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El banano

Hay un tipo de taxista patético pero inofensivo llamado “el banano”, cuya única obsesión es demostrarle al pasajero que él está manejando un taxi por placer o casualidad, pero que en realidad podría hacer cosas mucho más importantes que yirar adentro de esa cafetera por el microcentro.

A diferencia de “El galán” (de quien hablaré más adelante), que vive para contar cómo las mujeres se le ofrecen en el taxi, el banano tiene una obsesión diferente. Al banano le gusta presumir en tercera persona. El no levanta. El tiene un amigo que levanta. El no es millonario, pero tiene un amigo que sí. El no es famoso. El conoce famosos. A él le ofrecen negocios únicos, oportunidades doradas y sexo salvaje, pero él rechaza estas ofertas porque prefiere estar tranquilo y ahorrarse problemas.

Al banano le gusta jactarse, por ejemplo, de que un primo le consigue algo (champagne, perfumes, repuestos automotrices o celulares) casi gratis, de que lleva y trae a los hijos de algún famoso desde que eran chicos, o de que es amigo del niño cantor de “Grandes Valores del Tango” Ricardito Marín.

No importa por dónde derive la conversación. El banano se las ingenia para introducir a sus pasajeros famosos en la charla, aunque todos estén en silencio o hablando del granizo que cayó el año pasado.

En general arranca contando siempre lo mismo. Que tuvo pasajeros famosos y que con el correr del tiempo, luego de que él demostrara su honestidad, se hicieron amigos. Tan amigos, que hoy en día cuando se van a hacer temporada a Villa Carlos Paz le dicen “Luisito, te dejo mi casa, cuídamela, negro”, que cuando choca lo exhortan para que se lleve la 4 x 4 y la ponga a laburar, o que le ofrecen ser el padrino de los hijos, gerente de un restaurante en la costanera, o manager de un grupo de música tropical.

Es tan vulgar, sin embargo, que en vez de inventar que es íntimo amigo de Isabelle Adjani, se jacta de llevar a las hijas de algún conductor de canal 9 de la década del ochenta, o de ser el mejor amigo de una de las cantantes de “Las primas” o el ex novio de una vedette segundona y arruinada que ahora se dedica a hacer un show erótico en el interior del país.

El último que me tocó, por ejemplo, era íntimo amigo de Nora Cárpena. Es más. Tantas veces dijo “Nora Cárpena” que cuando me bajé, estaba convencida de que Nora Cárpena era en efecto, alguien famoso.

Banano:
Pero a las hijas las conozco desde pibitas, eh, casi soy padrino de una.
Ella me decía: Luis, lléveme a las nenas al colegio y a la vuelta me las trae al teatro…
Así de confianza me tienen, todos. Conozco a todos los artistas…

(Es notorio cómo utiliza siempre la palabra “artista”, “cantautor” o “intérprete” y no actor, director, músico. Acá alguno puede llegar a sacar una billetera con fotos con Silvia Suller o Cacho Castaña. A veces algún mago o conductor de cable.)

Carolina:
Claro.

Banano:
El ruli, Badi, Velazco Ferrero, todos, eh. Somos como una barra. Velazco cuando estaba mal, venía a la parada, nos tomábamos un café y me decía “Luisito qué hago, qué hago”… Y yo que le voy a decir, porque yo tengo muchos amigos famosos, pero la fama es así ¿Viste?

Carolina:
Claro.

Banano:
Te vas haciendo amigo porque los traes, los llevas, les hacés las compras y después sos como de la familia… Con Ricardito nos íbamos a Mar del Plata todos los sábados porque él hacía una cena show, allá, con el grupo “Los marplatenses”, y entre ir y venir, nos hicimos íntimos…

(Acá se prende un cigarrillo, pensativo, como si le estuvieran haciendo un reportaje, y en general, ese es el momento en el que se me van las ganas de seguirle la corriente y me empeño en demostrarle que es un imbécil y que está delirando).

Carolina:
Claro.

Banano:
Si habremos hecho cada cosa. Si te cuento, no me vas a creer.

Carolina:
Seguro que no.

Banano:
Pero no cosa rara, eh. Nada de falopa ni nada.

(No me pregunten por qué, pero casi todos los taxistas se refieren a todas las drogas como “falopa”)

Carolina:
Claro.

Banano:
Es un pibe sano.

Carolina:
Ajá.

Banano:
Cosas de pibes, de solteros… Tu marido me va a entender.

Carolina:
Claro. Claro. Claro. Claro. Claro. Claro.

(Acá, cuando ya estoy a punto de ebullición, mimarido se agarra la cara, me mira enojado, y yo revoleo los ojos, me encojo de hombros y miro por la ventana enojadísima porque no me deja ajusticiarlo)

Banano:
Una vez…

Carolina:
Sí, una vez una millonaria se les desnudó en la calle.

Banano:
¿Cómo?

Mimarido:
No empecés porque me bajo.

Carolina:
Sí, sí, les llovieron billetes de cien dólares desde el hotel Hermitage.
Hicieron saltar la ruleta, Ricardito Marín, Isidoro Cañones y vos…

Mimarido (Coloradísimo):
¡Te juro que me bajo, Carolina!

Carolina (Protestando):
Ajá, ¿Entonces? Una vez…

Banano:
Una vez Ricardito y yo, estábamos en una fiesta…

Carolina:
Claro…

182 respuestas para “El banano”

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  1. 182
    harta dice:

    A mí me tocó uno de estos!

    Supuestamente su empresa trabajaba con una productora, por lo que siempre llevaba a famosos.

    Y me contó de la vez que le hizo frente no me acuerdo a qué famoso (mucha bola no le di, claramente) cuando el tipo esperaba que ÉL se bajara a abrir como si fuera un chofer…

    "Te imaginarás, que no iba a bajar, quién se cree que es?"

    Igual, más allá del hecho que se codeaba con famosos, quizá este tachero entre en otro profile, más altanero.

  2. 181
    Joey dice:

    Yo siempre opto por el "claro" el "sí sí" y no les doy mucha bola a los tacheros, pobres, omitimos el hecho de que son tacheros. Un poco de tolerancia!

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