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OPINIÓN

Las liberaciones del 2J

El impacto del 11S en la política antiterrorista estadounidense y en el Plan Colombia. Por qué las FARC pasaron a ser un objetivo a eliminar por parte de la superpotencia. Por Fabián Calle *

02.07.2008
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A pocos meses de las elecciones presidenciales en los EE.UU. ya es un lugar común afirmar que los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001 fueron un factor que acentuó el desinterés de Washington hacia la región. Eso en gran medida es así, con una clara excepción: Colombia. Post 11/9 ese país andino y amazónico pasó a estar claramente dentro del mapa de operaciones de la superpotencia contra el terrorismo (por más que no tuviera ligazón con el fundamentalismo islámico).

El Plan Colombia aprobado a fines del año 2000 durante la administración Clinton y orientado hacia el combate contra el narcotráfico, mutó por decisión de la administración de G. W. Bush a mediados del año 2002 en un mecanismo especialmente orientado a neutralizar a los grupos armados colombianos y en especial a las FARC.

Para febrero 2003, el Departamento de Estado estadounidense dio a conocer el documento básico de combate al terrorismo internacional y le dedicó un especial párrafo al interés particular de la Casa Blanca en destruir a este grupo colombiano. Por si todo esto fuera poco, o sea estar bajo la mira directa de la principal potencia militar y tecnológica del mundo, la misma Colombia desde fines de la década de los ´90, durante la gestión del Presidente Pastrana, comenzó a asumir que algo se debía hacer para contener el creciente activismo de las FARC.

La decisión de incrementar el “pie de fuerza” de la Policía y de las FF.AA., que continuado por Uribe luego del 2002 llevó el total de efectivos de 250 mil a poco más de 500 mil y aumentar el gasto en Defensa y seguridad (de 3,5% del PBI a poco más del 6% el día de hoy). Desde el lado del Ejército colombiano, en los últimos esta fuerza desarrollo un amplio proceso de análisis y elaboración de una nueva doctrina contrainsurgente adaptada a las realidades del conflicto colombiano.

Si esta “alineación de planetas” contra las FARC no fuera suficiente, le llegada de Uribe al poder 6 años atrás marca el ingreso a la vida política de ese país de un hábil y carismático líder, heredero de un hacendado asesinado por esa grupo insurgente, y que vino claramente a romper diversos moldes políticos, comunicaciones y aun constitucionales del país. No casualmente es el primer mandatario en lograr una reforma para viabilizar la reelección, que sucedió en el 2006, en medio siglo.

Todo esto colocó desde el año 2003 a las FARC en un repliegue estratégico y las obligó a abandonar los ataques con 200 a 2000 efectivos que llegó a concretar en algunos frentes de batalla, algunos a 40 Km. de Bogotá, a fines de la década pasada y comienzos del presente siglo.

Debiendo pasar a operaciones con unidades muy reducidas y depositando parte sustancial de sus esperanzas en un hábil manejo mediático, psicológico y político de los “rehenes VIP” con que contaban. Eso se fue precipitando en el últimos meses con el “papelón” de la fallida entrega de las FARC del niño Emmanuel, los abatimientos de dos miembros de su Secretariado, la captura de la información que contendrían las ya famosas computadoras de Reyes con supuesta interacción cooperativa entre la guerrilla con Chávez y Correa, el fallecimiento de Marulanda y la reciente convocatoria del mismo líder venezolano a que abandonen la lucha armada.

La liberación “mano militar” de los 15 rehenes el día de ayer, es un capitulo más, y no menos importante, de este desbarranco de la más añeja organización subversiva de la región. Aun así la mayor parte de los especialistas serios, tienden a no creer en un colapso rápido y definitivo pero que las opciones para las FARC se reducen día a día y, desde ayer, más aceleradamente. Una vez más “el fuerte” de Uribe, la contraguerrilla, le da un activo político clave en su reciente crisis institucional con la Corte Suprema por la supuesta compra de votos en el Parlamento en el año 2004 al momento de aprobar su posterior reelección.

*El autor es profesor de la UCA y la Universidad Torcuato Di Tella

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