuncia.

SEÑORA
Entonces cuando entro, veo que la mesa de luz está abierta.
No abierta. Apenitas corrida. Medio centímetro. Y yo, que
siempre cierro las puertas y los cajones porque me ponen
nerviosa abiertos, me di cuenta que algo pasaba… (seguía
explicando la señora, mientras yo me alejaba en un sensible
estado de nervios a jugar con un gato pelirrojo que se lamía
al lado de un patrullero)

POLICIA 2
¿Pero que le faltaba?

SEÑORA
Todavía nada. Pero no lo quería adentro de mi casa, yo lo había
echado. Le dije que por favor se fuera porque yo no podía vivir
con sospechas. Yo no soporto la mentira. Nunca la soporté. Y él
me dijo que no se iba a ir hasta que no habláramos de lo que yo
estaba diciendo (seguía sollozando, con una expresión de congoja
que rozaba la parodia) Entonces le dije que entonces me iba yo…

En este momento la señora rompió en llanto nuevamente. Estuvo siete minutos llorando sin parar mientras el policía la miraba impávido y la madre le palmeaba el brazo con una mezcla de pena y vergüenza ajena.

Me llamaba la atención que no sintiera vergüenza por estar incomodando a todo el mundo. Lloraba como si estuviera en su cuarto; sin apuro, sin pudor, sin nada. Le faltaba sacar una almohada y una caja de chocolates de la cartera. Y fue en ese momento, que empecé a sentir una bronca que me crecía como una enredadera por el cuerpo. Desde hace un tiempo que observo este fenómeno asqueroso de las filas. La gente que espera durante horas su turno, cree que cuando llega, puede ocupar el tiempo que quiera sin preocuparse por los que vienen atrás. Viejas que charlan con la cajera mientras todos las esperamos en la fila del supermercado, tarados que no encuentran la tarjeta de débito o se olvidaron de pesar la verdura, clientes que le hacen doscientas cincuenta preguntas al cajero del banco en hora pico. “Yo esperé dos horas, ahora me toca a mí, que los demás esperen” es, al parecer, la política solidaria actual.

SEÑORA
Y me voy… Pero cuando vuelvo, dos horas  después, dos horas y pico,
me doy cuenta que mi celular no se prende. Entonces, así de casualidad,
lo abro, por abrirlo nomás, y veo que me falta el chip del celular.

POLICIA 2
¿Un celular de qué marca?

SEÑORA
No, no me robaron el celular. Sólo el chip.

POLICIA 2
¿Le abrieron el celular y le robaron el chip?

SEÑORA

En ese momento, mientras la señora sollozaba por séptima vez, miré el reloj y me di cuenta que en diez minutos iba a llegar el pedido del supermercado a mi casa y no iba a haber nadie para atenderlo. Entre harta y enojada me acerqué a avisarles que cada vez había más gente esperando:

CAROLINA
Disculpenme, yo me tengo que ir, ¿Faltará mucho?

El policía me contestó que ya me atendían, pero la señora giró como en la presentación de una novela mexicana, se puso la mano en el pecho y me dijo:

SEÑORA
¡Me acaban de robar!

CAROLINA

Señora, esto es una comisaría. A todos nos acaban de robar, de
chocar, de secuestrar un pariente. ¿Qué se piensa que venimos a hacer acá?

SEÑORA
Disculpame pero esto no se puede hacer así nomás. Es serio, es una denuncia.

CAROLINA
¿Así nomás? Cuando empezaron éramos dos personas. Ahora hay
(digo, mientras empiezo a contar la gente sentada en el banco)
nueve. El policía apenas tipea. Usted tiene que decir lo que le robaron,
no lo que sintió cuando le robaron.

POLICIA 2
Ya la atendemos

SEÑORA
¿Vos sabés por lo que pasé yo? Ojalá nunca te pase lo que me pasó a mí.

CAROLINA
Todos sabemos lo que le pasó porque la escuchamos hace cuarenta
minutos hablando pavadas. ¿Pero usted sabe lo que nos pasó a
nosotros? ¿Tiene idea si entre esas personas hay alguien con una
denuncia seria? No sabe, no le interesa. Todos acá estamos para escuchar
su melodrama. Hasta el cabo, que le pregunta qué le robaron hace
una hora, a ver si se apura…

En ese momento un policía se acercó para preguntar qué pasaba. Me pidió que me tranquilizara. Le expliqué que estaba tranquila, que quien estaba molestando a todos era esa mujer.

SEÑORA
¿Qué querés decir con que a otros les pasó algo en serio?
¿Vos decís que lo mío no es en serio?

CAROLINA
Sí, eso digo. Usted viene acá a llorar. Usted necesita un amigo.
El policía… cabo, ayudante, eso, ayudante Yañez, no es su psicólogo,
no está para escuchar sus dramas sentimentales.

El otro policía me pidió que me sentara, con expresión seria y me prometió que iban a hacer lo más rápido posible. La mujer, en cambio, me miraba como si la hubiese querido matar. Me quería seguir replicando pero el ayudante Yañez la exhortó a continuar con la denuncia.

SEÑORA
Entonces me pongo a revisar el placard, la mesa, para ver si faltaba algo…
Yo nunca dejo cosas fuera de su lugar y tengo unos anillitos, tres,
de oro, que dejo en un platito al lado del televisor…

CAROLINA
¡AY, JESUS MARIA Y JOSE! ¡Te acaba de preguntar qué más faltaba,
no cuántos anillitos tenés! ¡Esto no es una novela de Agatha Christie,
no tenés que fabricar suspenso! ¡Todos tenemos que hacer denuncias!
¡Llamá a la línea de suicidios, llorales a ellos y no molestes más!

La señora me miraba con los ojos abiertos como dos platos de postre. El policía trataba de contener la sonrisa.

CAROLINA
¡Por favor! ¡Un poco de solidaridad! ¡No te podés cagar en las diez
personas que esperan porque te dejó tu novio! ¿Qué edad tenés?
¡Como cincueeeeenta años! (le dije, segura de que tenía cuarenta)
¿No estás grande para esta telenovela?

En ese momento, otro oficial me llamó y me dijo que él me iba a tomar la denuncia. Fui hasta otra mesa, me senté, le dije que había perdido mi pasaporte, le di mi DNI y tres minutos después me dio una denuncia de dos renglones que me firmó sobre la puerta de salida.

SEÑORA
¡A vos te voy a denunciar!

CAROLINA
¡Prepárense que ahora tiene DOS denuncias! (Grité mientras mostraba dos dedos)
¡DOS! ¡Compren sandwiches, llamen a sus hijos, tráiganse revistas de palabras
cruzadas yun bolso con ropa que van a estar acá hasta el martes que viene!

1,580 respuestas para “Pasaporte al infierno”

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  1. 1580
    TIKS dice:

    jajajajaja me lei todo el blog en 2 dias, es una droga!.
    Gente como vos no hay mucha y esta bueno eh
    Yo soy igual, y no se si es pelotudismo o estoy ciega y no quiero verlo, pero no me parece algo como para “padecer” (lei que pusiste algo asi en “mea culpa” creo).
    Disfruto de pelearme, disfruto de decirle a la gente en la cara lo idiota, ridiculos o lo q sea que sean.
    Ademàs de mal humor (tema del que no se salva NADIE), lo tuyo yo lo veo como sinceridad.
    Pensas algo? listo, lo decis.
    Està bueno…
    te ahorras en psicologo!
    Bueno, yo no puedo decir lo mismo jaja
    Besos Carolina. Segui alegrandome la vida y haciendome reir, dale :)

  2. 1579
    Fernando dice:

    Perdón, no te escribí nunca y no creo que lo vuelva a hacer pero no puedo contener la risa mientras leo esto porque, aparte de que me solidarizo completamente con tu padecimiento y pienso lo mismo que vos, se me viene a la cabeza que si tildás un casillero de la solicitud de pasaporte y pagás $10 (tal vez la "inexistente" inflación haya cambiado el precio) mientras hacés el trámite del pasaporte en el edificio de la Federal en la calle Azopardo eso vale como denuncia y se acabó el sufrimiento.

  3. 1578
    Alegandra dice:

    Excelente!!!!
    Me siento totalmente identificada con vos….

  4. 1577
    fernanda dice:

    y las imbeciles cdo te vas a probar ropa q se meten al probador con 67890 cosas, y cdo en medio d eso se dan cta d q ninguna le cierra o entra, piden 7890765 mas, sin salir del probador, mientras la fila se hace cada vez mas larga, y uno sigue esperando con su remerita para poder probarsela, y la vendedora le pasa el otro modelo, en 2 talles distintos, x las dudas, y el q tiene botones tmb, q quizas le gusta mas, y….ahhhhhhhhh!!……las detestooooooooooo!!!!

  5. 1576
    Janeth M dice:

    Jajaja, he reido harto con tus quejas, yo particularmente, tan pronto ella me dijera que me va a denunciar, me siento a su lado y le pregunto si le ayudo a redactar, mira que asi acabamos màs rapido. jajaja.

  6. 1575
    Alex V dice:

    222: si a los 46 ya dejaron de hacerlo terminan en una comisaria haciendo denuncias eternas

  7. 1574
    Constanza Cordoba dice:

    jJAJAJAJA Sos excelente! Me gustaria ver en accion esas plabras, espectacular este blog, cada dia mejor. Saludos

  8. 1573
    Patitonervioso dice:

    Sublime Caro!!!! no me reia tanto desde ayer a la tarde cuando estaba leyendo otro sector del blog.
    Con respecto a el tema de que a uno se le ocurren cosas ingeniosas, sárcasticas, ácidas y agridulces, justo estabas a media cuadra yendote del lugar.

    Me paso personalmente, yo tengo una obra social pedorra, encima monotributista: para esas cosas es lo mismo que ser negro, judío y homosexual en Alemania al principio de los cuarenta. No te cubre ni un hisopo usado.

    Varias veces me fui de la sucursal casi al punto del llanto, por la atención de la malgarchada que atiende.

    Un buen dia, decidí que esta no me iba a forrear más. Me lucí. Sin insultar la deje asiiiiiii de chiquitita, fue brillante, genial, como pocas veces se puede hacer en persona. Porque por acá somos todos muy bananita dolca, en la vida real, somos unlicuado de banana con yogur natura y mate, porque nos  cagamos encima.

    A partir de ese momento, por obra de David Copperfield, J (voy a mantener secreta su identidad, como una superheroína de las obras sociales pedorras), la muy conchuda en Buda, todo amor, solidaridad y comprensión.

    Conclusión: muchos seres humanos son hijos del rigor, y así les gusta que los traten. siempre que no se falte el respeto, aunque te lo falten.
    Nunca hay que rebajarse al nivel del oponente.
    Salú!

  9. 1572
    Eielef dice:

    Carolina. Una verdadera obra de arte. Ideal para un lunes en la oficina.
    Saludos, desde Tucumán (cuna de la independencia, jardín de la república y sepúlcro de la subversión).
    eielef

  10. 1571
    Enojona dice:

    Me encanta tu blog, pero me ENFERMA que haya algunas personas como la Señora de tu relato que usen los comentarios como vil chat. Agreguense al MSN, vayan a un restaurante, que aqui no es foro!!!

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