- Publicado por La peleadora a las 06:59 pm
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- Guardado en: - El taxista 504
El viejo 504 siempre es bruto y gritón, tiene olor a cuerpo, pelos en la oreja, musculosa blanca debajo de la camisa, y muchas ganas de quejarse del país. Tiene voz cascada y rotosa de fumador compulsivo y no para de opinar una burrada atrás de otra sobre economía, seguridad vial y política internacional. Dice “Son todo chorro” cada dos oraciones y hace un ruido perverso con la boca, sopapeándose compulsivamente una muela hueca con la lengua.
Su auto, un peugeot 504, aparte de un tubo caliente, hediondo y ruidoso sin aire acondicionado, tiene una puerta que no cierra, un cenicero quemado, y un tapizado casero de tela de pijama con olor a huevo.
Conoce las calles y no hay que guiarlo, pero nunca tiene cambio. Ni diez centavos. Aunque sean las diez de la noche y esté trabajando desde la madrugada. Es magia. Nadie sabe como hace, pero nunca tiene ni una monedita. Es estafador y conoce los trucos más ruines para inflar un viaje cualquiera: frena en todos los semáforos, va por el carril más lento y pega vueltas innecesarias con alevosía y premeditación.