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El morboso

Lo primero que piensa un taxista cuando sube un pasajero es cómo lo puede pasear. Evalúa si es extranjero, si tiene plata, si está distraído con el celular, o si elige un buen camino, y en base a esos datos elabora su estrategia. Todos hacen lo mismo. Hasta los viejitos con cara de buenos. Son los gajes del oficio: todos se hacen unos pesos diarios doblando al pedo, metiéndose intencionalmente en embotellamientos imposibles o pasándose un par de cuadras. En realidad, todos menos uno solo: el morboso.

A diferencia de todos sus colegas, al morboso no le interesa estirar el reloj. Cuando alguien se sube a su taxi, el morboso piensa en una sola cosa: cómo hacer para derivar la charla hacia los temas más oscuros y truculentos.

Crímenes callejeros, violaciones, motochorros, mendigos tullidos que tocan la flauta en una esquina, mujeres que se arrojan a las vías del tren, niños adictos al paco, perros desmembrados, secuestros extorsivos, personajes depravados de la vida nocturna. Cualquier tópico que incluya sangre y delito le dilata las pupilas de excitación.

Al morboso le encanta trabajar de noche o en las peores zonas de Capital Federal para poder preguntarle cochinadas a las prostitutas, mendigarle sexo a las travestis o tratar de manosear a una mocosa borracha y malherida del corazón a la salida de un boliche.

Otra de las felicidades más grandes del morboso es presenciar un choque. Apenas distingue un tumulto, el morboso busca, con sus ojos curiosos de niño ilusionado, los manchones de sangre en el pavimento. Le fascina ver el coche arrugado abollado como un repasador de tela, los heridos con la cara bañada en un pulpo de sangre, las vecinas indiscretas relatando cada detalle escabroso del accidente: cómo se fileteó ambos brazos con el parabrisas, si la cabeza le estalló como sandía madura contra el cordón de la vereda o si el conductor salió corriendo prendido fuego y volcó contra la banquina para luego ser atropellado por un camión a toda velocidad.

El último morboso me tocó hace tres semanas, en algún lugar de la Capital que no recuerdo. No fue el más sádico. Me han llegado a contar cómo lincharon a un tachero violador hasta dejarlo en carne viva. Pero sí fue la última vez que me sometí al numerito del depravado en cuestión.

Tachero morboso:
El otro día, acá nomás, eh. En Luzuriaga y Av. del Fondo.
¿Viste en donde está la confitería “Baires”?


(Para el tachero, ubicar al interlocutor que escuchará sus estupideces es muy importante. A pesar de que todos responden que no les importa en dónde quedaba, el tachero insiste. No se calma hasta que no agota al pasajero con ochocientas cincuenta referencias tan inútiles como la anécdota misma)

Tachero morboso:
Acá a la vuelta, donde era el boliche “Tropix”, ¿Conocés?
Uno alto, en donde está el cartel de Samsung.

Carolina:
(Harta, rezando para que se calle esa bocota de jarro)
No, no conozco nada por acá.

Tachero morboso:
¿Pero el cartel de Samsung lo ubicás? Donde antes era
la antigua fábrica de Tomasito.


(En este momento los pasajeros tienden a mentir y decir que sí, que ubican el lugar, solo para que el enfermo se deje de joder. El taxista –en todas sus variantes- no experimenta gozo más grande que la coincidencia espacial. Muchas veces, como premio, ofrecen referencias idiotas como “no te puedo creer que vivís ahí, ahí a dos cuadras, pero dos cuadras exactas eh, tenía el taller un amigo” como si a alguien le pudiese importar esa casualidad)

Tachero morboso:
Bueno, en esa esquina, dos pibes, pero pibes pibes eh, no
tendrían ni quince años. Seguro estaban “falopiados” porque
chupado no se hace eso…

(Al tachero morboso le encanta que haya menores de edad en sus relatos. Se apura a aclarar siempre que eran “pibes” y que no tendrían más de “tantos años”. Además, le gusta decir “falopa” en vez de droga, “fifar” en vez de coger” y “chorro” en vez de ladrón)

Carolina:
(Harta de antemano)
Ajá.

Tachero morboso:
Le arrancaron la cartera a una señora desde una moto, mirá
con qué fuerza lo habrán hecho, con qué fuerza, que le
discolocaron el hombro de lugar” y le arrancaron las uñas.

(El tachero morboso es también muy propenso a utilizar palabras que no sabe pronunciar y deleitar a sus pasajeros con su exuberante brutera)

Carolina:

Tachero morboso:
Vos no sabés, horrible (haciendo la mímica de cerrar los ojos del asco)
la mina lloraba, en el piso, tenía las manos llenas de sangre y
le temblaba el hombro, viste, porque se la sacaron tac, tac, justo.


(En esta parte siempre hace su numerito central, la mímica del siniestro. Cada coche es una palma de la mano y el volante es el piso. Intenta emplear toda la ferocidad posible y no se priva de exagerar con tal de impresionar al pasajero que, obligado, escucha su crónica mórbida a punto de vomitar)

 

Tachero morboso:
Entonces paré el coche… Me bajo, y lleno de gente, la mina en el piso gritando,
con los dedos en carne viva (hace la cara de asco de nuevo) y
viene un policía y la mina lo reputea pero no paraba de sangrar, viste…

Carolina:
¿Pero no entiendo, para qué paraste?

Tachero morboso:
Y… para ver si necesitaba algo, qué se yo. Yo cuando puedo ayudar, ayudo.

Carolina:
Pero si me acabás de decir que estaba lleno de gente,
incluso estaba la policía. ¿Para qué paraste vos?

Tachero morboso:
Y porque un taxi siempre tiene que haber…

Carolina:
¿Para qué?

Tachero morboso:
Para ir a algún lado, llevar a la mina al hospital. La tenés
que llevar en auto, la mina no podía moverse.

Carolina:
Pero estaban a media cuadra de una avenida.
¿Vos crees que lo que necesitaban era OTRO auto?

Tachero morboso:
Claro, viste, pero en ese momento no lo pensás. Te ponés
nervioso, querés ayudar. Además siempre es necesario “que haiga”
un taxi, una ambulancia y un patrullero. El que está en la calle sabe.
Te puede faltar la ambulancia, pero el taxi, el taxi no.

Carolina:
Me imagino.

Tachero morboso:
Entonces la mina se retorcía, gritaba, llena de sangre,
le faltaban dos uñas, el dedo en carne viva…

Carolina:
Bueno, basta.

Tachero morboso:
Y el policía le dice: va a tener que acompañarnos a la comisaría a…

Carolina:
Basta, no quiero escuchar más. Dejame en la esquina por favor.
Mientras frena, el tachero me mira, desorientado.

Tachero morboso:
Pero aca no es Juramento, eh.

Carolina:
Sí, pero antes de seguir escuchando esto prefiero tirarme
debajo de un colectivo.

El tachero, entonces, me mira desencajado y mudo. Y nos quedamos un par de segundos así, en silencio, hasta que yo encuentro mi billetera, le pago y atino a bajarme. Pero aún ahí, tres minutos después, todavía me mira con el mismo desconcierto.

Carolina:
¿Qué? ¡No me digas que también querés mirar como me tiro!

785 respuestas para “El morboso”

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  1. 785
    micaela dice:

    jajajajajajajajajajajajajajajajjajajajajaajajajajajajajajajjajajajajajjajajajajajajajajajajajjajajajajajjajajajajajjajajajjajajajajajajajajajajjajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjajajajjajajjajajajajajjajajajajajajjjajajajajajajajajajajjajjajajajajajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajajjajajajajjajajaj h gasuyftasvd zhag yg sd uigutasytd asdgyuasg d8agsydas gdasgduya9d satsay7yduasydtya tdas gday yxa iy zyasd xasuy d uaysiuy asuyd uisa ydhjhxjz1 jcghsdyfuis dyxug hiuys yyfb syuysuysibdyutubs sugty dytgydthvjckshmzfgidb gtyx yd hfbyhusbg bghfyhjidijns s d

  2. 784
    Margui dice:

    " El Vengador Anónimo ", sos cualquiera, o es que vos tambien te ponias a contar anecdotas morbosas?

  3. 783
    tachero de capital dice:

    me parece q el problema lo tenes vos con nosotros, intenta con el subte o bondi, pero no nos saques el cuero al pedo, el negocio nuestro es dejar cuanto antes al pasajero, yo prefiero 10 viajes de 9 pesos y no uno como el tuyo del centro a belgrano con trafico, que lo primero q dicen las ganzas como vos cuando le preguntas por donde quieren ir dicen usted sabe como si tubieramos las pelotas de cristal, estas muy errada, que hay garcas hay, pero en su gran mayoria estamos trabajando, toman con radio taxi y cuando tenes la radio prendida te dicen q les molesta, no hay nada q les venga bien, yo si vos me tomas con tu mala onda te bajo antes de que me digas q te deje en la prox esquina, yo se que el vivo no es el q maneja el taxi sino el q lo toma, pero no nos saques el cuero al pedo q la malco sos vos ehh.

  4. 782
    newemdqq dice:

    newemdqq

    newemdqq

  5. 781
    El Vengador Anónimo dice:

    Vos no sos más que una pelotuda que te subís al taxi para levantar tú auto-estima y sentir que tus tetas no están tan caídas como te las ves cada mañana en el espejo. Yo durante 10 años tuve que manejar un taxi y lo último que me preocupaba era pensar en el "paquete" que llevaba atrás. En lo único en que pensaba era en dejarlo lo antes posible en su destino y ponerme a buscar el siguiente "paquete", porque para tú información, para los taxistas ustedes los pasajeros no son más que un paquete. Un conjunto de pelotudos que se suben al taxi y en la primera de cámbio se mandan la parte de lo que no son. Encima de tener que, durante 14 horas, cuidar el auto, juntar la plata para el alquiler, juntar la plata que te vas a llevar a tú casa, lidiar con el tráfico, lidirar con los colectivos, cuidar de que otro taxi no te robe el pasajero que por derecho te corresponde, cuidar de que no te afanen, no te choquen, no te tejen mugres diversas en la parte de atrás, sin contar con los problemas personales que uno tiene, etc,etc,etc, los taxistas tienen tiempo de pensar en boludas como vos?. NOOOOOOOO corazón. Tuviste mala suerte y te toco un nabo y nada más. Ahora bien; si esto te pasa seguido y en diferentes taxis………el problema lo tenés vos. No te parece?

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