Ayer a la tarde, salgo apuradísima para una reunión y me tomo un taxi en la puerta de casa. Le pido que me lleve a Alem al 700 lo más rápido que pueda y abro un libro para evitar una posible conversación sobre el tránsito. El auto se cae a pedazos pero el taxista me cae bien: se parece a Papá Noel y tiene los cachetitos gordos y rozagantes. No creo que quiera hablar de motochorros ni de hazañas sexuales. Y eso es un avance.
Taxista:
Disculpe ¿Usted sabe algo de computación?
Toda la gente que no sabe usar una computadora dice “computación” como si fuese un tema general. Para ellos un diseñador, un programador, un blogger, un telemarketer de fibertel, un vendedor de cds piratas y un técnico que instala el Norton Antivirus son todos la misma persona. Las tías gordas dicen que los hijos tienen que estudiar computación para ser alguien, las madres que “no entienden bien la computación” y los padres que sus hijos son genios porque “saben mucho de computación”.
Miro por la ventana. Si le digo que no sé nada del tema, me va a contar su problema con su mugrosa computadora para buscar empatía entre brutos, y si le digo que sí, encima le voy a tener que explicar algo que no va a entender. Mejor le digo que más o menos, que depende, que es complicado y que no es un tema para hablar en el taxi.
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