Intervalo
Para prevenir que los taxistas me paseen, desde hace un mes adopté un sistema muy eficaz. Antes de salir de casa, miro el recorrido en un mapa y cuando me subo al taxi no les digo más la dirección, sino el trayecto que quiero hacer: “vamos todo derecho por Santa Fé, doblamos en Plaza San Martín, agarramos Rojas y luego Alem hasta el 700″.
Debieran ver la desesperación que les agarra a estos ladrones insolentes. Sienten que les estoy sacando plata del bolsillo. Se exasperan, se pegan la cabeza contra el vidrio, incluso algunos chocan contra el cordón de la vereda de indignación. Salvo algunos, que intentan, en vano, un último truquito desesperado: inventar un obstáculo que escucharon por la radio en el medio de mi recorrido.
Con cara de muchísima preocupación, los patanes me avisan que la Avenida que elegí está cortada, que hay un incendio o un embotellamiento feroz que no nos va a dejar pasar. Dicen “¿No sabías? Todo cortado, por ahí”. El pasajero normal abre la boca bien grande y le pide al taxista que por favor lo salve de la catástrofe llevándolo por otro camino. Y el taxista cumple, por supuesto.
Pero yo no. A mí me encanta decirles “¿Un incendio? No importa, vamos igual por ahí. Me encantan los incendios”.
Lo hago cada vez que intentan timarme con esa triquiñuela y me da excelente resultado. Nunca, pero nunca, existió el imprevisto que habían anunciado. Jamás. Siempre la avenida está libre como un pasillo y ellos se rascan la cabeza de manera artificial mientras balbucean incoherencias infantiles para justificar la ausencia de bomberos.
- Publicado por La peleadora a las 07:55 pm
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