
Roos habla con pausas y frases cortas. Como si la charla fuera una caminata de conciencia que exige detenerse en cada paso. De esta misma forma Roos empezó a construir su mundo. (Fotos: Patricio Pidal)
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Roos habla con pausas y frases cortas. Como si la charla fuera una caminata de conciencia que exige detenerse en cada paso. De esta misma forma Roos empezó a construir su mundo. (Fotos: Patricio Pidal)
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Ya no quería recibir postales. Ese 1976, el año de sus veintiún años, Jaime Roos dejó Uruguay y se fue a Europa con una sola certeza. —Esta vez —se dijo— las postales las voy a mandar yo. Viajó por Holanda, Francia, España; se fue a dedo a México, Paraguay, Montevideo, Brasil y otra vez —a dedo pero en barco subió a Holanda; robó alimentos en los almacenes, picó cebollas, hizo changas, okupó casas, cantó en bares por el sándwich y la coca y cantó también —las vueltas de la vida— para los príncipes de Mónaco; y mientras sentía que el mundo también podía caber en la palma de su mano, Jaime Roos —joven, flaco, el bigote negro raleando sobre el labio— asistió a una impensada ironía: él, que se había ido para mandar fotos de Europa, no hacía otra cosa que escribir sobre Uruguay.
—Recién cuando me fui a vivir a Holanda aprendí lo que era Montevideo y supe ver a mi país a través de mi propia nostalgia. ¿Viste los cuadros impresionistas? Si vas al museo de Van Gogh, en Ámsterdam, podés ver la fuerza de los pincelazos del tipo: parecen piñazos. Y sin embargo nada de eso se siente si estás cerca de la tela. Pero te alejás cinco pasos y es una maravilla. Aparecen las formas, los lienzos machacados. Algo así me pasó con mi país.
Roos habla —o al menos lo hará durante la entrevista— con pausas y frases cortas. Como si la charla fuera una caminata de conciencia que exige detenerse en cada paso. De esta misma forma —a pie, a dedo, a escala humana— Roos empezó a construir su mundo. Y logró esto: durante los siete años que vivió en Europa hizo cinco álbumes —Candombe del 31, Para espantar el sueño, Aquello, Siempre son las cuatro y Nunca, nunca— de la treintena de discos que realizaría luego a lo largo de su carrera (entre originales, compilados y en vivo); desarrolló un lenguaje propio para hablar del barrio, la muerte, la fiesta y la distancia; se alimentó de los sonidos de la murga, el rock, la milonga, el tango y el candombe; y tramó las bases de lo que es hoy: un exégeta del pulso rioplatense; el cantautor —aunque a veces solo el intérprete— de clásicos orilleros como "Los Olímpicos", "Colombina", "Durazno y Convención", y una infinidad de otros temas que quedaron tallados en la memoria de dos países —Uruguay y Argentina— y que Roos volverá a cantar el próximo sábado 14 en el Estadio Luna Park.
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te escucho desde chiquito y sos un groso, gracias por tu musica!! :D
¡Por fin una tapa sobre un personaje que tiene ideas y tiene un arte para compartir! Gracias Crítica por no caer en la tilinguería de las revistas de actualidad, que decidieron que "actual" es una mezcla de culos y títulos rimbombantes.
Lo vi en varios programas opinando sobre nuestro pais y lo bien que estaba Uruguay. Mas alla de esas opiniones de superado que no concuerd, creo que es el ejemplo de lo que es vivir retrogradamente.
En Rosario la murga de Jaime Roos juega de local. Adoramos sus canciones!!!
Viva Roos!!! Tus canciones siempre conmigo.