Hace más o menos dos meses que abrió otra partida de alma cerca de casa: un centro de fotocopiado con una magra librería, que atiende una cincuentona que lucha contra la computadora y ordena las Voligomas en fila india.
Yo jamás piso un centro de copiado, pero en estos meses tuve que escanear varios documentos y, como no tengo escáner en casa, tuve que ir varias veces a pagarle la escandalosa suma de $3 por digitalizar una carilla.
Cada vez que iba, me llamaba la atención el mismo asunto; que no tenían caja registradora, así que la señora, muy legal, hacía todas las facturas a mano, incluso cuando vendía dos o tres fotocopias o un sobre de papel madera. Seguramente pensaron que podían abrir así y comprarla más tarde, cuando el negocio despegara y por fin llovieran billetes.
Ni voy a ponerme a explicar lo nerviosa que me pone que use tres minutos para facturarme cincuenta centavos de fotocopias porque voy a empezar a trenzar esos insultos interminables llenos de adjetivos políticamente incorrectos que tanto le chocan a la clase media. Sepan nada más que tarda mucho más tiempo haciendo la factura a mano que sacando las copias o bajando de un estante el papel carbónico que le compré.
Pero eso no es nada. Lo que me vuelve absolutamente loca es que esos talonarios de facturas que usan, traen unas 100 copias y cuestan por lo menos $25 pesos cada uno. Es decir, que vale $0,25 cada factura.
- Publicado por La peleadora a las 05:16 pm
- 223 Comentarios
- Permalink de esta entrada
- Guardado en: Paseo de compras

