El boom del harapo 3/3
El viernes fui directamente al local de los harapos y por suerte estaba la dueña.
Le expliqué la situación oscilando entre el llanto y los gritos histéricos, como una loca de esas que vagabundean por la calle hablandole al aire y articulando tics nerviosos para el deleite morboso de los vecinos.
Haciéndome la pobrecita (que también me gusta mucho) le expliqué que yo no estaba acostumbrada a esta clase de telas y por lo tanto no entendía si era normal que se achicaran al ponerse en contacto con agua y jabón, que me hubiera quedado con la remera pero que me daba verguenza circular por ahí con una prenda de calidad tan vulgar, que por favor me devuelva el dinero para poder reponerla en un local que vendan ropa “de gente”.
Previsiblemente se ofendió. Yo añadí argumentos que incluían palabras como “jirón”, “cochinada” y “andrajo” y ella me retrucó con “primera calidad”, “política del negocio” y otros delirios de empresaria que me pusieron más nerviosa todavía.
Diseñadora
Mirá, estas prendas se lavan a mano, yo no puedo responder si vos la metés en un lavarropas, que es algo brusco que deteriora las telas. Yo tengo la atención de cambiartela, pero devolverte el dinero es imposible porque no es nuestra política y porque ya está en la caja. Además, pagaste con tarjeta.
Carolina:
¡De débito! ¿Desde cuando hay que lavar una remera de algodón a mano? ¿Me estás cargando? ¿Querés que lave una remera Hering con shampoo Kerastase y agua mineral?
Diseñadora
(Sonriendo)
No sé, habría que leer la etiqueta de Hering.
Carolina:
No quiero nada de tu negocio. Antes de salir a la calle con uno de estos trapitos prefiero estar muerta.
Y ahí empezó con la cantinela de “tratame con respeto” que dice todo el mundo cuando se le acaban los argumentos.
Yo no entiendo bien el “as de espadas” de “tratame-con-respeto-porque-yo-te-estoy-hablando-bien”. ¡Me estás hablando bien pero me estás cagando! ¿Yo tengo que tratar a un telemarketer con respeto cuando me habla encima o me deja 20 minutos esperando en línea? ¿Tengo que tratar con respeto a una vieja que se coló adelante mío sólo porque nació veinte años antes que yo? ¿Tengo que tratar con respeto a una moza que me ignora hace una hora y media para cotorrear con las amigas? ¿A la dueña del 5 a sec que me destiñó tres remeras y se encoge de hombros cuando le pregunto que pasó?
¡La estupidez de que hay que tratar con respeto a todo el mundo la inventó un cagador para que sus clientes paren de insultarlo! ¡El respeto no es un protocolo universal ni un derecho natural! ¡Es una condecoración, un regalo por haberte comportado de manera honesta con el resto del mundo! ¡Un tratamiento de damas o caballeros, no de rateros y mentirosos!
Finalmente, luego de mucho discutir, para sacarme de encima, la dueña aceptó devolverme el dinero. Fue hasta la caja, miró el interior, me preguntó si tenía cambio de cien pesos y como le dije que sí, me pagó.
Sin embargo, cuando vi el billete me quedé muda. Era una porquería dividida en dos partes, pegada con cinta scotch, que ni siquiera coincidía. Y aunque parecía auténtico, era como un puzzle armado por un epiléptico.
Carolina:
¿Vos me estás cargando?
Diseñadora (Tratando de estirar una parte y remover la cinta):
Es el único que tengo. Me lo dieron a mí, es bueno. Está como mal pegado, pero nada más.
Carolina (estupefacta):
No hay forma de que yo me vaya de acá con ese billete. Olvidate. Cambialo o algo.
Así que la actriz que trabaja de vendedora salió con el billete para cambiarlo mientras yo me reía como loca de un exhibidor con collares que había sobre el mostrador. Pero al rato volvió con el billete deforme, y cara de tarada, diciendo que nadie se lo había querido cambiar.
Carolina:
¡Y obvio! ¡Si es del estanciero!
Diseñadora (con el billete en la mano):
No sé qué hacemos…
Carolina:
(Vencida)
¡Ay por amor de Dior! ¡Yo tengo que irme a trabajar! Estuve toda la semana viniendo a cambiar esto y ahora no tienen plata para devolverme. Me quiero morir. Ustedes me hacen sufrir. (Me siento en una sillita canchera)
Actriz que trabaja de vendedora:
No sé qué decirte ¿Querés pasar otro día?
Carolina:
(A punto de llorar de nervios)
¿Otro más? ¡No! ¡Quiero mi plata e irme a mi casa!
Diseñadora:
¿Y si te elegís algo?
Carolina:
¡Ya miré todo! ¡No me hagas seguir hablando!
Diseñadora:
¿Y unas medias?
Y me señala un montón de zoquetes en una cubeta, zoquetes con calaveras, con manzanitas, con rayitas, con pintitas de vaquita de San antonio.
Carolina:
¿Pero cuánto valen? Me tengo que llevar miles.
Diseñadora:
Ocho…
Carolina:
Aja. Bueno, DAME ONCE.
Diseñadora:
¿Las querés elegir?
Carolina:
¡NO! ¡Me quiero ir!
Ahora tengo puestas unas color verde con bananitas. Hace calor, ya sé. Pero me di cuenta de que si las usás, te sentís menos estafada que si las dejás pudrirse en un cajón.
- Publicado por La peleadora a las 04:57 pm
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July 8th, 2009 a las 8:15 pm
La chica q compro los zapatos los uso 2 cuadras y los quizo devolver, es o se hace la tonta…..todo bien con lo de las medias y la remera q se achico eso si es una injusticia, pero la de los zapatos que le duelen por q debe tener un pie como una empanada, o le duelen por q todo zapato nuevo duele este bien o mal hecho, ese reclamo no va …..