Invitados ajenos
Yo no vivía en un edificio desde hacía más de cuatro años, y la última vez que lo había hecho, había sido en dos torres enormes bastante feas con vigilancia y cuatro porteros. Por eso, la primera vez que me enfrenté a este fenómeno, recién fue hace seis meses, cuando me mudé al departamento que ocupo hoy.
Desde el primer día, cada vez que bajo a hacer algo, hay un estúpido esperando que le vengan a abrir la puerta. Y cada vez que abro la puerta para salir, el estúpido quiere aprovechar para subir directamente, sin que nadie baje a buscarlo.
Más allá de que me parece un acto descortés y rudo entrar a cualquier lado sin que nadie te haya invitado a pasar, lo que me vuelve loca de estos idiotas es que me ponen a mí, —que no los conozco, que no los invité, que no les bajé a abrir— en la terrible posición de preguntarles a donde vienen o de pararlos para decirles que no pueden subir hasta que alguien que lo conozca baje a abrirles. Sin querer, estos inadaptados me ponen en el rol de portera, de policía, de patovica.
Yo sé que para quien está del otro lado de la puerta, mi actitud es un gesto agreta y de vieja rompebolas, y por eso normalmente los dejo pasar y me voy puteando de lo lindo, redactando cartas mentales para enviarle a la administración o jurándome que la próxima vez me voy a apurar y les voy a cerrar la puerta en la cara.
Eso, hasta hoy. Hoy decidí que era la última vez que uno de estos anónimos escurridizos se me colaba por la puerta. Yo seré hinchapelotas, agreta y mala onda. Pero si mañana violan a una chica del edificio, desvalijan un departamento o se roban algo de la baulera, al menos no habrá sido por mi desidia, sino por la haraganería ajena.
Apenas bajé me la vi, ansiosa y horrible, esperando al doctor del séptimo con su bolsa de zapatos San Crispino y su cartera inmunda de parches de cuero. La odié por anticipado porque sabía que iba a querer pasar y yo la iba a tener que parar y explicarle, no sin mi cara de asco habitual, que no podía pasar como si esta fuese su casa, que alguien que sí viviera en el edificio tenía que abrirle la puerta.
Abrí y como había anticipado, la vieja idiota hizo un ademán de toro con la cabeza para entrar derechito. Sin anestesia, la paré en seco.
—¿En dónde vive usted?
—Ah no, yo vengo a ver al dotor del sétimo.
—Bueno, dígale “aldotordelsétimo” que le venga a abrir porque yo a usted no la conozco.
—¡Pero soy paciente de siempre!
—¿Tengo yo pinta de recepcionista?—le dije, mientras levantaba una ojota en el aire.
—Yo tengo que pasar porque ya estoy tarde.
Cerré la puerta del otro lado y empecé a bajar los escalones cuando la vieja me increpó.
—¡Vos no podés decidir quién sube y quién no! ¡Yo vengo siempre al dotor del sétimo y ya me conocen! ¡Me estoy haciendo la dentadura!—exclamo mientras se estiraba la comisura del labio para mostrarme, como clave secreta o prueba de ingreso, que le faltaba toda una fila de dientes.
—¡No me interesa! ¡Llame al “dotordelsétimo” y dígale que se apure!
—¡Así está el país, por gente como vos!
Suspiré harta, sabiendo que si no cruzaba, la iba a terminar matando y le respondí.
—¡El país está asi por colados, ventajeros, gente incapaz de tolerar los límites, los reglamentos de convivencia que se caga en el espacio del otro! ¡Y no me hable más que van a pensar que nos conocemos!—le terminé de decir, mientras esperaba que pasaran los autos.
—¡Le voy a avisar al dotor! ¡Ya te tengo bien vista!
—Sí, sí. Avísele que por haberme seguido hablando, la semana que viene, a esa fila de dientes le va a tener que sumar la segunda!
Y crucé.
- Publicado por La peleadora a las 08:36 pm
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February 7th, 2009 a las 10:29 pm
no te parece que tu mal humor es exagerado, a veces violento, descortes, y por estupideces terminas agrediendo a la gente, que en realidad nunca busco hacerte ningun tipo de daño.La vieja no es una violadora serial, y probablemente la hayas hecho pasar un muy mal momento.Si encima te dijo que iba al septimo y vos sabias que si, precisamente ahi hay un doctor.sabias que la vieja no te estaba mintiendo.Si dejaste pasar a tantos otros, que de seguro si eran potencialmente peligrosas, por que no vas a dejar pasar a la pobre anciana que le falta media dentadura y se la quiere arreglar.
January 21st, 2009 a las 8:14 pm
Jaja! no que grossa!
January 19th, 2009 a las 8:28 am
Hace varios años ya que vivo en edificios y estoy harta de este catálogo de irrespetuosos que creen que los demás debemos adaptarnos a sus limitaciones: los que no entienden que les tienen que bajar a abrir (pero si les abrís siempre alguien se queja de esa falta de cuidado) los que escuchan música hasta cualquier hora porque "llegan re tarde del tarde del trabajo", los vecinos de arriba que arman el sofá a las 2 am y te despertás con el golpe seco en el techo…y los viejos, que al igual que los niños parecen estar autorizados para gritar, lloriquear y dejar el ascensor abierto.
Este malhumor compartido ha sido un alivio para mi jajajja
Ya estoy buscando tu libro.