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	<title>La Peleadora &#124; Nos mudamos a www.lapeleadora.com &#187; Mimarido</title>
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	<description>La vida con un carácter de mierda</description>
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		<title>Perdido por perdido</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2009 02:19:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Una de las cosas que más odio en el mundo es lo distraído que es mimarido. Sin ánimo de exagerar, todas las semanas. pierde algo. En los últimos seis meses, por ejemplo, perdió tres juegos de llaves (computarizadas, a $90 cada una), dos celulares (uno caro y uno barato), tres tarjetas de débito (una mía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Una de las cosas que más odio en el mundo es lo distraído que es mimarido. Sin ánimo de exagerar, todas las semanas. pierde algo. En los últimos seis meses, por ejemplo, perdió tres juegos de llaves (computarizadas, a $90 cada una), dos celulares (uno caro y uno barato), tres tarjetas de débito (una mía y dos suyas), dos pen-drives (de 2 y 4GB), un cupón de inscripción para un examen, plata (varios billetes de $100 y otros que no me debe contar), un cargador de notebook, un cable de ipod original y un short de tenis (que le conseguí especialmente para combinar con la remera). Y debe haber más, solo que no me acuerdo.</p>
<p style="text-align: justify;">También se pierde él mismo caminando para otro lado o tomando el colectivo en el sentido opuesto, porque le falta un poco de orientación. Tanto es así, que mis hermanos le hacen bromas todo el tiempo y le quieren hacer poner una remera con mi teléfono y datos por si alguien lo encuentra en otra provincia y lo tiene que devolver.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre fue así y si bien me exaspera no me quejo. A él le causa gracia y a mí ya me tiene acostumbrada a su incapacidad para retener información o recordar qué llevaba en el bolso al salir de casa. Después de todo, él soporta mi carácter, así que bien puedo padecer en silencio que viva a diez centímetros del suelo.<span id="more-388"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, esta semana se pasó. Justo antes de que yo me fuera de viaje, perdió de nuevo su tarjeta de débito  así que le presté la mía y la perdió también, junto con su celular, su DNI y una carpeta.  Previsiblemente, apenas lo supe enloquecí y le di un sermón de tres horas seguidas. Con su actitud, no sólo nos hacía perder sumas increíbles de dinero, sino que además me sometía a mí a prestarle mi notebook, mis llaves, el adaptador de mi ipod, e incluso ir a sacar plata del banco para darle porque no tiene tarjeta ni DNI para hacerlo él mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">A diferencia de otras veces, esa noche, cuando yo empecé con mi monólogo, ni siquiera dijo &#8220;a&#8221; Se quedó callado, consciente de su culpa, mientras yo murmuraba desde la cocina que una cosa era perder algo de vez en cuando y otra dos celulares en un mes. Que tenía un problema grave y que iba a tener que ir a un especialista o a alguien que lo ayudara en serio, porque nos íbamos a fundir.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Y no me interesa lo que pienses de la psicología. Si son chamanes, ladrones, chantunes. Me chupa un huevo. Algo tiene que ser. O tenés un dramón y necesitás perder todo lo que ganás porque te da culpa, o tenés un tumor. Pero esto normal no es…&#8221; repetía yo, sacada.</p>
<p>Pero él no decía nada. Seguía leyendo, en silencio, con los ojos culposos y ausentes. Recién dos horas más tarde, luego de un silencio carmelita que sólo interrumpió para hablarle a la gata, se acercó y me dijo que teníamos que hablar.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Estuve pensando y tenés razón. Soy un desastre. Es como<br />
vos decís, pongo todo tirado en el bolso y llevo demasiadas<br />
cosas, y entre que soy distraído y la cantidad de objetos,<br />
siempre termino perdiendo algo…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
Y sí, amor&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
También es verdad que tenemos que encontrar una<br />
solución, que tengo que hacer algo, porque una cosa es<br />
perder una cosa de vez en cuando y otra es perder cinco<br />
cosas en una semana.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
Sí&#8230; ¿Y qué vas a hacer? (Le dije, mientras le agarré la mano,<br />
tratando de ser comprensiva a pesar de que la distracción de<br />
esta semana nos costaba 900 pesos).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Creo que tengo una idea que podría solucionar todo esto<br />
(me dijo, y la cara se le iluminó). Estuve pensando y la mejor<br />
forma de evitar seguir perdiendo todo…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
Ajá…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Es comprar un Iphone</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
¿Qué?</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Sí, llevo demasiadas cosas. El celular, la billetera, la computadora,<br />
el ipod, todo. Vos fijate que el ipod nunca lo perdí, pero el celular<br />
lo perdí tres veces este año (mientras decía “tres veces” me miró como<br />
si hubiera dado en el clavo). Así debería acordarme de una sola cosa.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
¿Qué?</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Nada, que si compramos un iphone, vos te podés quedar con mi ipod touch y yo…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
El “¿Qué?” no significa que no entiendo. No lo puedo creer,<br />
pero entiendo. El “qué” es para invitarte a que reflexiones<br />
antes de que yo tenga un ataque de nervios.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
Pero yo no digo los nuevos eh, digo los que están ahora, los<br />
que sólo tienen 3G, que seguro van a bajar cuando los otros lleguen…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
(Sonriendo, con cara de loca)<br />
A ver si entiendo. Para solucionar que perdiste un celular<br />
de 150, uno de 300 y uno de 699, más tu DNI, las llaves<br />
y mi tarjeta, vos querés comprar un celular de 4000 pesos.<br />
¿Entendí bien?</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
No es un celular, es como el ipod touch esta (señala su ipod)<br />
pero también tiene teléfono. Entonces llevaría 2 en 1&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
Yo me voy a ir a la cocina, voy a saltear el pollo y cuando salga<br />
los dos vamos a hacer que esta conversación nunca existió.<br />
Vos vas a estar todavía apesadumbrado por la pérdida y yo<br />
voy a estar de malhumor porque perdiste mi tarjeta.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mimarido</strong><br />
¡Uf, al final con vos no se puede hablar!</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Carolina</strong><br />
No. No se puede.</p>
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		<title>La sillita III</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jan 2009 00:48:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chez moi]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[—¿Y ahora qué?—le dije a la vieja, sin presentación ni ceremonia.
—Mirá, yo te molesto porque acá la señora Angélica me dijo que ayer por la mañana, vos y el chico que vive con vos se llevaron unas sillas mías a su casa. Ella las vio cruzarlas por la medianera—explicó la vieja mientras que giraba sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—¿Y ahora qué?—le dije a la vieja, sin presentación ni ceremonia.</p>
<p>—Mirá, yo te molesto porque acá la señora Angélica me dijo que ayer por la mañana, vos y el chico que vive con vos se llevaron unas sillas mías a su casa. Ella las vio cruzarlas por la medianera—explicó la vieja mientras que giraba sus ojos como canicas dementes hacia todos lados.</p>
<p>—¿Qué?</p>
<p>—Entonces a mí lo único que me queda pensar es que ustedes me cambiaron las mías, porque yo las tengo hace tantísimo<br />
tiempo y nunca se habían roto y estas que tengo ahora sí.</p>
<p>Mientras la vieja exponía sus paranoias seniles, un poco por pereza y otro poco por justicia divina, pensé que quizás lo mejor era terminar la discusión en ese momento. No valía la pena entrar en una pelea infinita con una mujer que claramente no estaba en su sano juicio. Yo no me merecía estar en una situación así y menos por treinta y seis pesos. A veces es mejor no confrontar y dar un paso a un costado. A veces (sólo a veces) es mejor no pelear. Así que hice eso. No confronté. Antes de que terminara de artícular la “t” de “roto”, le cerré la puerta en las narices y volví a trabajar como si no hubiera pasado nada.</p>
<p>Pero la vieja no cedió. Dos minutos después se prendió del timbre como un ternero de la teta de su madre. Tan grande era el escándalo entre el timbre y los ladridos de Gastón que mimarido tuvo que salir de la cocina para ver qué estaba pasando. Cuando llegó al living, se sorprendió al verme impávida, trabajando en la computadora como si reinara el más pacífico silencio.<br />
<span id="more-249"></span><br />
—¿No escuchás?</p>
<p>—Escucho, pero elijo no atender.</p>
<p>Mimarido fue hacia la puerta, sin entender demasiado, pero reculó al escuchar un hilo de voz plañidero y loco del otro lado del palier.</p>
<p>—Todavía estoy acá y no me voy a ir hasta que no me escuches. Yo soy una señora mayor—dijo la vieja, apenas audible, desde el palier—Esas no son mis sillas.</p>
<p>Mimarido me miró, indeciso entre la risa y la indignación.</p>
<p>—Ojo que se trajo a otra vieja¬—le avisé.</p>
<p>—¿Qué otra vieja?</p>
<p>—Se trajo a la del 12 B. La del pekinés feo que se llama “Bombón”. Nos vio cruzar las reposeras y ahora cree que lo que pasamos por la medianera fueron sus sillas.</p>
<p>—¡Qué quilombo!</p>
<p>—El que armó el quilombo fuiste vos cuando le dijiste que le preguntara a otros vecinos si habían visto algo.</p>
<p>—¡Pero está loca! Si puede ver que nuestras reposeras no tienen nada que ver con sus sillas de plástico.</p>
<p>—Por eso, no le abras—le dije.</p>
<p>—¿Cómo que no abra?</p>
<p>—No, dejala en el palier hasta que se canse de decir incoherencias. Dejala ahí una semana, si no tiene nada para hacer.</p>
<p>Y eso hicimos. Pusimos música y retomamos las actividades. Al principio habló, tocó timbre, nos pasó una nota por debajo de la puerta, pero lentamente fue desistiendo. El día siguiente sólo vino dos veces a la tarde a hablar sola en el palier. Al otro día nos volvió a escribir en letra demente y temblorosa su pedido delincuente de anciana loca y hace unos días nos tocó el portero eléctrico a las ocho, cuando salía para pasear a su perro. El discurso era siempre el mismo: que soy jubilada, que sólo quiero mis sillas, que los voy a denunciar a la policía por robo, que tengo un hijo que trabaja en la municipalidad.</p>
<p>Mimarido creía que lo mejor era hablar con el hijo y plantearle el problema directamente. Decirle que su madre era insoportable y que nosotros no teníamos por qué padecer sus acosos de vieja lunática. Yo, en cambio, prefería ignorarla. Si el hijo la hubiera soportado, alguna vez la hubiera venido a ver. Y la verdad era que nunca lo había visto subir con una bandeja de masitas a tomar el té con esa mujer.</p>
<p>Con el correr del tiempo, la paranoia de la vieja se fue consumiendo como una vela, hasta que un día no vino más. La vimos de lejos paseando al perro pero ya nunca volvimos a hablar.</p>
<p>Hace dos días, sin embargo, una amiga nos fue a regar las plantas a casa y observó que una silla tenía el respaldo caído y los soportes estaban falseados. Las vacaciones me tienen lejos de casa y no puedo verificarlo, pero mientras mimarido cree que se rompió y nunca nos dimos cuenta, yo le grito a quien quiera oírme que la autora de esa traversura fue la vieja.</p>
<p>Como sea, si saltó la medianera para vengarse, merece mi respeto. Será una vieja lunática e insoportable ¡Pero cómo pelea esa mujer! Veremos si soporta lo que yo tengo para hacerle apenas vuelva a casa y se reanude la guerra.</p>
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		<title>La sillita II</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jan 2009 23:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chez moi]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Para mí, pedirle un favor a la vieja estaba fuera de discusión. No era una cuestión de orgullo. Lo que me aterraba era establecer algún tipo de vínculo con ella. Que al hacerme el favor insignificante de dejarme pisar su patio por tres minutos, el día de mañana sintiera que podía pedirme que apagara el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para mí, pedirle un favor a la vieja estaba fuera de discusión. No era una cuestión de orgullo. Lo que me aterraba era establecer algún tipo de vínculo con ella. Que al hacerme el favor insignificante de dejarme pisar su patio por tres minutos, el día de mañana sintiera que podía pedirme que apagara el aire acondicionado, que le pusiera una inyección en la cola, o le cuidara a Gastón mientras ella iba al médico.</p>
<p>Ante este panorama, mimarido estuvo de acuerdo conmigo, no sin antes hacerme jurar que en el futuro iba a ser más diplomática.</p>
<p>—¿Pero vos qué pretendés? ¿Qué le pague una silla que jamás vi ni usé en mi vida?</p>
<p>—No. Que seas amable. Que seas más inteligente que ella. Que hagas lo que hice yo: que le expliques que jamás cruzaste a ese patio, que no tenés idea cómo se rompió su sillita y que vaya a preguntarle a todos los vecinos si vieron algo desde sus ventanas ¡Mandala a joder a otros! ¡Que vaya de puerta en puerta con su sillita preguntando hasta que se canse o alguien le diga que fue el viento!</p>
<p>—Lo que quieras, pero ahora ya está.</p>
<p>Así que al otro día, a las ocho de la mañana, cuando la vieja se fue a pasear a Gastón, subimos las reposeras por su patio sin que se enterara. El encargado —que también odiaba a la vieja— también ayudó. El día anterior había dejado las reposeras en la planta baja, en el cuarto en el que están las cosas de limpieza y los interruptores, para tocarnos timbre apenas la vieja saliera del edificio.</p>
<p><span id="more-248"></span>Subirlas fue fácil. Mimarido tiró una soga desde el patio de la vecina y abajo el encargado ató la reposera, que yo había cubierto con una colcha para que no se rayara la pintura al golpear contra la pared.</p>
<p>Tardamos casi diez minutos, más que nada porque había que desatar y volver a atar las bases, y para cuando la señora volvió con su perrito, nosotros ya leíamos plácidamente en el jardín.</p>
<p>Y hasta hace dos semanas creíamos que nos habíamos librado de la vieja. Volví a usar mi batidora, puse música a la tarde, e incluso me di el lujo de ignorar a la vieja cada vez que la crucé en el palier.</p>
<p>Sin embargo, una tarde me pasó algo completamente inesperado.  Mientras estaba escribiendo en el patio, la vieja me tocó timbre de nuevo.</p>
<p>Tengo que reconocer que todo lo que pasó después es, en parte, culpa mía, porque aunque sabía que había perdido la paciencia, igual abrí la puerta. No estaba harta, ni fastidiada, ni enojada. Estaba sacada. Fuera de control. Sedienta de sangre vecinal.</p>
<p>A menudo los viejos se vuelven tiranos que en nombre de la edad se creen con derecho a hacer y decir lo que se les venga en gana. Suegras que dicen cualquier barbaridad, abuelas con alzheimer que hacen llorar a sus hijos, señoras que persiguen a la empleada doméstica para ver si les robó bombachas, viejos babosos, y ancianas con mucho tiempo libre insultando a los repositores del supermercado por los aumentos. Ya los vi varias veces. No digo todos, pero muchos viejos se vuelven malos, sádicos, crueles, paranoicos, miserables. Y no todos somos sus nietos. No todos tenemos que soportarlos, mimarlos o entenderlos.</p>
<p>Y este caso puntual era uno de esos. Me importaba casi nada que mi vecina fuera vieja y que no tuviera nada que hacer. Si su hija no la visitaba, si su marido la había dejado treinta años antes, o si no tenía amigas para llamar no era mi culpa. Cada uno tiene su cruz y esta no era la mía. Esta historia se acababa ese día, en ese pasillo y en mi puerta.</p>
<p>Sin embargo, cuando abrí me llevé una sorpresa. La vieja no estaba sola. Traía consigo a una señora viejísima del doceavo piso con la que nunca había hablado en la vida, y ambas tenían la intención la mirada contaminada con la misma intención: ganas de joder.</p>
<p align="right">Continuará&#8230;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>La sillita</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jan 2009 03:12:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chez moi]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada vez que me estoy peleando con alguien tengo la horrible certeza de que un futuro cercano voy a necesitar algo suyo. Es justicia divina. Nunca preciso ayuda del vecino silencioso que me regala gajitos de plantas o me saluda a la mañana. En cambio, la terraza por la que hay que pasar un cable [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que me estoy peleando con alguien tengo la horrible certeza de que un futuro cercano voy a necesitar algo suyo. Es justicia divina. Nunca preciso ayuda del vecino silencioso que me regala gajitos de plantas o me saluda a la mañana. En cambio, la terraza por la que hay que pasar un cable o el patio en donde cae la pelota siempre pertenece a la vieja con la que me agarré de los pelos en el palier.</p>
<p>Fuera de casa, en la calle, pasa algo muy parecido. La única ferretería que está abierta cuando se rompe la ducha del baño es la del carero al que insulté dos meses atrás y las mejores cerezas las tiene el verdulero al que acusé de ladrón cuando me puso tomates podridos escondidos debajo de la lechuga capuchina.</p>
<p>Yo lo sé bien, porque a causa de mi mal carácter durante toda la vida sufrí en carne propia estas represalias del destino. Cada pelea es un vecino menos, un proveedor prohibido, un negocio al que no puedo entrar. Me tuve que callar cuando entraron a mi casa a robar y nadie había visto nada, me tuve que joder cuando el instalador de aire acondicionado me cobró el doble para instalar el equipo sin que tocara la medianera del vecino, y tuve que lavar toda la ropa a mano cuando mi tintorería cerró por vacaciones y sólo quedó abierta la de la vieja que me había desteñido las toallas de colores y me las tuvo que pagar.</p>
<p>La vida del peleador es orgullosa y solitaria, pero además tiene ese condimento espantoso que tiene que ver con el azar. Para nosotros, los peleadores, el barrio es un campo minado. Cada vez que necesitamos algo de un vecino, seguramente sea un vecino con el que nos llevamos mal.</p>
<p>Hace un par de semanas, cuando llegó el calor, mimarido y yo fuimos a comprar muebles de jardín (nosotros, a pesar de vivir en un primer piso, tenemos un patio bastante grande: setenta metros cuadrados de mosaico) y elegimos unas sillas, un par de reposeras y una sombrilla de tres metros para protegernos de la mirada espía de otros pisos.</p>
<p><span id="more-246"></span>Compramos todo y luego de pelear para que un flete entregara el pedido el mismo día, al llegar a la puerta del edificio nos dimos cuenta que las reposeras tenían un problema: como eran de metal y de tela, la base no se desarmaba y era demasiado alta para entrar en el ascensor o para pegar la vuelta en la curva de la escalera.</p>
<p>Por más que probamos todos los ángulos que sugirieron los fleteros, nunca pasamos del segundo escalón. Según el pronóstico experto del peón más sabio, la única solución para entrar las reposeras era subirlas con una soga desde el estacionamiento hasta el patio de la vecina, y de ahí, pasarlas por la medianera.</p>
<p>Apenas me lo dijo, mimarido me clavo los ojos, fulminante. En vano traté de explicarle que yo nunca había hecho nada, que la culpa era de la vieja de al lado, y que en todo caso, la que me debía una disculpa era ella. Como mimarido conoce mi carácter supone que siempre es mi responsabilidad.</p>
<p>Unos meses atrás, la señora de al lado (una solterona insoportable, cuyo perro se llama Gastón) tocó el timbre para quejarse de que el ruido de mi batidora no la dejaba dormir la siesta. Al parecer, cuando a la tarde yo licuaba una gelatina con yogur, a ella “le temblaban las paredes”. Como era una anciana de apariencia inofensiva me reí. Le dije que iba a tratar de evitar la batidora en ese horario y se quedó contenta.</p>
<p>Pero un mes después, la solterona nos pasó una nota por debajo de la puerta y ya no me reí más. Según ella, alguna de las plantas de nuestro patio le daba alergia. Quería saber si podía pasar a revisarlas para ver si alguna flor, algún olor, alguna fruta de nuestro modesto jardín la estaba congestionando. Rotunda, me negué. Le dije a mimarido que esa vieja estaba loca y que si volvía a molestarnos con algún delirio iba a llamar a la policía para que la internaran en un loquero. Pero mimarido, que se burla de mi intolerancia, hizo oídos sordos y le cumplió el sueño a la vieja loca, que vino con su perro Gastón a oler las plantas y comprobó no tenían ninguna partícula viajera que le provocara un comezón particular.</p>
<p>Y eso fue todo hasta unos días atrás, cuando hizo por fin, su último numerito de anciana histérica. Una mañana, a eso de las ocho, cuando bajaba a pasear a Gastón, la vieja nos despertó con dos timbrazos.</p>
<p>Un poco asustada, entreabrí la puerta y la vi con una factura en la mano y una silla de plástico en la otra. Iba a despertar a Martín, pero no me dejó. Antes de que entendiera bien lo que estaba pasando, empezó a hablar con exagerado dramatismo de vieja histérica.</p>
<p>—Yo tengo estas sillitas desde hace nueve años, y nunca pasó nada. A mí no me importa lo que pasó ahora, ni cómo se les rompió, ni qué hacían ahí en mi patio. Ustedes sabrán…Lo único que me interesa es que me la repongan—dijo la vieja llorando, como si le hubiéramos matado a un hijo.</p>
<p>Mientras yo miraba a la señora, confundida, Gastón, el pekinés, ladraba desquiciado entre las chancletas de su dueña. No entendí de qué hablaba hasta que insistió.</p>
<p>—Yo no voy a hablar con la administración, pero yo me fui a dormir y la silla estaba perfecta y hoy me desperté y estaba rota la pata. Lo único, lo único que pido es que me la repongan, porque yo a ustedes nunca pero nunca…</p>
<p>—¿Qué?— interrumpí, de mal humor.</p>
<p>—Te traje la factura para que veas que yo no te cobro de más, que lo único que quiero…</p>
<p>—Señora: ni con mi casa incendiándose yo pisaría su patio. No sé qué delirio tiene esta semana, ni cómo llegó a la conclusión de que nosotros nos metemos por las noches en su casa a usarle las sillas, pero usted no está bien. No me vuelva a tocar el timbre. Ni para esto ni para nada. No quiero volver a tener noticias suyas.</p>
<p>Y le cerré la puerta para que no joda más.</p>
<p>Eso, hace tres semanas.</p>
<p>Ahora quería pasar por su patio unas reposeras.</p>
<p align="right">Continuará&#8230;</p>
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		<title>12 días sin pelear</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 17:53:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuando no peleo]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer mimarido volvió a casa a las ocho de la noche. Abrió la puerta, se sacó los auriculares y, como yo estaba hablando por teléfono muy concentrada, me saludó en voz baja.
-¿Con quién hablás?-susurró.
-Shhhhh.
-¡¿Con quién hablás?!- insistió, curioso.
-Estoy contestando una encuesta de salud del Hospital Alemán&#8230;
Mimarido abrió los ojos grandes como dos relojes y se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer mimarido volvió a casa a las ocho de la noche. Abrió la puerta, se sacó los auriculares y, como yo estaba hablando por teléfono muy concentrada, me saludó en voz baja.</p>
<p>-¿Con quién hablás?-susurró.<br />
-Shhhhh.<br />
-¡¿Con quién hablás?!- insistió, curioso.<br />
-Estoy contestando una encuesta de salud del Hospital Alemán&#8230;</p>
<p>Mimarido abrió los ojos grandes como dos relojes y se quedó así, clavado en la puerta, duro, mudo, aterrorizado, como pidiendome una explicación.</p>
<p>-¿¡Cómo voy a estar contestando una encuesta, Martín?! ¡Estoy hablando con mi mamá! ¡No estoy tan mal todavía!<br />
-¡Y qué se yo! ¡Si estás desconocida!</p>
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		<title>Ingresos brutos</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 23:55:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de ayer fue el cumpleaños de un amigo de mimarido y no tuve más remedio que ir a la fiesta. Y digo que no tuve más remedio porque no soporto las fiestas de cumpleaños. Ni siquiera las de la gente que estimo. La idea de cenar rodeada de un montón de compañeros de oficina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Antes de ayer fue el cumpleaños de un amigo de mimarido y no tuve más remedio que ir a la fiesta. Y digo que no tuve más remedio porque no soporto las fiestas de cumpleaños. Ni siquiera las de la gente que estimo. La idea de cenar rodeada de un montón de compañeros de oficina que no conozco me dan ganas de tirarme de un auto en movimiento. Ya la gente de oficina me da sueño. Imagínenselos borrachos, con el azúcar por las nubes, dandole rienda suelta al viejo sueño de ser capocómico, con una rutina de chistes malos que robaron de la televisión.</p>
<p align="justify">Pero a veces no puedo decir que no. A veces mimarido me frunce el ceño y no tengo más remedio que ponerme la careta de la buena onda e ir al cumpleaños a brindar con la bandada de pavos en cuestión.</p>
<p align="justify">La cena arrancó como una gran promesa de bienestar: los conocidos hablaban entre ellos y no me dirigían la palabra. Una suerte. Sólo tenía que aguantar hasta las once y luego huir argumentando que me dolía la cabeza.</p>
<p align="justify">Sin embargo, hacia las diez de la noche la velada sufrió un giro inesperado que me complicó la huida. Me pasó lo peor que le puede pasar a una mujer en un cumpleaños. El anfitrión quiso alardear de un whisky, reclutó a los hombres, y me dejó sola con las esposas, que al parecer tenían unas ganas bárbaras de hablar de niños y televisión.</p>
<p align="justify"><span id="more-147"></span></p>
<p align="justify">Tengo que reconocer, sin embargo, que al principio no me preocupé lo suficiente. Mi plan era cantar para adentro o contar los dibujitos del mantel y abstrarme de la conversación hasta que pudiera empezar a bostezar, anticipando la huida. Y así lo hice. O traté, porque una tonta me empezó a provocar innecesariamente.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Entonces tenés que llamar a la radio todos los días para que no baje el ranking&#8230;</p>
<p align="center">Tonta dudosa:<br />
Pero qué importa, si vos el tema lo podés escuchar igual&#8230;</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Sí, pero me gusta que esté en el &#8220;topforti&#8221; porque yo lo escucho todo&#8230;</p>
<p align="center">Tonta dudosa:<br />
Bueno, ponete el cd&#8230; Pero no vas a estar dos horas discando<br />
hasta que te entre el llamado&#8230; Y más si no regalan nada&#8230;</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Bueno, el regalo es ya que te pasen el mensaje&#8230;.</p>
<p align="justify">Se ve que involuntariamente los músculos de mi cara empezaron a armar una cara de culo tremenda, una suerte de batiseñal del malhumor, que alertó a mi marido a lo lejos. Curioso, me empezó a hacer una ladeadita de cabeza preguntándo de qué estábamos hablando. Yo cerré los ojos, sacudí la cabeza, como diciendo &#8220;nada&#8221; y seguí en la mía. Pero él, desconfiando, puso esa expresión de súplica que me hace cuando estoy por empezar a pelear&#8230;</p>
<p align="center">Tonta:<br />
No sé, es que el cd es todo lo mismo&#8230; Y además, hay uno o<br />
dos temas buenos por cd, los que se ponen de moda&#8230; En la radio<br />
más son como enganchados y además es lo mejor&#8230; Es como si<br />
alguien sacara los mejores de cada cd y los pusiera juntos para vos&#8230;</p>
<p>Se rieron festejandole la ocurrencia y yo me quedé tiesa, sin siquiera fingir una risita cómplice. Mimarido se dio cuenta en seguida. Ellas se doblaban como árboles sacudidos por el viento y yo me mantenía erguida y malhumorada como un mástil.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
(Categórica)<br />
Es que si no llamás y votas no escuchás lo que querés&#8230;<br />
O sea, hacete cargo si después en la radio no pasan la música que te gusta&#8230;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Uf&#8230;</p>
<p align="center">Tonta dudosa:<br />
Pobre, la estamos dejando afuera&#8230;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
No, no. No se preocupen que no me interesa&#8230;</p>
<p>Se quedaron perplejas, mirándome unos segundos. Mimarido, a lo lejos, levantó las cejas.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
No, no, está todo bien&#8230; No me interesa conversar&#8230; (incómoda,<br />
tratando de enmendar la situación). O sea, no con ustedes, quiero<br />
decir, no me interesa este tema en general&#8230;. No se preocupen.<br />
O sea, no sé si lo que pasan en el top 40 es música. O en realidad<br />
depende de qué radio&#8230; FM pasa unas esas baladas caldosas de latino<br />
calentorro que usan para practicar en Operación Triunfo&#8230; Es como<br />
hablar del cine que pasa Telefé, qué se yo. ¿Es cine? ¿Tiene<br />
sentido debatir si te gusta el cine usando como parámetro las películas<br />
de Brigada explosiva?</p>
<p>La tonta subió las cejas, desencajada.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
No, obvio&#8230;. Hay películas y películas, a veces no querés<br />
algo &#8220;para pensar&#8221;, querés algo &#8220;para pasar el rato&#8221;.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
(Sonriendo, fayuta)<br />
Es un peligro creer que hay arte para pasar el rato y arte para pensar.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Bueno, &#8220;Duro de matar&#8221;. ponele, es para pasar el rato.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Para mí, &#8220;Duro de matar&#8221; es una épica moderna y es una maravilla.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Sí, está buena, pero no te deja nada.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Jajajjaja ¿Y qué querés que te deje? ¿Propina? ¿Un souvenir?</p>
<p align="center">Tonta:<br />
(Riéndose, incómoda)<br />
No, pero no podés comparar un libro de cuentos con otro que te<br />
deja algo, te hace pensar, te deja enseñanzas. ¿Entendés?</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Jajajajajajaj ¿Enseñanzas? ¿Vos decís como &#8220;Quién se ha llevado<br />
mi queso&#8221;? ¿Vos esperás una moraleja? Leete la fábula del zorro<br />
y la cigueña para leer una moraleja. El arte no es bueno o malo de<br />
acuerdo &#8220;a la moraleja&#8221;. Es una locura. No es un taladro o una silla,<br />
no se valora de acuerdo a la utilidad.</p>
<p>Mimarido me empezó a mirar con los ojos desorbitados del miedo y yo le esquivaba la mirada. Una vez que entraste en el discurso monomaníaco de la gastada, es muy difícil salir en la mitad.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Bueno, si no los lees no podés saber.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
No tengo que leerlos, un libro que habla de &#8220;tu ser&#8221; no merece ser<br />
leído. En Suecia, por ejemplo, los productos más dañinos son los<br />
que pagan impuestos más altos. Los cigarrillos, el alcohol, los aerosoles,<br />
suponete, pagan más porque enferman a la sociedad o contaminan<br />
el medioambiente y deben contribuir más con salud, educación o<br />
prevención justamente para revertir ese daño&#8230; Los libros de autoayuda<br />
deberían tener los mismos impuestos que el cigarrillo y además debería<br />
estar prohibido que sean exhibidos en vidrieras, delante de todo el mundo.</p>
<p>Mimarido vio las caras, abrazó a su amigo y vino en dirección a nuestra mesa, así que me tuve que apurar.</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Bueno, a mí no me parece, me parece que cada uno puede<br />
leer lo que quiera y si te hace bien&#8230;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Pero cómo sabés qué te hace bien? Perdoname, pero vos escuchás<br />
el &#8220;topforti&#8221; y esperás que pasen tu mensaje en la radio&#8230;. En un país ideal<br />
vos pagarías el doble de impuestos que yo sólo por llamar a<br />
la radio para votar.</p>
<p align="center">Tonta dudosa:<br />
Mientras no le hagas mal a nadie&#8230;.</p>
<p>Mimarido me miró, severo, desde una punta de la mesa.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Es que ese es el punto. Vos le hacés mal a tus hijos leyendo autoayuda<br />
adelante de ellos. Me hacés mal a mí obligándome a tener esta conversación.<br />
Y le hacés mal a los que viajan en taxi y tienen que padecer el tema<br />
que vos pusiste en el &#8220;topforti&#8221; porque te deja moraleja ¿Me entendés?</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Las saludo, nos tenemos que ir&#8230;</p>
<p align="center">Tonta:<br />
Mirá, vos siempre podés cerrar los ojos y apagar la radio&#8230;</p>
<p>Mimarido me agarró la cartera y me empezó a empujar hacia el portón del jardín, mientras su amigo nos acompañaba para abrir la reja. Yo cerré los ojos y empecé a caminar como si fuera ciega.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Tenés razón. Lo voy a hacer ahora mismo. Te apago. Click.</p>
<p>Y me fui caminando con los ojos cerrados, tanteando las paredes y procurando no chocarme con los autos y las mesas.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>¿Quién golpea a mi puerta?</title>
		<link>http://www.criticadigital.com/lapeleadora/%c2%bfquien-golpea-a-mi-puerta/</link>
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		<pubDate>Sat, 09 Aug 2008 18:44:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[El ruido y la furia]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[A no ser que me haya quedado hipnotizada con alguna serie nueva, a las cinco de la mañana ya estoy durmiendo. Ayer no fue la excepción. A las cinco y treinta y cinco yo roncaba despatarrada, con un brazo apoyado sobre la panza de mimarido, y la gata ovillada en el hueco del cuello.
Sin embargo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A no ser que me haya quedado hipnotizada con alguna serie nueva, a las cinco de la mañana ya estoy durmiendo. Ayer no fue la excepción. A las cinco y treinta y cinco yo roncaba despatarrada, con un brazo apoyado sobre la panza de mimarido, y la gata ovillada en el hueco del cuello.</p>
<p>Sin embargo, a las cinco y treinta y seis me desperté. De repente, sentí un ruido extraño: una llave tratando de entrar, desbocada y nerviosa, en la cerradura de la puerta del departamento. Después siguieron unos golpes contra la puerta, de nuevo la cerradura, y unos grititos histéricos. Me quedé dura, entre dormida y asustada, sin saber si el ruido era real. Era como si alguien quisiera abrir por la fuerza, pegándole a la puerta con todo el cuerpo.</p>
<p>Traté de despertar a mimarido, que duerme con auriculares puestos, mientras los golpes cada vez eran más fuertes y continuos. Ahora la puerta sonaba como un trueno. Se despertó, mareado, pero no entendía nada de lo que yo decía. Es más, pensó que era yo otra vez imaginando cosas raras en el patio. Así que para evitarme sus burlas, me paré y fui yo misma a averiguar quién quería entrar a matarnos.</p>
<p>Mientras caminaba hacia la entrada, empecé a escuchar insultos con acento raro. Mi estómago de achicó del miedo. Pensé en mimarido muerto, envuelto en una mortaja espontánea hecha de sábanas ensangrentadas, y me angustié como nunca lo había hecho.</p>
<p>Con una valentía rarísima abrí la puerta de un solo movimiento. Del otro lado, me sorprendió un grito estremecedor y el llanto de una nena.<br />
<span id="more-120"></span></p>
<p align="center">Carolina:<br />
(Con el cuerpo escondido detrás de la puerta)<br />
¿Qué mierda estás haciendo?</p>
<p>Una mujer de unos treinta años, con su hija agarrada de la mano, me  miraba sorprendida. No paraba de gritar y en el medio del shock, se puso a la nena  en las piernas, como si yo, la dueña de casa, las fuese a atacar.</p>
<p align="center">Mujer gritona:<br />
Nosotros hemos rentado este apartamento.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
(Refregándome los ojos)<br />
Este departamento es mío.</p>
<p>Abrí la puerta para dejarla ver los muebles, los libros, la taza de té en la mesa de entrada con sonrisa burlona. Incluso arrastre el brazo como un botones que muestra por primera vez una habitación.</p>
<p align="center">Mujer gritona:<br />
(Mientras me sacudía unas llaves brillantes)<br />
Pos no puede ser, nosotros lo hemos rentado por<br />
Internet&#8230; Mi marido está subiendo las maletas.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Son las seis de la mañana, estás irrumpiendo en mi casa, y encima<br />
te tengo que dar explicaciones… No tengo idea cómo tenés la llave<br />
de abajo, ni en qué agencia alquilaste el departamento, pero ya<br />
te voy avisando que en mi pasillo no duermen.</p>
<p align="left">La nena se puso a llorar.</p>
<p align="center">Mujer gritona:<br />
¡Está asustando a la niña!</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Yo? ¡Yo estaba durmiendo en mi cama y vos me trataste de<br />
derribar la puerta a los golpes! ¡Casi me muero de un infarto,<br />
tarada! ¡La que la está asustando sos vos, llevándola a un<br />
departamento que no sabés en dónde queda!</p>
<p align="center">Mujer gritona:<br />
(Señalando el teléfono de la mesita de entrada)<br />
Vamos a llamar a la agente de viajes para que le explique, entonces.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Desde mi casa, al único lugar al que vamos a llamar es a la policía.<br />
Si me volvés a golpear la puerta, te mato.  ¿Me entendiste?</p>
<p>Y cerré furiosa, de un portazo.</p>
<p>Intenté volver a dormirme por cinco o diez minutos, pero estaba tan nerviosa que no podía pegar un ojo.  Fui a buscarme un té, y de paso, a espiar por la mirilla qué estaba haciendo la mujer. Supuse que ya se tenía que haber ido, pero me equivoqué: la vi de lejos, sentada en la escalera, llorando, abrazada con su hija, y la verdad es que me dio pena.</p>
<p>Pensé unos minutos si debía abrir o no. Después de todo, podía ser una gran operación para matarnos. Pensé en mimarido ensangrentado, en mi computadora nueva, y en toda la plata que habíamos gastado en chucherías últimamente, y me arrepentí. Si no abría y las habían estafado era una desalmada, pero si abría y me robaban todo, era una idiota.</p>
<p>Previsiblemente preferí ser una desalmada. Pero antes de irme a dormir, escuché que la nena le decía a la mamá que no llore, que papi ya iba a aparecer, y que la mujer le decía que papi se había ido, y no lo pude evitar.</p>
<p>A las puteadas por la extorsión sentimental, abrí. Le pregunté si podía llamar a su marido y me dijo que no, porque el celular que tenían era de Colombia. Le dije por qué no iba abajo a fijarse qué había pasado, y me dijo que ya lo había hecho, pero que estaba el palier vacío y tranquilo como un velorio. Después me explicó, ahogada en llanto, que su marido tenía los documentos, el dinero, el teléfono del agente de viajes, el papel del alquiler del departamento, y hasta los pasajes de vuelta y se puso a llorar histérica.</p>
<p>En ese momento, asustada por el ataque de su mamá, la nena también se puso a llorar a los gritos y despertaron a mi marido, que vino tambaleándose de sueño a ver qué pasaba. Yo me sentía Marsha Mason en “The goodbye girl” sólo que esta vez era al revés. La habían dejado a ella y yo tenía el departamento.</p>
<p>Un minuto después, se empezaron a escuchar más ruidos y pasos por la escalera. Pensé que alguien bajaba a quejarse, así que les dije que pasaran y traté de cerrar la puerta. Pero no pude. Una mano peluda y morena de hombre me lo impidió, agarrando el canto de la puerta con fuerza.</p>
<p>Me tiré hacia atrás muerta de miedo y una vez más me imaginé a mimarido ensangrentado, a la gata muerta con la lengua de afuera, y a mí degollada en la bañadera.  Pensé todo en un minuto: ella montaba este show y cuando la dejabas pasar salía un hombre de la nada y te robaba hasta el último peso.</p>
<p>El hombre abrió la puerta y la mujer y su hija gritaron todavía más fuerte. Una suerte de alaridos de tren fantasma, como descargas eléctricas en la voz. Me tranquilicé, sin embargo, cuando la nena dijo “papi” varias veces.</p>
<p>Al parecer, el hombre les había dicho “tercer piso” y les había dado una llave, para que pudieran ir al baño mientras él le pagaba al taxi y subía las valijas. Pero ella había entendido “primer priso” y al tratar de abrir la puerta, se encontró conmigo adentro. Cuando yo me fui a dormir y la dejé en el pasillo, bajó a buscar a su marido, pero ya no había nadie. El, ya instalado en el verdadero departamento, se empezó a preocupar y llamó a la agente de viajes para preguntarle qué hacía, pero nadie contestaba el teléfono. Finalmente, cuando escuchó los gritos bajó corriendo y vio que yo cerraba la puerta con su familia adentro y se asustó.</p>
<p>Cuando terminaron la explicación yo estaba furiosa. A ellos les causaba gracia la confusión.</p>
<p align="center">Mujer gritona:<br />
¡Chao Carolina, qué pena lo que ha pasado, muchas gracias,<br />
qué pena, qué pena!</p>
<p align="center">Padre peludo:<br />
Jajajjajaja. Dios la bendiga, Carolina.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
(Saludando con la manito)<br />
¡Qué Dios ni Dios! ¡Vayanse a la mierda!</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El barbero de Sevilla (segundo acto)</title>
		<link>http://www.criticadigital.com/lapeleadora/el-barbero-de-sevilla-segundo-acto/</link>
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		<pubDate>Wed, 11 Jun 2008 04:57:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Ojalá hubiera podido filmar la cara de mimarido cuando Edda Díaz apareció en el escenario, vestida de piñata, a darnos la bienvenida. Hubiera pagado por tener una cámara de fotos y retratarlo boquiabierto ante el espantoso disfraz de murga que ostentaba esa mujer.
Como si cuatrocientos chicos no fuesen evidencia suficiente, Edda confirmó con su saludo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ojalá hubiera podido filmar la cara de mimarido cuando Edda Díaz apareció en el escenario, vestida de piñata, a darnos la bienvenida. Hubiera pagado por tener una cámara de fotos y retratarlo boquiabierto ante el espantoso disfraz de murga que ostentaba esa mujer.</p>
<p>Como si cuatrocientos chicos no fuesen evidencia suficiente, Edda confirmó con su saludo que, en efecto, se trataba de una ópera para niños. Lo primero que dijo fue: “HOOOOOOOOLA CHIIIIIIIIIIICOS, HOOOOOOOOOOOOLA PAPIS” con voz de pito. Mimarido me hizo notar su enojo apretándome la mano bien fuerte. Tan fuerte, que sin querer chillé.</p>
<p>Lejos de molestarme, la situación me provocaba una diversión morbosa. Yo quería compadecerme de su maltratado snobismo pero no podía. ¡Era demasiado lindo verlo sufrir porque la ópera no era en italiano! Me di cuenta que lo mejor que podía hacer era pasarla bien. Es decir: reírme de él.</p>
<p>Desde ese momento, empecé a quemarle la cabeza. Le dije que si se portaba bien les podíamos pedir autógrafos a la salida, que le iba a comprar pochoclo, y que lo iba a llevar a la calesita. Que los chicos que se portaban bien iban al cielo y recibían regalos de Papá Noel, y que los malos se quedaban sin nada. Que si él quería premios, debía quedarse quietito y con la boquita cerrada como decía Edda.</p>
<p>Mimarido trataba de ignorarme pero echaba humo. Estaba cada vez más enojado, y sin embargo, debajo de su furia, aparecía de vez en cuando, una sonrisita. Yo pensé que mis chistes le causaban gracia, o que la obra lo entretenía, pero no. En un momento acercó su amarga y rencorosa boca hasta mi oreja y por fin me dijo de qué lo ponía tan feliz.</p>
<p><font color="#000000"><span id="more-68"></span></font></p>
<p align="center"> Mimarido:<br />
¿Viste la chica joven que te dije que estaba del lado de adentro?</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Sí.</p>
<p align="center"> Mimarido:<br />
No estaba. Te mentí. Se coló en tus narices.</p>
<p align="center"> Carolina (Girando la cabeza como en el exorcista):<br />
¿Qué?  ¿Por qué harías algo así?</p>
<p align="center"> Mimarido<br />
Para que no pelees.</p>
<p align="center"> Carolina (shockeada):<br />
Nunca te voy a perdonar. En el intervalo la voy a encontrar<br />
y le voy a decir las cosas más feas delante de su hija.</p>
<p align="center"> Mimarido<br />
No lo vas a hacer. Primero, no la vas a encontrar, segundo,<br />
si te acercás a ella me voy.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Sos horrible.</p>
<p align="center">Mimarido (Divertido):<br />
Yo seré horrible, pero a vos se te cueeeela todo el muuuuundo,<br />
te pasan por arriiiiiiba, se te ma-tan de ri-sa. Mientras vos te<br />
levantabas temprano ella seguuuuuro remoloneaba en la cama, porque<br />
sabía que alguna madrugona ciega iba a hacer la cola por ella…</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
No me vas a hacer enojar.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Te vio cara de pichi. Es eso. Te vio la cara y dijo: a esta se le deben colar todos.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Listo. Apenas llegué el intervalo la busco.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Si podés.</p>
<p align="left">Cuando llegó el intervalo, amagué a levantarme de la butaca pero mi cuerpo no se movió ni diez centímetros. Mimarido me sujetaba del brazo mientras leía el programa de la obra relajado, como si estuviese en la playa, tomando un daikiri en su reposera.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¡Soltame!</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
No puedo, sos muy peleadora.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¡Quiero ir al baño, Marti!</p>
<p align="center">Mimarido (haciéndose el dócil):<br />
Bueno, yo voy con vos.</p>
<p>Mimarido me escoltó hasta el baño como si yo fuese una asesina convicta y él un alguacil. Me esperó afuera y me volvió a agarrar cuando salí. Traté de escaparme en la cafetería pero fue en vano. Me interceptó y además me volqué el café. Cuando volvíamos, sin embargo, vi de lejos a la colada, y, mientras intentaba zafarme, gritaba encolerizada “¡Colada! ¡Colada”. Pero no me escuchaba, porque estaba lejos, y porque las carcajadas de mimarido tapaban mis melancólicos gritos de peleadora oprimida.</p>
<p>A la salida la volví a ver y volví a intentar gritarle y acaparar su atención, pero mimarido me sentó en un banco, me tapó la boca y, morboso, criminal, vengativo, me dejó inmóvil, viendo como se iba la vivilla ventajera, feliz con su niña, al Mc Donalds más cercano a colarse en otra fila.</p>
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		<item>
		<title>El barbero de Sevilla (primer acto)</title>
		<link>http://www.criticadigital.com/lapeleadora/el-barbero-de-sevilla-primer-acto/</link>
		<comments>http://www.criticadigital.com/lapeleadora/el-barbero-de-sevilla-primer-acto/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 07 Jun 2008 03:01:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.criticadigital.com/lapeleadora/2008/06/07/el-barbero-de-sevilla-primer-acto/</guid>
		<description><![CDATA[Cada vez que mimarido y yo queremos sacar entradas para la ópera, hay que salir corriendo. No me pregunten por qué, pero la ópera se ha vuelto sumamente popular. Si no tenés abono anual, las entradas se agotan rapidísimo (o no se agotan, pero quedan malos asientos). Así que tres domingos atrás, cuando vi que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que mimarido y yo queremos sacar entradas para la ópera, hay que salir corriendo. No me pregunten por qué, pero la ópera se ha vuelto sumamente popular. Si no tenés abono anual, las entradas se agotan rapidísimo (o no se agotan, pero quedan malos asientos). Así que tres domingos atrás, cuando vi que estrenaban el Barbero de Sevilla, dejé todo lo que estaba haciendo, y sin pensarlo demasiado llamé para conseguir unos lugarcitos decentes.<br />
Lo primero que hice fue pedirle asientos buenos al vendedor que me dio la sorpresa de mi vida cuando me ofreció la primera fila.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Tenés la primera fila? ¡Wow! ¡Pero deben costar un millón de dólares!</p>
<p align="center">Vendedor:<br />
No, cuestan $44.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿¿¡Por qué??!</p>
<p align="center">Vendedor (Ignorantísimo):<br />
Porque el centro cultural Konex tiene esos precios.</p>
<p align="center">Carolina (más ignorante todavía):<br />
¡Qué maravilla! No sabía. Bueno, dame esas.</p>
<p>A la tarde sorprendí a mi marido con entradas para la ópera en la primera fila. Estaba feliz. Le encanta ir a la ópera y todavía no habíamos visto el barbero de Sevilla juntos. Pero la felicidad nos iba a durar poco. Poquísimo.</p>
<p class="MsoNormal"><font color="#000000"><span id="more-66"></span></font></p>
<p align="center"> Mimarido<br />
¿A qué hora es?</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Domingo, 11 de la mañana.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
¿A la mañana?</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Viste? Rarísimo.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Nunca fui a la ópera a la mañana.</p>
<p>Hasta ahora había tres cosas raras pero muy prometedoras: había conseguido entradas y para la primera fila, las pagué cuarenta y cuatro pesos y no trescientos, y la función era a las once de la mañana y no a las ocho de la noche. Pero hasta el día de la función, no volvimos a pensar en eso.</p>
<p>El domingo pasado, nos levantamos nueve y media para ir a buscar las entradas a la boletería del teatro. La empresa decía que desde dos horas antes estaban disponibles. Sin embargo, cuando llegamos todo estaba cerrado. Hacía 5 grados de temperatura y teníamos que esperar en la calle que abriesen esa lata mugrosa. Nosotros y un montón de gente, porque dos minutos después llegó una sesentona con sus nietos, y más tarde otra, y otra. Recién cuando éramos varios abrieron.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Che, Marti. Cuántos nenes. ¿Quién clase de tarado trae un nene<br />
a la ópera? Se van a aburrir, pobrecitos. Si no pueden leer<br />
subtítulos, mirá si van a entender italiano. ¿Por qué no los llevan al cine?</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Se van a poner a llorar y a correr por los pasillos a los tres minutos&#8230;</p>
<p>Y en eso, mientras charlábamos, la vieja de al lado se adelanta con delicadeza y trata de colarse y pasar primera. Mimarido me suplica que la deje pasar, con ojos de perro mojado pero me niego rotundamente. Le digo que antes de dejarla pasar la trabo y la tiro al piso delante de su familia. La vieja se me pone, entonces, al lado, y estira una pierna como para estar antes que yo de la boletería. A pesar de que es sutil, una enferma como yo siempre nota esas artimañas.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
(En voz muy alta y dirigiéndome a mimarido)<br />
No, gordi, nosotros estamos segundos. Viene la señora y después<br />
nosotros. Y recién después de nosotros, está la señora de acá<br />
al lado (y señalo a la incipiente colada).</p>
<p>Pero la bruja no acusó recibo y siguió estirando el pie para pasar. Yo, que ya estaba de malhumor, me puse a discutir con mimarido que murmuraba que la deje pasar y listo para evitar conflictos. Y mientras yo discutía, la vieja agarró envión, y quiso pasar directamente.</p>
<p>Pero no pudo.</p>
<p>Sin pudor ni anestesia, le puse un brazo adelante y la trabé agarrando la baranda.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
No le toca a usted. Y lo sabe. Debería darle vergüenza, está grande.</p>
<p>Y como no dijo nada, me adelanté. Pero mientras caminaba, veo que una mujer joven con su hija se pone al lado de la boletería con la tarjeta de crédito en la mano. Abro los ojos como dos platos. Miro a mimarido como pidiéndole permiso para ir a pegarle, y para mi sorpresa no objeta nada. Pero me aclara algo:</p>
<p align="center">Mimarido<br />
Estaban antes. Estaban del lado de adentro.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Qué? ¿Y por qué?</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
No sé, esa señora de allá también. Estaban adentro cuando abrieron.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Sí a la otra la ví, pero a esa no. ¿Y por dónde se habrán metido?<br />
Tenemos que averiguar para la próxima vez. Che, cuantos chicos.<br />
Cuando tengamos un hijo lo vamos a traer, yo pensaba que se aburrían.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Te mato.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¿Qué?</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
¡Dice “recomendada para chicos”!</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¡Dice recomendada, nada más! Decía Teatro Colón y Ciudad Cultural<br />
Konex presentan! ¿Cómo un chico va a ver ópera? ¿Entonces para<br />
que doblan las películas si total entienden subtítulos?</p>
<p>Mimarido agarra un programa y me muestra: “Recomendado para chicos”</p>
<p align="center">Carolina (con cara de asco):<br />
¿Será en castellano?</p>
<p>Mientras tanto, avanzaron las dos mujeres que estaban del lado de adentro y nosotros sacamos las entradas. Atrás nuestro la fila se enroscaba como una víbora infinita. Eran todos chicos entre dos y diez años. Todos. Apenas un salpicado de cabezas adultas que hacían lo posible para que dejen de gritar y de correr por la vereda.</p>
<p>Mimarido empezó a leer el programa y ya no tuvimos dudas. Decía “narradora” y “Edda Díaz”. Me miró, fulminante, tratando de pulverizarme con los ojos. Y eso fue sólo el principio.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Todo luz, todo sol</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2008 05:22:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chez moi]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre romperse una pierna jugando al fútbol y tener que salir a ver departamentos para alquilar, prefiero mil veces romperme una pierna.
Muchos van a decir que exagero; pero seguro son propietarios. Otros van a justificar la situación diciendo que hay pocas propiedades para alquilar y que eso complicó mucho el panorama; pero no es más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre romperse una pierna jugando al fútbol y tener que salir a ver departamentos para alquilar, prefiero mil veces romperme una pierna.</p>
<p>Muchos van a decir que exagero; pero seguro son propietarios. Otros van a justificar la situación diciendo que hay pocas propiedades para alquilar y que eso complicó mucho el panorama; pero no es más que otra mentira. Buscar departamento siempre fue la misma pesadilla y eso nunca tuvo que ver con la oferta y la demanda.  El terror de los inquilinos no está las propiedades sino en las inmobiliarias.</p>
<p>No hay patán más fabulador, más creativo y más sinvergüenza que el vendedor de inmobiliaria. Ni siquiera un estafador de profesión es tan chanta. Decirle “cocina americana” a una kichenette, “loft” a un sencillo monoambiente o “patio” a un pulmoncito techado  no es una interpretación subjetiva de la realidad. Es un acto de violencia.</p>
<p>Jamás una inmobiliaria me dijo por teléfono que la propiedad tenía cucarachas, que era ruidosa, o que el edificio parecía un tren fantasma. Jamás de los jamases. Siempre me enteré al llegar, cuando el departamento me abrió sus puertas, feo y desafiante, como un narigón irresponsable que se describió por chat como un adonis.</p>
<p>A mí alguna vez me gustaría leer algo así, por ejemplo:</p>
<p><span id="more-44"></span></p>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.criticadigital.com/lapeleadora/wp-content/uploads/2008/05/buscainmueble.jpg" title="buscainmueble.jpg"><img src="http://www.criticadigital.com/lapeleadora/wp-content/uploads/2008/05/buscainmueble.jpg" alt="buscainmueble.jpg" border="0" /></a></p>
<p>Pero nunca me pasó. En el diario son todos son amplios, luminosos, y a estrenar.</p>
<p>Además está la cuestión de los barrios fantasmas. Las inmobiliarias corren el límite de las localidades según su conveniencia. La mitad de los departamentos de Caballito en realidad están en Paternal, un tercio de los que se publican en Recoleta están en Congreso, y casi todos los que dicen Palermo son en realidad Villa Crespo. Y ni hablar de las subdivisiones y nuevas zonas. Palermo Hollywood es cosa del pasado. ¡Ahora existen Recoleta San Isidro y Quilmes Soho!</p>
<p>Sin embargo, el maquillaje artístico que hacen las inmobiliarias para describir sus propiedades es lo de menos. El vicio realmente insoportable es que  “se olvidan de avisar”. En sus cabezotas de almacenero lerdo piensan que es mejor dejar que el inquilino saque sus propias conclusiones cuando llegue al departamento. Es decir, cuando ya dejó de trabajar o de ir al médico para ir a ver semejante porquería, y está en la puerta ansioso por dormir de una piña al estafador que le describió como un &#8220;parque agreste&#8221; el baldío vecino.</p>
<p>El mes pasado, mientras yo buscaba departamento, por ejemplo, una inmobiliaria se “olvidó” de avisarnos que un soltero había pintado todo el living de negro satinado, otra que el patio era un pasillo largo y finito, y otra que las expensas (que no incluían amenities) eran de seiscientos noventa pesos. ¡Se les pasó! ¡Como nadie preguntó de qué color eran las paredes para qué avisar!</p>
<p>Pero eso no es nada. Lo peor me sucedió hace ya unos años, cuando mimarido y yo estábamos obsesionados con mudarnos a un PH antiguo con pisos ajedrezados, puertas antiguas y pisos de pinotea, y una vendedora llamada Susana (¡Susana, no me olvido más de vos!) omitió un detalle mucho más importante que el color de la pared. Tan importante que casi muere asfixiada en mis violentas manos de pendenciera.</p>
<p align="center"> Susana:<br />
(Mientras caminaba prendiendo las luces del PH)<br />
Este es el living…</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Este es el patio, y está techado.</p>
<p align="center"> Susana:<br />
No, no, es el living.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Pero hay un tender de ropa.</p>
<p align="center"> Susana:<br />
Ah es practiquísimo, es un tender que ponés acá para cuando llueve<br />
y no querés que se te moje la ropa.</p>
<p align="center"> Susana:<br />
Acá es el cuarto…</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Pero no entiendo, si éste es el patio ¿El living en donde está?</p>
<p align="center"> Susana<br />
Ese es el living…</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Ya entendí que ahora es el living, pero el living original, ¿A dónde se lo llevaron?</p>
<p align="center"> Susana<br />
No te entiendo.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
No, yo no entiendo.</p>
<p>Pero no tardé casi nada en entender. Es más, cinco minutos después, el entendimiento vino en chancletas a darme la bienvenida.</p>
<p>Mientras yo arrancaba de nuevo a preguntar si el living se había caído adentro de la tierra, se abrió una puerta por la que salió una mujer. No sé si se entiende ¡Una señora apareció en el medio del living como los parientes que esperan agazapados detrás del decorado de un talk show y salen después de la pausa para sorprender al entrevistado!</p>
<p align="center"> Mujer en chancletas:<br />
Un gusto. Yo soy Marta.</p>
<p align="center"> Carolina (Mirando a Susana, desconcertada):<br />
¿Quién es esta mujer?</p>
<p align="center"> Susana:<br />
Ah ¿No les dije? Sí, creo que les dije ¿O le dije a la otra pareja?<br />
Ay, es que viene tanta gente a ver esos PH… El living da a la otra casa.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
¿No nos dijiste que una señora vive en el living?</p>
<p align="center"> Susana:<br />
No, es otra casa, pero la puerta da justo justo acá</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
¿Una señora vive en el living y a vos se te pasó avisarme?</p>
<p align="center"> Susana:<br />
Noooo, no no vive acá</p>
<p align="left"> Marta todavía seguía con la mano extendida para saludar.</p>
<p align="center"> Mimarido (temiendo lo peor):<br />
Caro, mejor vamos.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Yo no me voy nada. Yo dejé la oficina sola para venir hasta acá<br />
y a esta mujer se olvidó de decirme que había una tipa viviendo conmigo.<br />
¡Esto es una pensión! ¡Es un hostel de estudiantes viejos!</p>
<p align="center"> Mimarido:<br />
Perdón.</p>
<p align="center"> Susana:<br />
No, está bien, disculpame, me olvidé de avisar.</p>
<p align="center"> Mujer en chancletas:<br />
Pero no vivo acá eh. Somos vecinas.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
¡Vos no te olvidaste! ¡Vos tenías la esperanza de que Marta<br />
se quedara callada del otro lado de la pared! ¡Qué vecinas ni vecinas!<br />
Su puerta da al living que era patio&#8230;. ¡Hay una mujer<br />
en el living por amor de Dios!</p>
<p align="center"> Mimarido:<br />
Vámonos.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
No. No. Si yo no hago nada esta mujer va a seguir haciendo<br />
lo mismo con todo el mundo. ¡Dejame decirle cosas! ¡Si la insulto<br />
sin parar vas a ver que no lo hace más!</p>
<p align="center"> Mimarido (agarrándome de un brazo y arrastrándome a la puerta):<br />
Nos vamos.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
¡Estafadora! ¡Renta pensiones! ¡Vieja motelera!</p>
<p align="center"> Susana<br />
¡Disculpame!</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
¡Andate a la mierda!</p>
<p align="left">Pero al otro día me desquité. Llamé a Susana haciéndome pasar por tres personas distintas y la cité en diferentes horarios para ver esa superpoblada madriguera. Espero que las ocho de la mañana no haya hecho mucho frío en el supuesto living. Pero no creo. Ni que fuera un patio ¿No?</p>
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		<title>La señora Cucato</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Apr 2008 15:05:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chez moi]]></category>
		<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo sé que mimarido llegó del trabajo porque apenas pone la llave en la puerta de entrada, la gata va corriendo, desesperada, a esperarlo en dos patas. Pero ayer la pobre gata se tuvo que quedar esperando veinte minutos colgada del picaporte, porque mimarido se quedó charlando con la vecina hasta que se me quemó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo sé que mimarido llegó del trabajo porque apenas pone la llave en la puerta de entrada, la gata va corriendo, desesperada, a esperarlo en dos patas. Pero ayer la pobre gata se tuvo que quedar esperando veinte minutos colgada del picaporte, porque mimarido se quedó charlando con la vecina hasta que se me quemó la cena.</p>
<p>Apenas entró iba a poner el grito en el cielo, pero tenía una cara pésima. Estaba enojado, furioso, fuera de sí.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Carolina, ¿Vos le dijiste a la vecina &#8220;matrona horrible&#8221;?</p>
<p>Y le expliqué que no era &#8220;tan así&#8221;, que ella había empezado.  Pero previsiblemente no me creyó, y le tuve que mandar el mail que nos mandó a todos los vecinos, para explicarle cómo había pasado todo.</p>
<p class="MsoNormal"><span id="more-30"></span><br />
<font color="#800000"><em><span style="color: #002060">Les escribimos a todos para pedirles encarecidamente que por favor<br />
mantengan cerrada la puerta de la puerta permanentemente debido a <u>la cantidad de hechos de delincuencia</u> que se han detectado últimamente por el barrio.<o:p></o:p></span></em></font></p>
<blockquote>
<p class="MsoNormal"><font color="#800000"><em><span style="color: #002060">Analía Cucato depto “1”PB</span></em></font></p>
</blockquote>
<p>Y me preguntó qué le había contestado. Y no le pude mentir. Le mostré la respuesta, que vista así es un poco acalorada, es cierto:</p>
<blockquote>
<p class="MsoNormal"><font color="#999999"><span>Sra. Cucato, aprovecho la llegada de este delirante email y mi inminente mudanza para comentarle algunas cosas que tengo atragantadas desde hace un año y dos meses:<o:p></o:p></span></font></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>1.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span><span>Que yo recuerde, en ningún momento la administración la nombró musicalizadora oficial del PH, por lo tanto le suplico que se guarde su puta música para usted. No estamos interesados en el servicio ni nos interesa escuchar más el cd de Operación Triunfo. Si en el futuro el consorcio decidiera poner música funcional en los pasillos, le pediremos un presupuesto que analizaremos oportunamente.<o:p></o:p></span></font><!--[endif]--></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>2.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span><span>Le recuerdo que el pasillo es parte de la propiedad común. A pesar de que está, efectivamente, afuera de su casa, no es la calle y mucho menos un vertedero donde tirar sus cobardes colillas de cigarro ni los paquetes vacíos de golosinas infames que consume su niño. Creo que ya es suficiente castigo tener que oler sus bifes de media tarde y los cadáveres roñosos de su vida sedentaria y miserable embolsados en la entrada del edificio antes de que pasen los recolectores de basura.<o:p></o:p></span></font><!--[endif]--></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>3.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span></font><!--[endif]--><span><font color="#999999">Por último, le ruego que saque la putísima corona navideña que todavía cuelga de su puerta. Es horrible y dorada. Dos cosas que solo son posibles en Navidad, y ahora, gracias a Dios, estamos en Abril.</font></span></p>
</blockquote>
<p>Mi marido revoleó los ojos, harto, indignado, con ganas genuinas de asfixiarme con el almohadón que apenas sujetaba su espalda agotada contra el sillón.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
¿Qué te molesta la corona navideña?! ¡¡QUE TE MOLESTA!!!</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Me molesta. Es horrible. Es típico de vieja abandónica. ¡Que le molesta sacarla!</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Pero ¿En dónde está lo de matrona horrible?</p>
<p align="center">Carolina:<br />
En otro mail.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
¿Te contestó?</p>
<blockquote><p><em><span style="color: #002060"> Como siempre, se puede ver, sos la misma maleducada prepotente que se lleva prácticamente el mundo por delante pero no, acá no vas a poder, porque primero la música la escuchamos baja siempre, si alguna vez por error la subimos podes decirlo lo sabés, y como sabes vos que las colillas son mías si no soy la única que fuma a ver? No es un poco apurado decir asi sin preguntar??? No sabes que antes de acusar hay que averiguar?? Y la corona la dejo todo lo que quiero si me gusta porque es mi puerta, si no te piache, mala leche.</span></em></p></blockquote>
<p class="MsoNormal" align="center"><span><o:p> Mimarido (atemorizado):<br />
¿Y qué le dijiste?</o:p></span></p>
<blockquote><p><font color="#999999"><span> Aún no me repongo de la agresión visual que significó leer todo ese vómito mal puntualizado, falaz y lleno de adverbios horribles, y así y todo, como soy valiente, herida por su gramática inmunda, le digo:<o:p></o:p></span></font></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>1.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span><span>Maleducado es poner Chayanne a todo lo que da los domingos por la tarde. Yo sólo estoy ejerciendo el derecho a la violencia que me confiere el haberle pedido que desistiera de abusar de la música melódica setecientas cincuenta veces.<o:p></o:p></span></font><!--[endif]--></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>2.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span><span>Esas colillas de cigarro le pertenecen porque es la única matrona horrible capaz de aspirar esos cigarros baratos. El muchacho del fondo fuma Marlboro y no ese tabaco montañés con el que usted aromatiza la propiedad.<o:p></o:p></span></font><!--[endif]--></p>
<p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin-left: 46.35pt; text-indent: -18pt"><!--[if !supportLists]--><font color="#999999"><span><span>3.<span style="font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 7pt; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal">      </span></span></span></font><!--[endif]--><span><font color="#999999">Quitará ese adorno barato o le iniciaré acciones legales.</font></span></p>
</blockquote>
<p class="MsoNormal" align="center"> Mimarido:<br />
¿Y te dijo algo?</p>
<p class="MsoNormal" align="center">Carolina:<br />
Que el adorno era de ella y que me vaya a cagar.</p>
<p class="MsoNormal" align="center">Mimarido:<br />
&#8230; ¿Y le contestaste?</p>
<p class="MsoNormal" align="center">Carolina:<br />
Que cuide la coronita, porque podía tener un accidente.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
No te entiendo, Carolina. No te entiendo. Para qué te buscás problemas.<br />
Para qué hacés todo esto&#8230;.</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Yo sólo me quería reir. Y después no sé que pasó. No pude parar.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
¿Y ahora qué hacemos?</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Y no sé. Esperamos que nos conteste. ¿No?</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El banano</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2008 03:08:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>
		<category><![CDATA[- El banano]]></category>
		<category><![CDATA[carolina aguirre]]></category>
		<category><![CDATA[La peleadora]]></category>
		<category><![CDATA[Taxistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay un tipo de taxista patético pero inofensivo  llamado “el banano”, cuya única obsesión es demostrarle al pasajero que él está manejando un taxi por placer o casualidad, pero que en realidad podría hacer cosas mucho más importantes que yirar adentro de esa cafetera por el microcentro.
A diferencia de “El galán” (de quien hablaré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay un tipo de taxista patético pero inofensivo  llamado “el banano”, cuya única obsesión es demostrarle al pasajero que él está manejando un taxi por placer o casualidad, pero que en realidad podría hacer cosas mucho más importantes que yirar adentro de esa cafetera por el microcentro.</p>
<p>A diferencia de “El galán” (de quien hablaré más adelante), que vive para contar cómo las mujeres se le ofrecen en el taxi, el banano tiene una obsesión diferente. Al banano le gusta presumir en tercera persona. El no levanta. El tiene un amigo que levanta.  El no es millonario, pero tiene un amigo que sí. El no es famoso. El conoce famosos. A él le ofrecen negocios únicos, oportunidades doradas y sexo salvaje, pero él rechaza estas ofertas porque prefiere estar tranquilo y ahorrarse problemas.</p>
<p>Al banano le gusta jactarse, por ejemplo, de que un primo le consigue algo (champagne, perfumes, repuestos automotrices o celulares) casi gratis, de que lleva y trae a los hijos de algún famoso desde que eran chicos, o de que es amigo del niño cantor de “Grandes Valores del Tango” Ricardito Marín.</p>
<p>No importa por dónde derive la conversación. El banano se las ingenia para introducir a sus pasajeros famosos en la charla, aunque todos estén en silencio o hablando del granizo que cayó el año pasado.</p>
<p><span id="more-29"></span></p>
<p>En general arranca contando siempre lo mismo. Que tuvo pasajeros famosos y que con el correr del tiempo, luego de que él demostrara su honestidad, se hicieron amigos. Tan amigos, que  hoy en día cuando se van a hacer temporada a Villa Carlos Paz le dicen “Luisito, te dejo mi casa, cuídamela, negro”, que cuando choca lo exhortan para que se lleve la 4 x 4 y la ponga a laburar, o que le ofrecen ser el padrino de los hijos, gerente de un restaurante en la costanera, o manager de un grupo de música tropical.</p>
<p>Es tan vulgar, sin embargo, que en vez de inventar que es íntimo amigo de Isabelle Adjani, se jacta de llevar a las hijas de algún conductor de canal 9 de la década del ochenta, o de ser el mejor amigo de una de las cantantes de “Las primas” o el ex novio de una vedette segundona y arruinada que ahora se dedica a hacer un show erótico en el interior del país.</p>
<p>El último que me tocó, por ejemplo, era íntimo amigo de Nora Cárpena. Es más. Tantas veces dijo “Nora Cárpena” que cuando me bajé, estaba convencida de que Nora Cárpena era en efecto, alguien famoso.</p>
<p align="center"> Banano:<br />
Pero a las hijas las conozco desde pibitas, eh, casi soy padrino de una.<br />
Ella me decía: Luis, lléveme a las nenas al colegio y a la vuelta me las trae al teatro…<br />
Así de confianza me tienen, todos. Conozco a todos los artistas…</p>
<p align="left"> (Es notorio cómo utiliza siempre la palabra “artista”, “cantautor” o “intérprete” y no actor, director, músico. Acá alguno puede llegar a sacar una billetera con fotos con Silvia Suller o Cacho Castaña. A veces algún mago o conductor de cable.)</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Claro.</p>
<p align="center">Banano:<br />
El ruli, Badi, Velazco Ferrero, todos, eh. Somos como una barra. Velazco cuando estaba mal, venía a la parada, nos tomábamos un café y me decía “Luisito qué hago, qué hago”… Y yo que le voy a decir, porque yo tengo muchos amigos famosos, pero la fama es así ¿Viste?</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Claro.</p>
<p align="center">Banano:<br />
Te vas haciendo amigo porque los traes, los llevas, les hacés las compras y después sos como de la familia… Con Ricardito nos íbamos a Mar del Plata todos los sábados porque él hacía una cena show, allá, con el grupo “Los marplatenses”, y entre ir y venir, nos hicimos íntimos…</p>
<p align="left"> (Acá se prende un cigarrillo, pensativo, como si le estuvieran haciendo un reportaje, y en general, ese es el momento en el que se me van las ganas de seguirle la corriente y me empeño en demostrarle que es un imbécil y que está delirando).</p>
<p align="center"> Carolina:<br />
Claro.</p>
<p align="center">Banano:<br />
Si habremos hecho cada cosa. Si te cuento, no me vas a creer.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Seguro que no.</p>
<p align="center">Banano:<br />
Pero no cosa rara, eh. Nada de falopa ni nada.</p>
<p align="left">(No me pregunten por qué, pero casi todos los taxistas se refieren a todas las drogas como &#8220;falopa&#8221;)</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Claro.</p>
<p align="center">Banano:<br />
Es un pibe sano.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Ajá.</p>
<p align="center">Banano:<br />
Cosas de pibes, de solteros… Tu marido me va a entender.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Claro. Claro. Claro. Claro. Claro. Claro.</p>
<p>(Acá, cuando ya estoy a punto de ebullición, mimarido se agarra la cara, me mira enojado, y yo  revoleo los ojos, me encojo de hombros y miro por la ventana enojadísima porque no me deja ajusticiarlo)</p>
<p align="center">Banano:<br />
Una vez…</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Sí, una vez una millonaria se les desnudó en la calle.</p>
<p align="center">Banano:<br />
¿Cómo?</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
No empecés porque me bajo.</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Sí, sí, les llovieron billetes de cien dólares desde el hotel Hermitage.<br />
Hicieron saltar la ruleta, Ricardito Marín, Isidoro Cañones y vos&#8230;</p>
<p align="center">Mimarido (Coloradísimo):<br />
¡Te juro que me bajo, Carolina!</p>
<p align="center">Carolina (Protestando):<br />
Ajá, ¿Entonces? Una vez…</p>
<p align="center">Banano:<br />
Una vez Ricardito y yo, estábamos en una fiesta…</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Claro…</p>
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		<title>Aserrín de pollo</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Mar 2008 21:59:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La peleadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mimarido]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer fui a la rotisería con mimarido a buscar la cena. El pidió un sinfín de cochinadas y yo una ensalada que, entre otras cosas, tenía palmitos y pollo grillado.
Después de esperar veinte minutos en el mostrador, la comida apareció empapada de vapor y aceite de cocina. La suya era fea, pero la mía, aparte [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer fui a la rotisería con mimarido a buscar la cena. El pidió un sinfín de cochinadas y yo una ensalada que, entre otras cosas, tenía palmitos y pollo grillado.</p>
<p>Después de esperar veinte minutos en el mostrador, la comida apareció empapada de vapor y aceite de cocina. La suya era fea, pero la mía, aparte de tener unos tomates pasados, tenía una ralladura de pollo casi invisible, espolvoreada como nieve por arriba. Tanto mi marido como yo miramos la ensalada al mismo tiempo. Yo, indignada. Y él, preocupado anticipadamente.</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Te lo pido por favor. Solo agarrá la ensalada y salí<br />
caminando por esa puerta.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina (tragando saliva):<br />
Ay gordi no puedo. Si no digo la palabra “chorra” en<br />
los próximos diez minutos no puedo seguir viviendo.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Te lo pido por favor, solo llevate la ensalada.<br />
No volvemos nunca más y listo. Pero ahora<br />
llevate la ensalada y no pelees.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina (Angustiada):<br />
No sé, siento que si no le digo nada ella se sale<br />
con la suya, ¿Entendés? Mirá el anotador.<br />
Dice “pollo”. Dice “palmitos” y acá no hay nada de eso.<br />
Hay aserrín de pollo.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Por mí.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Quiero decir que “aserrín de pollo”.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Por mí.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina (Nerviosa):<br />
Ay, voy a tratar.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">La mujer volvió y empezó a enumerar.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Chorra:<br />
Entonces tenemos… un bife de chorizo, una ensalada… pspspsp pollo, pssos palmitos, psss extra de pollo, pssss, $29.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mi marido me miró con los ojos suplicantes.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¡Me está provocando!</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Vos podés, yo creo en vos.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina (Mirando a mimarido):<br />
No puedo, soy débil. La quiero ajusticiar. Perdoname. (A la chorra) Esa no es mi ensalada.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="left">Mimarido se agarró la cara y giró apoyando la espalda en el mostrador.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Chorra:<br />
Si, es esta.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
No, esta debe ser de otro cliente. Fijate si en<br />
tu anotador dice “Bandejón de sobras” o<br />
“Revuelto de inmundicias” o algo parecido.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="left">Mimarido sacó un billete de cincuenta y trató de pagarle igual</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
¡Si le pagás nos separamos!</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido (Tratando de no reírse):<br />
Te lo pido por favor. Llegamos a casa y la tiramos,<br />
pero vámonos.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina (Haciendo puchero):<br />
No puedo, Marti. Si no le digo “chorra” no voy<br />
a poder dormir.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido (entre dientes):<br />
¡Callate!</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Chorra.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Si lo repetís me voy.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Chorra. Chorra. Chorra.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido (Yendo hacia la puerta):<br />
Mirá que viva que sos, ahora vos vas a tener<br />
que cocinar.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Carolina:<br />
Supe que iba a cocinar desde que vi la ensalada<br />
sobre el mostrador.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Mimarido:<br />
Yo también. Pero en un momento creí que ibas<br />
a poder. Te tuve fe.</p>
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