Critica de la Argentina | La Peleadora | Weblog de Carolina Aguirre / 188 entradas / 171,286 comentarios / feed / comentarios feed

Cada vez que miro televisión, que recibo publicidad por correo, que me invitan a participar de un concurso o que me quieren seducir con un descuento, me golpeo con una verdad que con los años se ha hecho cada vez más gruesa y evidente: la gente que trabaja en marketing es toda estúpida.

Sé que corro el riesgo de que muchos se enojen y me insulten, pero tengo que decirlo porque no puedo más. Desde hace más de dos décadas vivo con el peso de una vergüenza ajena que no me corresponde y me angustio por anticipado cuando me avisan que una empresa me va a mandar un regalo o va a lanzar un nuevo producto.

Y lo mismo me pasa con la tele o con la radio. Ni bien empieza una tanda publicitaria cambio de canal o huyo a hacerme un café (incluso cuando no quiero uno) sólo para ahorrarme el dolor de comprobar que otra vez a algún retrasado mental se le ocurrió poner a unos pibes con pecas saltando en gorrito para vender una mayonesa.

Es verdad, la publicidad tiene un dios aparte. A diferencia de la televisión, que se cancela cuando nadie quiere ver el programa o de los negocios que cierran cuando la gente no entra a comprar, la publicidad es una cucharacha que sobrevive al desprecio de los consumidores. De hecho, el zapping —y todo lo que el zapping conlleva— es un invento de la publicidad actual. Lo que parece un rally desenfrenado para recorrer la programación del cable antes de que termine la tanda es en realidad un escape terrorífico y contra reloj para esquivar a Fabián Gianola promocionando jabón o Luisina Brando hablando de su dentadura postiza.

Y por eso, justamente, tiene lógica que sea tan mala. ¿Para qué van a hacer algo bueno que nadie va a mirar? Sino fíjense en la excepción de esa misma regla: cuando la publicidad es creativa e interesante hacen un programa de TV exclusivamente dedicado a mostrar esa excepción. ¡Uhhhh, miren, hacia 1988, en Finlandia se hizo una publicidad buena! ¡Y no se la copiaron a nadie!

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Todos los santos días suena el teléfono y cuando atiendo, me sale una grabación de Volkswagen diciendo que nos adjudicaron un auto. Todos los santos días. Todos, hasta los domingos. A pesar de que soy consciente de que es una máquina, me pongo tan loca que les termino gritando "¡Andate a la puta que te parió!".

Mimarido al principio se sobresaltaba y me preguntaba con quién estaba hablando, pero con el tiempo se fue acostumbrado a que me insulte con los contestadores. Pero ayer a la tarde se cansó. Cuando me escuchó gritar ¡Andate a la puta que te parió, pelotudo! por enésima vez, se acercó, y con esa cara de pena que le ponen los médicos a los pacientes que están muy mal, me explicó que era una grabación, que no tenía sentido ponerme así, sobre todo porque nadie me escuchaba. 

—En todo caso buscá la oficina de Vokswagen, llamalos y deciles que te saquen de su mailing. —¿Para qué?- le dije, sobresaltada. —¡Porque estás insultándote con una máquina! —¡Aaaaaaah! ¿Eso? No, nada que ver. Ese era el administrador.

Hace diez días tuve que ir a hacerme un análisis de sangre bien temprano. A sabiendas de que a las 8:30 de la mañana siempre estoy de malhumor,  procuré buscar un taxi nuevo y sin adornos raros (remeras en los asientos, perritos que mueven la cabeza, dados de peluche) que me llevara a destino libre de sobresaltos y conversaciones desagradables.

Tardé como quince minutos, pero la espera valió la pena. El auto era nuevo, el olor a limpio rozaba la germofobia, y además el chofer ofrecía los diarios y revistas de la semana y tenía los ceniceros llenos de caramelos. Me subí, dejé la cartera sobre el asiento y le dije el nombre del hospital. Ni hizo falta darle la dirección. Sabía perfectamente a donde era porque según él, ahí se atendía toda su familia.

Taxista:
Tengo la obra social del hospital por el trabajo de mi mujer.

Genial. Empezamos bien. No me pregunto “¿Pueyrredón y qué?” ni me preguntó si iba a la fábrica de Felfort, ni me dijo que había un incendio justo sobre esa avenida. Sólo hizo un comentario y luego se calló.

Taxista:
Si querés agarrá una revista. Son todas de esta semana.

Agarré el diario y hojeé la parte de espectáculos. Me di cuenta que no leía un diario de papel desde hacía por lo menos cuatro o cinco años.

Carolina:
Gracias.

Pero apenas empecé a leer tuve la impresión de que había caído en una trampa. Que ese auto de apariencia silenciosa y confortable, escondía en su fachada servicial la guarida de un charlatán.

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Hace unos seis meses me fui a probar una remera en un local de ropa, pero como me quedaba corta, no la llevé. Cuando se la devolvía, la vendedora me hizo una sugerencia insólita que en ese momento me pareció na broma  "Llevatela y agregale una telita abajo", me dijo, la muy asquerosa.

Hasta ahora siempre había pensado que era un hecho aislado. Pero la semana pasada, entré a un negocio y quise probarme un collar y me pasó algo parecido: ni bien la dueña me lo alcanzó, me avisó que aunque era de aluminio costaba $180 porque era de un diseñador. Pero para mi desconsuelo, me lo probé y quedaba raro. Era como una gargantilla llena de discos que se te atoraban en el mentón. Hubiese sido más lindo si esos mismos discos hubieran caído con gracia en el pecho. Desconsolada, le agradecí y le dije que era una pena que no lo hubieran hecho más largo. Entonces la mujer me hizo la misma sugerencia que la anterior: "Y.... agregale una cadenita o un cordoncito".

Y es a causa de estas dos anécdotas simbólicas que hoy quiero hablarles directamente a todas las vendedoras remendonas, pordioseras, cochinas y desesperadas del mundo. Necesito que lo entiendan de una vez y nos ahorremos todos un mal rato: No voy a pagar ciento ochenta pesos para llevarme un collar para reparar, ni le voy a agregar piolines ,ni arrancar escuditos ni cortar la flor de cuero de un zapato recién comprado. Cuando alguien adquiere algo nuevo, pretende que sea impoluto, perfecto, con olor a cuero, a fábrica, a apresto.

Se los voy a decir una vez porque quiero que estén avisadas: a la próxima  puerca inmoral que me recomiende "rasparle algo" a una cartera, "cortarle una tirita" a una remera o "usarlo con otra cosa abajo" la prendo fuego en un probador.

1) Gigoló

De: Fabricio Balcani
Fecha: 1 de diciembre de 2008 10:56 AM
Asunto: hola
Para: bestiaria@gmail.com

hola estoy buscando mujeres mayores que queiran empesar una relasion con muchachos jovenes y apuestos, he visto en tu pagina que tu resibes correo de mujeres….. si por favor podrias avisarle, que mi nombre es fabricio balcani y tengo un amigo interesado tambien muchas grasias,desdeya fabricio balcani 21 años

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2) Amigos imaginarios

From: Peter Wilson B.
To: bestiaria@gmail.com
Sent: Thursday, April 02, 2009 7:37 PM
Subject: saludos

Muchas felicidades por ser una gran guionista de películas te cuento que yo fui parte de una filmacion un corto metraje sobre un secuestro de la vida real pero no lo difundieron mi nombre es Peter B. soy boliviano de Cochabamba abogado pero me encanta el arte y en especial ser actor el cine espero me des respuesta y seamos amigos chau si gustas te lo puedo enviar ese corto metraje

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3) Gente que busca gente

—– Original Message —–
From: silvia
To: bestiaria@gmail.com
Sent: Tuesday, May 05, 2008 1:39 AM
Subject: ¿primas?

hola carolina, por hay mi mail te parece algo loco…. yo se que es inesperado…. pero me parece que somos primas por parte de madre, por casualidad tu abuela no se llama de apellido Romagnoli? sos la hija de netita? perdon que te peegunte asi pero te juro que cuando vi tu foto en el blog estaba muy muy segura de que eras….. me acorde de cuando jugabamos con mi prima al jardin de einfantes en la quinta, y me parecio no me preguntes por que que eras vos….. sos? sos vos? te dejo mi celular por si lo sos je 156-xxx-xxx. ojala lo seas!!!!!

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Como todos los lectores de La peleadora saben, tengo un segundo blog llamado Bestiaria. En el primero mis lectores me dicen Peleadora o Pelia; en el segundo me dicen Bestiaria, Besti o Carolina. Lo que muchos no saben (aunque algunos sospechen y otros aseguren) es que el año pasado tuve un tercer blog y desde entonces tengo también un tercer apodo. El blog se llama Ciega a citas, y ahí, mis lectores todavía me dicen Lucía, Lulú o LG.

 Ciega a citas cuenta la historia de Lucía G, una periodista soltera de 30 años que un día descubre que su madre apostó que iría sola, gorda y vestida de negro al casamiento de la hermana menor de la familia y decide hacer cualquier cosa (literalmente, cualquier cosa: volver con viejos amantes, citas a ciegas, búsqueda de pareja por internet) para no ir sola a la fiesta de casamiento.

 Durante nueve meses (desde noviembre del 2007 a junio del 2008) escribí en primera persona la vida de LG. Todos los días, por la tarde o por la noche, conté un capítulo de su historia, a modo de folletín, como si fuese la telenovela de las cinco de la tarde: a veces una cita patética, o el episodio de alguna relación fallida, una reunión del dietaclub, un domingo en pijama mirando tv berreta, una reunión con amigas casadas que hablan de pañales, un encuentro horrible con un candidato que conoció en internet o alguna reflexión irónica sobre su agobiante soltería.

 Escribir en vivo esta novela fragmentada en 250 capítulos fue lo más alucinante que me pasó en la vida. Es muy difícil escribir durante tanto tiempo metida en un personaje y lograr que los lectores no pierdan tensión ni interés y se muerdan las uñas por saber que sigue al día siguiente. Durante ese tiempo tuve que interpretar a Lucía en los comentarios, armar una estructura dinámica y coherente, transmitir todas las emociones y detalles de la historia en una sola anécdota diaria y por sobre todas las cosas, equivocarme lo menos posible, porque en los blogs en vivo no se puede borrar ni volver atrás, la goma no existe.

 Ciega a citas fue, por ahora, el desafío más difícil que tuve. Escribí el 24 de diciembre a la noche, cuando estuve enferma, en un viaje de vacaciones o después de trabajar 15 horas en otro proyecto, y si bien fue un proyecto enorme y delirante, nada me hizo más feliz que ser LG durante esos meses de mi vida.

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Si agarro a la hija de puta que llegó a mi blog buscando "utilisima manualidades babero de goma eva" y "reseta huebos reyenos" no le queda un pelo. Y los que llegaron buscando "oviuan quenobi", "muñeco de peluche hijo boludo"  y "como se llama la cancion parapapa papapa" no sonrían, que ustedes vienen después.

El martes pasado, ni bien me enteré que para hacer unos trámites en el exterior necesitaba renovar mi pasaporte, me fui a la comisaría a hacer la denuncia de extravío. Apenas entré, un policía me preguntó qué necesitaba y en donde vivía. Lo típico. Cada vez que uno va a la comisaría, los policías preguntan en donde vivís y recorren un mapita con los dedos con la burocrática esperanza de que tu caso le toque a otra delegación.

POLICIA
¿De qué lado de la calle?

CAROLINA
Del lado que sea el de esta comisaría

 POLICIA
(Señalando unos bancos)
Bueno, esperá ahí  que ya te atendemos.

Cuando vi la cantidad de gente que había antes que yo (un chico joven y una señora de cuarenta años con una anciana que, presumo, sería su madre) me puse contenta. Como mucho, iba a estar media hora ahí adentro.

Sin embargo, dos coca colas más tarde y cuarenta minutos después yo todavía seguía esperando que me atendieran. El chico había terminado en quince minutos pero la señora hablaba tanto, lloraba tanto y gesticulaba tanto que el policía apenas había logrado avanzar con la denuncia.

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Desde que tengo un blog, no hay semana en la que no que venga un lector a avisar que desde ahora en adelante, por el motivo que fuere, me va a dejar de leer. Como si estuvieramos en una oficina, o como si fuésemos el elenco de un teatro de revistas, este lector se organiza una despedida sin invitados ni anfitrión en los comments.

“Para ser franco,durante un tiempo,el blog me parecio divertido…Despues trate de interpretar a la fauna que lo visita,los que se buscan el primer comentario (…) y he decidido sacar a este blog de la carpeta de “favoritos” dijo Pablo, un lector anónimo, en el día de ayer.

En general, el resto de los lectores se burla por la ocurrencia, pero a mí el fenómeno me impresiona un poco. Una persona que nadie sabe que está  del otro lado del monitor me amenaza con irse, convencida de que me voy  a angustiar porque ya no va a clickear en mi link. Es como si un empleado mandara una carta de renuncia a una empresa que nunca lo contrató, como si un tipo que no conocés te sentara en un bar para plantearte que quiere ver a otras mujeres…

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Atte. Sres. Chalchaleros.

El motivo de esta carta es para avisarles que desde que cumplí 17 ya no soy más fan de ustedes. Ahora me gusta Soledad.

Saludos,
María Cristina Lorenzetti
DNI 22.348.494

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A quien corresponda:

Buenas tardes, soy Amelia de Villa Luro y quería decirles que luego de muchos años usando Fastix, compré el sellador genérico de Carrefour. Lo siento mucho, me pareció que lo correcto era decirlo de frente y no que lo escucharan en ferreterías de por ahí.

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¡Hola, Ante Garmaz!

Quería avisarte que durante cuatro semanas vi tu programa pero que desde este martes voy a mirar Magazine en canal 26. Saludos, Lorena de Tapiales.

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Sres Havanna,
De nuestra mayor consideración:

Desde el día de la fecha nuestra familia ha dejado de consumir sus alfajores.

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Si ni te conocemos, Pablo ¿De quién te despedís?

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1. Saludar con un beso a las cincuenta personas que llegaron antes a la fiesta.
Si agarro al anormal que extendió a los desconocidos el ritual de saludar con un beso, le parto una columna de hormigón en el lomo. Estoy harta de entrar a una reunión y que cincuenta personas te miren la trompa para darme un beso. Es una locura. Ya la acción de saludar es bastante arcaica, para que encima la practiquemos con gente que jamás vimos en la vida. A nadie le interesa besar a sus compañeros de oficina o la suegra de un amigo. ¿Por qué no buscan novios o amigos por internet y se sacuden la necesidad de afecto de esa manera?

2. Cantar el feliz cumpleaños en bares o restaurantes
¡Levanten la mano el que quiera matar a los estúpidos que cantan el “Feliz cumpleaños” en cualquier lugar! ¡Yooooooooo! Estoy harta de estar tomando un café tranquila en un bar y de repente sentir un estruendo e barrabrava alcoholizado que golpea la mesa y grita incoherencias en la mesa de atrás. Tu amigo no es mi amigo, no tengo por qué padecer su cumpleaños.

3. Comer torta en servilleta
No sé cómo se les ocurre que servir torta encima de un pedazo de papel es un comportamiento aceptable para un ser humano, pero quiero aprovechar este espacio para decir que no. Piénsenlo bien. Ni siquiera se usan cubiertos. Uno agacha la cabeza a la servilleta y come directamente con la boca, como si fuese un perro. ¿Qué va a venir después? ¿Vamos a tomar vino de un abrevadero y a comer morcilla con la mano? ¿Nos van a tirar maíz en el piso para cenar? Festejar es un lujo, no una obligación. Si no querés hacer nada, no invites gente a tu casa. Yo tampoco quería ir a tu cumpleaños y ahí estoy, comiendo con las manos, como un animal de granja para que vos no tengas que lavar los platos.

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