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Los manuales y yo

Entre otras cosas, el mundo se divide entre la gente que lee las instrucciones antes de usar las cosas y la que usa las cosas directamente.

Yo no puedo decir si soy de los primeros o de los segundos, pero mi vida siempre estuvo atravesada por los manuales de uso. Desde los cinco a los doce años, todos los fines de semana, mi papá quería ver una película en el living o armar una mesita que había comprado en Easy Homecenter y me obligaba a ocupar uno de los dos siguientes roles: buscarle el manual de la VCR en todos los cajones de la casa, o sostenerle las instrucciones de la mesita mientras él maldecía y revoleaba fijaciones que nunca encajaban del todo bien.

Por esa época empecé a notar que en todos los manuales pasaba lo mismo: los dibujos jamás coincidían con la pieza real. La arandela “A”, para dar un ejemplo, que siempre lucía tan grandota y llena de muescas en el manual, en la realidad siempre era lisa. El tramo de tubo B era igual al C y al D y por varias horas los usabas al revés sin darte cuenta. Los tornillos que aparecían dibujados en el lado izquierdo de un ventilador en la realidad eran una palanca, y las piezas F, B2, B4 y C16 que a simple vista parecían imprescindibles, nunca aparecían en los gráficos. Si bien las cajas dicen que traen todo lo necesario para armar el producto,  cuando las abrís (un domingo a las ocho de la noche) te das cuenta que necesitás dos llaves Allen y una pico de loro y tenés que esperar hasta el lunes a la mañana, cuando abre la ferretería. Además, siempre sobran dos pitutos y una tuerca que nadie sabe en dónde va, el pie queda flojo, un cable es demasiado corto, y la pantalla no parpadea antes de apretar MODE como explica en el manual.

Por todo eso, desde los quince a los veintidós años, en plena rebeldía adolescente, decidí ahorrarme esa malasangre de viejo arcaico, y me peleé a muerte con todos manuales de uso. Pero a muerte. Desde ese día, armé y usé todos los aretefactos, muebles y programas que cayeron en mis manos sin mirar las instrucciones ni la sección de ayuda aunque no tuviera idea por dónde empezar.

Me compre un celular, lo enchufé, y lo empecé a usar directamente, aprendí a manejar el Corel Draw tocando cualquier cosa, y armé una cama de hierro antigua con un cuchillo tramontina e inspiración. Jamás me enteré qué funciones tenía el celular, ni supe que podía abrir toda clase de archivos con el Corel, ni pude evitar que todas las noches la cama hiciera un ruido espantoso. Los tomaba como gajes del oficio o defectos inevitables de fabricación que ni el manual ni yo podíamos subsanar con más tuercas.

En esa época no sólo odiaba los manuales. Además estaba convencida de que la gente que leía esos manuales de uso era la misma que verificaba dos veces que el gas estuviera apagado antes de irse de su casa, o la que miraba el pronóstico del tiempo para elegir la ropa antes de irse a la oficina. Y por supuesto, me parecían unos imbéciles extraordinarios, y me encantaba estar en el bando opuesto, en los que jamás aceptaban la ayuda que ofrecía ese ganchito con ojos estúpido que aparecía en el Microsoft Word.

Pero alrededor de los veinticinco años, en el final de una madrugada imposible, después de seis horas intentando que mi impresora terminara un póster, descubrí que los manuales eran un oasis de recursos. A las siete de la mañana, doblada de cansancio, mientras leía el manual de la impresora, me enteré que el mismo software dividía el dibujo en ocho recuadros perfectos para unir las hojas después. Que siempre había sido así de obvio pero que la gente como yo, unos  cabezaduras con complejo de sabelotodo, no habíamos leído el manual y lo ignorábamos por completo.

Desde ese momento me hice fanática de los manuales y empecé a pensar que los prepotentes que obviaban las instrucciones eran los mismos estúpidos que se colaban en las filas del supermercado o cambiaban la prescripción del médico y luego iban a terminaban en la guardia del hospital vomitando sangre. Y me alegró estar en el bando de los precavidos y obedientes de nuevo. Me sentí en paz; protegida por todas las fábricas que me decían qué hacer con mi licuadora desde un cuadernillo en varios idiomas.

Sin embargo, con los años y la previsible sofisticación y tecnologización de electrodomésticos, computadoras, muebles y otros aparatos, los manuales cada vez se volvieron más gruesos y complejos, y yo empecé a envejecer y a volverme vaga e impaciente. Hace quince años el manual de la VCR traía un gráfico parecido a este:

antena.jpg

Pero hoy en día se han agregado demasiados cables para mi concentración de mosquito. Prefiero ver películas, leer, incluso dormir la siesta antes de pasar una tarde mirando cosas como ésta:

hd_connect_diagram_image004.gif

Y entonces no tuve más remedio que hacer lo que hace toda la gente vaga cuando quiere conectar un aparato: me casé con alguien que adora leer las instrucciones para entender hasta la última función del televisor. Por fin pude dejar de leer manuales y volver a mi postura inicial de lazarillo, que después de todo no era tan mala. Ahora, casi veinte años más tarde, mientras mimarido sufre todo el domingo tratando de conectar el televisor directamente a la notebook, yo me limito a tomar café con espuma, pedirle que se serene, y sostenerle los cables.

2,584 respuestas para “Los manuales y yo”

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  1. 2584
    gala dice:

    Acabo de comentar el último post de tu brother, el bobero, y juro q x un momento había temido lo peor (esto es: q sus ideas formaran parte de una suerte de acervo ideológico familiar q fuera común a ambos). Sin embargo, inmediatamente dps de publicar mi opinión pude ver q en el interín vos tbn habías acotado lo tuyo y, lejos de defraudarme, habías reivindicado el concepto q tenía de tu persona -aunq, de acuerdo c/este último, lo + probable es q ello tbn te importe un pito je je je!
    Anyway, bien allí Carolain!!!

    P/d: Excusez-moi, es re "off-topic" comentar esto acá pero no se me ocurría dónde mais hacerlo… Slds ;)

  2. 2583
    MENDIETA dice:

    PELEADORA, SOSPECHO QUE SE TE QUEMÓ LA IDEA. ES MÁS, SE VE SÓLO EL HUMITO, YA QUE SE QUEMÓ HACE RATO. Y ESTO QUE CONTÁS, IMPLICA QUE ESCUPIR MUCHO PARA ARRIBA TIENE SUS EFECTOS…….

  3. 2582
    BF dice:

    O sea que siempre te la pasaste diciendo que los demás eran unos idiotas e imbéciles porque hacían las cosas distinto a vos… (cuando leías los que no leían eran inútiles, y cuando no leías los que leían eran responsables boludos). Ahora que ves ambos lados, siempre estuviste del lado correcto? O siempre fuiste una idiota e imbécil?

  4. 2581
    Alex V dice:

    Diablos, pero no leer el manual es como conducir sin leer el reglamento de transito. Evidentemente cuando lo lees es muy dificil ser pasajero. Obvio verdad, pero ¿alguien dice yo lo lei? Mejor aun,  alguien dice ¿evite la multa por leerlo?

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