Critica de la Argentina | La Peleadora | Weblog de Carolina Aguirre / 127 entradas / 73,366 comentarios / feed / comentarios feed

La gente que le agrega "s" a cualquier palabra (dice "fuimos al vips del boliche", "Actúa Alfredo Caseros", mediaslunas, "Untado con un dips de cebolla", soy fans de Cristian Castro) es la misma alguna vez fue socia del fanclub de algún artista latino, llama a las radios para mandar saludos, pone pasacalles para los cumpleaños, compra ropa en mercadolibre, baila cumbia en los casamientos, toma licores frutados, ananá fizz, y tragos como "Orgasmo de pitufo" o "Pantera Rosa".

Este viernes voy a estar en Tucumán presentando BESTIARIA. La cita es a las 21 hs, en la sala “Paco Urondo” de la Librería El Griego (Muñecas 287) en donde Bernardo Erlich me presentará y hablará pestes de mí. Además, la actriz Vicky Pérez va a leer algunos textos del libro. A quienes vivan en Tucumán, los espero ahí, y a quienes no, mala suerte.

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Cuando era chica tenía un par de amigas que hacían algo que me causaba una vergüenza fatal: firmaban con su nombre y el apellido de un integrante de los Guns n Roses. María McKagan o Natalia Rose, por ejemplo. No sin terror, ahora descubro que todavía hay gente que anda suelta (repito: que anda suelta) y hace lo mismo; que mezcla su nombre con el apellido de un ídolo deportivo o musical. En una semana me crucé con tres retardados distintos: un Chiqui Vilas, una María Sol Gallagher e incluso una Romina Montaner. Quise contestarles desde una casilla nueva, a nombre de Arnol Yuapseneguer o Maiquel Yacson pero mimarido no me dejó. Estoy esperando que se vaya a algún lado para hacerlo.

Antes de ayer fue el cumpleaños de un amigo de mimarido y no tuve más remedio que ir a la fiesta. Y digo que no tuve más remedio porque no soporto las fiestas de cumpleaños. Ni siquiera las de la gente que estimo. La idea de cenar rodeada de un montón de compañeros de oficina que no conozco me dan ganas de tirarme de un auto en movimiento. Ya la gente de oficina me da sueño. Imagínenselos borrachos, con el azúcar por las nubes, dandole rienda suelta al viejo sueño de ser capocómico, con una rutina de chistes malos que robaron de la televisión.

Pero a veces no puedo decir que no. A veces mimarido me frunce el ceño y no tengo más remedio que ponerme la careta de la buena onda e ir al cumpleaños a brindar con la bandada de pavos en cuestión.

La cena arrancó como una gran promesa de bienestar: los conocidos hablaban entre ellos y no me dirigían la palabra. Una suerte. Sólo tenía que aguantar hasta las once y luego huir argumentando que me dolía la cabeza.

Sin embargo, hacia las diez de la noche la velada sufrió un giro inesperado que me complicó la huida. Me pasó lo peor que le puede pasar a una mujer en un cumpleaños. El anfitrión quiso alardear de un whisky, reclutó a los hombres, y me dejó sola con las esposas, que al parecer tenían unas ganas bárbaras de hablar de niños y televisión.

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No existe gente más cobarde y apestosa que la que no se hace cargo de lo que le gusta hacer. La que reconoce que escucha cumbia "pero sólo para bailar", que ve la novela "sólo porque la pone la chica", la que tiene un cd de Cristian Castro "porque se lo regalaron", la que mira Tinelli "sólo por distracción, para bajar a tierra, después de la oficina" o la que va a tirarle besos a los travestis "pero sólo para joder".

Cada vez que se me acerca un amiguiento, siento lo mismo que cuando me llega spam. Una irritación e impotencia parecidas a las que provocan esos moscardones pegajosos que sobrevuelan la cocina en las tardes de verano. El amiguiento es el spam de la vida.

Los amiguientos son seres perturbados dispuestos a humillarse de las formas más pintorescas para conseguir la compañía y el cariño de otra persona. Y usan la ingeniería más burda para acercarse, porque entienden la amistad como un acto premeditado y no como un acto de magia. Son delincuentes morales; ladrones que se aprovechan de la confusión, la oscuridad o el apuro para tomar por la fuerza algo que no le corresponde. Abusan de la cortesía y la compasión ajena, agazapados como un gato doméstico, y saltan encima de su presa con la excusa de cambiar apuntes, de prestar un libro, de invitar a algún evento, o simplemente de ofrecer un favor redundante y difícil de rechazar.

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Ultimamente estoy tan malhumorada que sólo tengo una fantasía: agarrar al imbécil que pensó que era buena idea poner publicidades que no se puedan skipear o fastforwardear en los DVDs, atarlo a una silla y pasarle publicidades de yogur SER durante una semana.

Ayer a la tarde, salgo apuradísima para una reunión y me tomo un taxi en la puerta de casa. Le pido que me lleve a Alem al 700 lo más rápido que pueda y abro un libro para evitar una posible conversación sobre el tránsito. El auto se cae a pedazos pero el taxista me cae bien: se parece a Papá Noel y tiene los cachetitos gordos y rozagantes. No creo que quiera hablar de motochorros ni de hazañas sexuales. Y eso es un avance.

Taxista:
Disculpe ¿Usted sabe algo de computación?

Toda la gente que no sabe usar una computadora dice “computación” como si fuese un tema general. Para ellos un diseñador, un programador, un blogger, un telemarketer de fibertel, un vendedor de cds piratas y un técnico que instala el Norton Antivirus son todos la misma persona. Las tías gordas dicen que los hijos tienen que estudiar computación para ser alguien, las madres que “no entienden bien la computación” y los padres que sus hijos son genios porque “saben mucho de computación”.

Miro por la ventana. Si le digo que no sé nada del tema, me va a contar su problema con su mugrosa computadora para buscar empatía entre brutos, y si le digo que sí, encima le voy a tener que explicar algo que no va a entender. Mejor le digo que más o menos, que depende, que es complicado y que no es un tema para hablar en el taxi.

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Cada vez que alguien habla de psicoanlális pasa lo mismo: un cretino le pregunta cuánto paga por sesión, y mientras se ríe con la boca torcida, propone que lo contrate a él, que lo escucha por a mitad de plata y le dice lo mismo. Más tarde se justifica diciendo que él hace terapia charlando con sus amigos, que sería incapaz de contarle su vida privada a un desconocido y que un primo suyo fue a uno y "está igual". Estoy esperando ansiosa un anormal de esta calaña tenga que hacerse una cirugía para irrumpir en su casa con un tramontina y abrirlo en pleno living al grito de: ¡Mirá si le vas a pagar a un médico por un transplante! ¡Te lo hago yo y me pagás la mitad a mí! ¿Para qué somos amigos?

tapa-final-ch.JPG¡Por fin puedo descargar todo mi enojo con los repetidores de quinto año que estudian hotelería soñando con ser Narda Lepes! Desde Agosto me pueden leer protestando en la revista Joy, en donde voy a escribir pestes de los cocineros jóvenes, el té de supermercado, las verdulerías tradicionales y la dictadura de la industria láctea. El mes pasado hice una guía sobre las mejores casas de té de Buenos Aires (con reseñas, direcciones, precios y sugerencias de acuerdo a mi gusto personal) y una nota sobre la cocina berreta y adolescente de niños ricos con tristeza de Palermo. En Septiembre habrá una guía de compras de vegetales freak y una diatriba contra las empresas de desayuno delivery: una plaga que odio con todo mi cuerpo y que debe fundirse inmediatamente.

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