M´hijo el dotor, mi padre… No sé.
Hace unos meses fuimos con una amiga a comprar un collar a Palermo y nos dimos cuenta que ya no sabíamos hablar español. A pesar de que toda la vida habíamos vivido en Argentina y que hasta veinte minutos atrás habíamos conversado en perfecto castellano con todo el mundo, ahí, en esa zona comercial, éramos como turistas extranjeras que miraban carteles con expresión confusa, rascándose la cabeza, tratando de dilucidar si estábamos en el lugar correcto o no.
La historia empezó así: nos encontramos en una esquina sin un plan establecido. Yo quería comprar un collar y ella unos aros largos para una fiesta, pero la idea era mirar vidrieras, dar vueltas, y ver qué había de nuevo. El plan, sin embargo, fracasó desde el principio. No sólo porque no sabíamos a donde ir, si no porque no podíamos averiguar qué vendían los negocios quehabía en nuestra cuadra.
La primera marquesina que vimos decía “Victoria Díaz. Objetos”, y como decía “objetos”, allá fuimos. Un collar definitivamente es un objeto ¿O no? Pero cuando llegamos, los objetos eran de otro tipo. Había almohadones, floreros y unas sillas plásticas bastante feas que no diseñó Victoria, sino una fábrica de San Martín que vende al por mayor.
El segundo, por suerte, parecía más convincente. “Adorada Primavera. Tendencias”. Tendencias, ahí sí. Tendencias es moda y moda es accesorios. Hay collares seguro. Así que fuimos. Pero también fallamos, porque había zapatos, alguna que otra cartera, billeteritas pop con fotos de revistas y tiras vinílicas de comics estampados.
Después vimos “Andrea Pardini Diseño” que era diseño de sillones y mesas, “Multiespacio Mariana López” que era un bar con exposición de fotos y feria americana de diseño, y otro que decía accesorios pero resultó ser un bazar muy moderno vendiendo utensilios de cocina y electrodomésticos cool, pero de collares ni hablar. O al menos nosotras no supimos jamás qué tenía que decir la marquesina de un local que vendiera accesorios. Quizás era “maquinaria pesada” o quizás era “material descartable quirúrgico”, pero como somos extranjeras en Palermo, jamás nos vamos a enterar.
Hasta hace un tiempo, la visibilidad de los negocios se reforzaba con carteles que pudieran ser divisados a lo lejos y que dieran cuenta de los servicios que ofrecía el local en cuestión. Había carteles luminosos que decían “Banelco” en los bancos, de Correo Argentino para los locutorios, o toldos de Coca Cola o Marlboro arriba de los kioscos. Algunos incluso iban más allá, y no sólo decían el nombre y el rubro, sino que también agregaban algunos productos o especialidades del local. (Kiosco Mario – Internet – Fotocopias – Panchos. Raul´s – Bistro y restorantino,. Imprenta González – Ploteados – Talonarios – Tarjetas personales).
Pero parece que desde hace tiempo los negocios suponen que la mejor estrategia es confundir a sus clientes potenciales con rubros dudosos que no terminan de explicar a qué se dedica esa empresa. Soluciones. Estrategias. Objetos. Tendencias. Espacios. Diseño. Networking consultants. Incluso los profesionales independientes y las empresas privadas se plegaron a esta ola de adivinanzas y ponen en sus tarjetas profesiones que nadie, ni siquiera ellos, comprenden demasiado bien. Juan Martínez. Corporate development for medium-sized companies. Luciana López. Estrategias empresariales. Lowenstein y asociados. Soluciones integrales de logística internacional. Lux: Sistemas inteligentes de almacenaje. Script. Virtual business strategies.
Cuando yo era chica, los padres de mis compañeros eran abogados, médicos, plomeros, comerciantes, choferes, psicólogos, y todos sus hijos podían decirte bien clarito a qué se dedicaban. Me pregunto seriamente qué dice el hijo de Juan Martínez y Luciana López en el jardín cuando le preguntan de qué trabaja su papá o su mamá. ¿Cómo explican qué hacen? Que me lo digan a mí, porque tampoco entiendo. ¿Alguien sabe, en sus familias, de qué viven? Supongamos que salen de casa a las nueve, van al gimnasio y llegan a la oficina bañados, felices y listos para trabajar. ¿Qué hacen? ¿A quién llaman? ¿Qué escriben en sus notebooks?
Yo no puedo creer que haya tanta gente convencida de que semejante superficialidad sin sentido es buena para sus negocios. Que ser moderno o estar a la vanguardia tenga que ver con ponerle un rubro inexplicable a su emprendimiento ¿Desde cuándo la palabra “bazar” pasó a tener lepra? ¿Desde cuándo decir pizzería, zapatería, asesoramiento o cualquier otro término claro y concreto es demodé? ¡Ni sus propios empleados pueden explicar de qué trabaja alguien que hace “Soluciones corporativas”!
En una época les pusieron nombres en inglés a los perros. Bobby, Fritzy, Daisy, Blackie, por ejemplo. Una década después, les empezaron a poner Geraldine, Jennifer y Brian a sus hijos, hasta que fue grasa también. Más tarde le pusieron Technical Support Agent o ejecutivo de cuentas a los telemarketers y gerente de logística al encargado de un depósito de bebidas. Y ahora le ponen nombres ridículos a sus negocios, que no entienden sino ustedes mismos . ¿Y para qué? ¿Para meter a los clientes en un negocio a comprar cosas que no estaban buscando? ¿Para poder comercializar cualquier disparate en el mismo local sin que parezca una feria americana? ¿Para cobrar escandalosos sobreprecios por ser modernos, vanguardistas y alocados?
Pero por favor. Esos nombres para lo único que sirven es para esconder que son unos buscavidas que se dedican a cualquier cosa, que venden de todo un poco como un bazar persa, y que no tienen ideas verdaderamente nuevas. Es cáscara, disfraz, pintura nueva para esconder las mismas viejas artimañas de siempre. La sobriedad es elegancia. No se olviden que hoy en día los perros que se llaman Daisy y las nenas que se llaman Jennifer son una grasada también.
- Publicado por La peleadora a las 04:12 pm
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April 30th, 2009 a las 8:54 am
pero entonces ? ya no hay libertad para parecer imbecil. Estoy de acuerdo en que muchos de los terminajos nuevos no existen en el diccionario del castellano, pero me parece que algunas palabras como boludo se incluyeron en el por uso y costumbre. O sea que ya no se puede tener un emprendimiento siendo rugbier (menos si se es un prizipe asul). jajaja
April 24th, 2009 a las 2:52 pm
Más grasa serás vos.
April 24th, 2009 a las 1:41 pm
genial man .
April 7th, 2009 a las 10:13 pm
Qué bien Gilmore Girls.
Debo ser el único hombre que miraba esa serie.
Terminan tomando café.