Odiar es divino
Cada vez que miro televisión, que recibo publicidad por correo, que me invitan a participar de un concurso o que me quieren seducir con un descuento, me golpeo con una verdad que con los años se ha hecho cada vez más gruesa y evidente: la gente que trabaja en marketing es toda estúpida.
Sé que corro [...]
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Hace unos meses fuimos con una amiga a comprar un collar a Palermo y nos dimos cuenta que ya no sabíamos hablar español. A pesar de que toda la vida habíamos vivido en Argentina y que hasta veinte minutos atrás habíamos conversado en perfecto castellano con todo el mundo, ahí, en esa zona comercial, [...]
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Todos los años, el mundo es testigo del nacimiento de un producto estúpido y ordinario que, contra todos los pronósticos, se vende como pan caliente. El loco lope, el tiki taka, los sea monkeys, el goma-goma, el barrilete de Bob Esponja, el tamagochi, el yo-yo, el balero, los guantes mágicos, son sólo algunos ejemplos, [...]
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Como buena ermitaña moderna, yo detesto las reuniones sociales. Odio cambiarme para salir, odio el ruido de la calle, odio regresar a casa de noche, e incluso odio tener que inventar excusas cuando quiero faltar sin que nadie se enoje. Desde que existe la entrega a domicilio e internet, cada vez salgo menos de casa. [...]
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Como la mayoría de los adultos gruñones que conozco, yo también odio el día de la primavera. Detesto los puestos de flores vestidos de celofanes, los informes sobre la sensación térmica, los movileros de la tele en musculosa, y el hormiguero de estudiantes de bigote ralo y frente acnéica que, munido de tapers, pelotas de [...]
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Cada vez que se me acerca un amiguiento, siento lo mismo que cuando me llega spam. Una irritación e impotencia parecidas a las que provocan esos moscardones pegajosos que sobrevuelan la cocina en las tardes de verano. El amiguiento es el spam de la vida.
Los amiguientos son seres perturbados dispuestos a humillarse de las formas [...]
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Ya he contado en otras ocasiones que tengo un cariño especial por mis primeros lectores. Si no fuera por su apoyo, sus comentarios y su espera semanal, quizás hubiera abandonado la escritura hace mucho tiempo.
Sin embargo, así como un día entendí que quería a estos desconocidos que venían a dejar su mensaje en mi blog [...]
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Desde el viaje de egresados de séptimo grado, cuando me enteré que todas las excursiones consistían en caminar como vagabundos por el monte, que no tenía semejante pico de malhumor. Ni siquiera cuando mimarido vació todas las bibliotecas para buscar un papelito, o cuando la gata se comió los auriculares por tercera vez consecutiva me [...]
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Ayer a la noche, un odio que me persigue desde la adolescencia vino a posarse en mi ventana de nuevo. O mejor dicho, en el patio de mi departamento. Es un odio peligroso, porque me transforma inmediatamente en una villana impaciente y cruel capaz de poner la cara de culo más agresiva e indignante del [...]
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Cada vez que me cruzo con el conspireta siento unas peligrosas y genuinas ganas de matar. Quiero ajusticiarlo por estúpido, por supuesto, pero además quiero pegarle porque su única ambición en la vida, por encima del amor, del dinero y la salud, es demostrar que es más vivo que yo.
El conspireta es una mezcla de [...]
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Dentro del generoso universo de cosas que me ponen de malhumor, hay algunos resortes que son más sensibles que otros. Las palabras, por ejemplo, son sagradas. Puedo adorar u odiar a alguien sólo por su forma de hablar. No necesito conocer nada más que sus adjetivos, sus giros, sus expresiones para decidir si merece un [...]
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Detesto a la gente que hace una sola cosa en la vida y encima la hace mal.
Un caso muy concreto son los atletas. Los lanzadores, por ejemplo, se dedican todo el día a revolear una porquería con el secreto anhelo de tirarla más lejos que los demás. Trabajan de eso: de revolear un martillo, [...]
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Imagínense conviviendo con veinte desconocidos, apiñados en un monoambiente viejo y ruidoso, sin baño, ni cocina, ni electricidad. Imaginen que el techo está lleno de goteras, que es caluroso en verano y frío en invierno, y que además, no tiene camas suficientes para todos y se tienen que turnar para descansar.
Imagínense que los veinte tienen [...]
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El supermercado desnuda el alma del consumidor. No hay forma de velar la pobreza, la tacañería, el celibato, los valores de colesterol o la depresión con un changuito en la mano. Nos delata la demora para elegir un queso, la cantidad de bifes que le pedimos al carnicero o la insistencia con la que pellizcamos [...]
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Cuando tenía ocho años, el doberman de una familia vecina me mordió la frente. Me dejó dos pequeñas cicatrices escondidas como cuernos en bajorrelieve detrás un flequillo que no pude cortarme hasta los doce.
Desde ese día los perros y yo estamos peleados. Cuando nos encontramos, ellos me ladran y yo cruzo de vereda. Y [...]
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Todas las clasificaciones son anecdóticas y superficiales, menos una: la que separa a los lindos de los feos. El resto no significa nada. Es un placebo para calmar a quienes se saben del peor lado de la medianera, los feos.
Entre lindos y feos hay un límite invisible pero robusto. Mientras que a los lindos los [...]
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Cuando yo estaba en la escuela primaria, el punto final de las discusiones infantiles, el as de espadas de las amenazas, el jaque mate de las peleas era decir que tu papá era policía. No sé si imaginábamos que nos iban a arrestar o qué, pero esa frase nos intimidaba de tal manera, que ni [...]
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Cuando yo era chica, el negocio del momento era poner una remisería. Todos querían hacerse millonarios con un fiat duna blanco y una corbata berreta color bordó.
Un año después, el hit eran los parripollos y los tenedores libres que ofrecían cordilleras de camarones y helado sintético por ocho pesos el cubierto. Después fueron los maxikioscos [...]
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Yo tengo un problema con el ruido: no soporto a la gente que habla a los gritos en lugares públicos, ni a los que abren paquetes en el cine, ni a los que escuchan música a todo volumen. Y ni hablar de los que cantan canciones de cancha fuera de la cancha. A esos directamente [...]
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