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El experto

Como buena ermitaña moderna, yo detesto las reuniones sociales. Odio cambiarme para salir, odio el ruido de la calle, odio regresar a casa de noche, e incluso odio tener que inventar excusas cuando quiero faltar sin que nadie se enoje. Desde que existe la entrega a domicilio e internet, cada vez salgo menos de casa. Si alguna vez lo hago es para ir a los mismos lugares de siempre o para emprender una tarea absolutamente imposible de ejecutar en el living de mi casa.

Sin embargo, de vez en cuando, un factor externo me obliga a salir. Nunca falta el retrasado que me invita a su cumpleaños, a una cena de parejas o a la fiesta de fin de año y me quita las ganas de vivir.

De más está decir que ni siquiera me importa quien organiza la reunión. Me da igual si es un amigo a quien adoro incondicionalmente. Cualquier ocasión que agrupe gente elegida con el corazón y no con la cabeza es, para mí, una pesadilla. Después de todo ¿De qué pueden hablar el cabezón del quiosco, un ex compañero del jardín, dos conocidos de la oficina, la novia idiota de un primo lejano y cuatro amigos de toda la vida? ¿Qué anécdotas, qué intereses, qué personas tiene en común esa ensalada de gente?

Pero, aunque a primera vista parezca lo contrario, la heterogeneidad de invitados no es lo que más me molesta de las reuniones. Me molesta, sí, pero no por la diversidad en sí misma, sino porque es el principio de otro fenómeno que detesto. Así como cada reunión tiene una mujer que descalifica a su marido, un desubicado que se come cuatrocientos triples y mea la tabla del baño, y una pareja con hijos maleducados, también tiene un experto. Y cada vez que un experto se asoma a una fiesta, la noche se me vuelve oscura y profunda como un agujero negro.
El experto es un charlatán pesado y aburrido, de edad madura y desesperada, que quiere zambullirse en las conversaciones adultas a cualquier precio. Sin embargo, como no es profesional, ni desarrolló una carrera interesante, ni se consagró al estudio de ningún tema, su opinión es siempre la de un amateur entusiasta y nadie lo toma en serio.

En consecuencia, sediento de protagonismo, el experto usurpa un tema al azar y, sin mayor mérito que el de la apropiación forzada, se autoproclama unilateralmente un gurú absoluto de la materia. De un día para el otro viaja, tiene una epifanía, se suma a un coro, o adopta un hobbie y es el que más sabe sobre comida árabe, sobre Francia, sobre ópera, sobre televisión abierta o sobre colección de marquillas de cigarrillos. Cualquier temática le queda bien mientras pueda clavarle la banderita encima.

En general, el experto siempre tiene el mismo modus operandi. Va a las reuniones con las orejas desplegadas como una antena de Direct TV esperando que alguien saque su tema del bolillero para hacer su tedioso numerito. Es previsible hasta el suicidio y le encanta dar versiones diferentes a las que todo el mundo tiene, incluso cuando son apreciaciones deformes y mediocres de ignorante de clase media que entiende el mundo a través del portal de diario Clarín.

Es muy famoso, por ejemplo, el tarado mental que viajó y volvió como experto de un país específico. El más conocido es el que vivió algunos meses hacinado en un monoambiente de Miami y desde ese momento es un sociólogo, politólogo, geógrafo y economista experto de Estados unidos. Es muy normal escucharlo hablar de cómo es todo del otro lado del océano, de cómo vive su hijo afuera, de cómo es el gobierno, de lo seca que es la gente, de lo aguado del café, de lo fuerte que es la moneda, de lo mala que es la educación y otros dos millones de clichés, mientras su esposa asiente desde la otra punta del sillón.

Un especímen de idiotez supina muy similar al anterior es el que tiene un pire con otra cultura (en general europea), y aunque se llama Luis Fernández, estudia italiano, firma como Luigi, ve la RAI, reza en latín, es fanático de Sergio Leone y te invita a comer a su casa para mostrarte diapositivas de él y su señora pasados de ravioles en Roma, mientras interviene cada vez que alguien dice una palabra de origen latino o cuenta que un primo, del tío, del vecino está viajando por Europa.

Tanito falso:
¡Me hubieras avisado! Acá con Mabel tenemos la guía, tenemos
familia allá…. Se hubieran venido una tarde que les explicábamos todo.
Porque fijate que la gente no sabe que cuando vas a Italia…

Otro experto muy pesado es el pariente, una sanguijuela patética que cree que haber salido de vientres vecinos lo habilita para opinar sobre cualquier tema. Es el tío de un jugador de rugby profesional, el hermano del kinesiólogo de Boca Juniors, el secretario personal de un diputado o el primo segundo de Sandro, y amparado por ese parentesco azaroso se dedica a hablar de la farándula, la música y el deporte como si fuese el manager de todo el elenco de Canal 13.

Pero sin dudas, el peor de todos es un emprendedor de cuarta que cambió de carrera o montó un negocito y desde ese día se convirtió en una autoridad sobre economía, impuestos, e-bussiness, juicios laborales y todo lo relacionado con su gremio. Sin ir más lejos, el que yo tengo en las reuniones es de este tipo: un idiota que puso un emprendimiento de catering de pizza berreta para cumpleaños, al que mimarido y yo llamamos por el mismo nombre que tiene su negocio:“pizzaparty”.

Cada vez que entro a una fiesta y veo a pizzaparty sentado en un sillón con su mujer, fantaseo con tomar veneno. Ya lo conozco. Está esperando cualquier ocasión para tirarse encima de la charla y contar su experiencia como empresario amateur y hablar del precio de la harina, de la verdadera pizza a la piedra, los negocios truculentos de la muzzarella adulterada, los dramas entre empleados gastronómicos y el precio del orégano en otros países. Si tiene suerte, algún invitado caerá en su trampa, le preguntará a qué se dedica y el podrá decir pizzaparty cada cuatro palabras, como le gusta: “Porque por ejemplo nosotros, en Pizzaparty”, “Yo te digo, que estoy en el tema, en Pizzaparty…”, “Mirá, nosotros que nos dedicamos a eso, nunca pensamos…”.

A menudo, lo único que me ocupa en toda la noche es cómo eludir ese tema para dejarlo con su aburridísima e ignorante cantinela en la boca. Disfruto como loca cuando me adelanto como una voleibolista profesional para bloquear su golpe certero y profundo desde el fondo de la cancha o cambiando de tema estratégicamente para dejarlo con todas sus opiniones adentro. Es más: podría asegurar que mi única misión en todas las reuniones es neutralizarlo. Y si además puedo lograr que la pase mal y se quede callado, anoto un doble.

No tengo motivos, pero estoy segura de que cada vez que habla de su cochino proyecto, se cree que lo está entrevistando revista Gente para salir en la tapa bajo el título “El rey de la pizza” con un pedazo de fainá pegado en la frente. Y es tal el odio que me genera esta imagen, que la última vez que lo vimos, ya no me pude conformar con dejarlo sin hablar. Esa noche decidí quemar las naves para siempre.

Pizzaparty:
Es que la receta de pizza pizza no lleva nada más que tomate, oliva y muzzarella.
Lo demás es un invento…. Nosotros lo hacemos porque…

Carolina:
Claro, vos sabés porque tenés pizzaparty

Pizzaparty:
Sí, nos especializamos más que nada en pizza a la piedra…
Nosotros tratamos de ir viendo las cosas nuevas e ir armando
nuevos gustos, aunque nada como una buena muzzarella.
Yo, cuando armé pizzaparty…

Carolina
Claro, yo me acuerdo de pizzaparty. Si habré escuchado la palabra
pizzaparty para hablar de pizzaparty. Sé muy bien como empezaste
con pizzaparty, con la idea de pizzaparty, con el modelo de negocios de
pizzaparty, los primeros pasos de pizzaparty. Hasta conozco las anécdotas
de la primera fiesta en la que hicieron de Pizzaparty. ¿Quérés escucharlas?

Pizzaparty:
No.

Carolina:
Bueno, nosotros tampoco.

1,180 respuestas para “El experto”

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  1. 1180
    Javi dice:

    “Nunca falta el retrasado que me invita a su cumpleaños, a una cena de parejas o a la fiesta de fin de año y me quita las ganas de vivir.”
    Excelente!

  2. 1179
    JORGE dice:

    Después de vivir todas las experiencias que describe aquí la peleadora, descubrí la mejor receta: a los veinte minutos que llego a una "fiesta" y veo que el ambiente es imbancable… ¡me voy sin saludar a nadie! Y chau! Con el tiempo, nadie te invita más.

  3. 1178
    anitaaa dice:

    caroliina
    nose si vas a leer este mensaje
    pero me haces acrodar MUCHISIMO
    al personaje principal de la pelicula un novio para mi mujer.
    sos igual
    beso

  4. 1177
    lalocaa dice:

    yo conozco a uno que se las sabe a todas realmente es inbancable,encima lo conozco hace mucho tiepo entonces este habla segun su etapa de la vida.Hace un tiempo lo vi de nuevo en esas reuniones y era un experto en cesareas tetas panales etc…ya que habia sido padre.fue un flash al pasado…….algunas cosas no cambian…

  5. 1176
    Ernesto dice:

    Carolina, me fascina ese modo que tienes de ver la vida. Coincido en casi todo contigo.

  6. 1175
    Reena dice:

    Muy bueno el final, sí señora!

  7. 1174
    Candela dice:

    Otro experto muy pesado es el pariente, una sanguijuela patética que cree que haber salido de vientres vecinos lo habilita para opinar sobre cualquier tema

    Genial….

  8. 1173
    mr. flaco dice:

    siii! yo también odio a los "expertos" de mierda, el problema es que aveces parece que soy el único

    Saludos!

  9. 1172
    Néstor dice:

    Sensacional. Hace bastante que te leo y cada día me asombro más. Tengo 64 y sin embargo coincido con vos en tu óptica tan singular. Sólo un problema: si estás chapita, sos piba y podés modificar todo y girar a 180 grados. El problema entonces será mío. Si viví toda mi vida siendo chapita y no me di cuenta o, lo más grosso, que sea la otra parte del mundo la que esté revirada y no nosotros, viste?

  10. 1171
    Nicolás dice:

    1) lo de inventar excusas para salir es un gasto de energía libidinal espantoso! Y lo peor de todoe s que la gente se ofende. Son demasiados sensibles.

    2) Lo del pizzaparty, bueno, es brutal, es genial tu manera de callarlo.

    3) Amo este blog porque me hace sentir que no soy el único sorete histérico que tiene pena y consideración por todos los retardados que se me cruzan durante el día.

    Besos Caro!

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