
El viernes pasado escribí una columna –“Cero a la izquierda”– sobre el peligro de que el gobierno dizque progresista de los Kirchner abra el camino a un gobierno más brutalmente de derecha. Me sorprendió la cantidad de comentarios de lectores que insistían en que ya no hay derecha ni izquierda: que es un concepto antiguo. Como decía uno de ellos: “¿Izquierda/derecha, qué es eso? No busquemos tan lejos, la solución está en respetar la Constitución: instituciones fuertes, división de poderes, federalismo, reglas de juego para invertir, aseguramiento estatal de igualdad de oportunidades de alimentación, educación y salud, democracia representativa, alta participación ciudadana. Es decir, la solución es una república, siempre perfeccionable, lejos de los déspotas. En Canadá y Australia no saben de derechas e izquierdas”. Me impresionó que un joven educado pudiera decir eso: una prueba más de cómo la derecha se apoderó del discurso general. En su definición de una “República como Canadá y Australia” –que, de paso, no son repúblicas sino monarquías constitucionales– hay pautas que parecen tan amplias y son tan limitadas: “Reglas de juego para invertir” es algo que sólo una sociedad capitalista de mercado puede necesitar. Y la izquierda –o lo que muchos entendemos por izquierda– define al capitalismo de mercado como el modo en que unos pocos se apropian de las riquezas de todos.
Pero el discurso de la derecha contemporánea consiste en decir que hay un solo camino y que, por lo tanto, todos dicen lo mismo. Es insostenible: la izquierda y la derecha existen y son completamente diferentes. Me parece increíble escribir esto –y sin embargo tantos lectores escribieron lo contrario. Es cierto que el concepto de izquierda es confuso: años de derrotas, versiones, fracciones, vueltas y revueltas lo han complicado mucho. El viernes pasado traté de explicar qué decía cuando decía izquierda con una pequeña lista obvia, y varios me dijeron que sus puntos eran tan de izquierda como de derecha.
Por eso van aquí algunos ejemplos a propósito de aquella lista: ciertos puntos muy básicos para establecer diferencias. Allí decía que cuando digo izquierda hablo de los que eligen creer que no tiene que haber ricos y pobres –que la diferencia entre los que tienen más y los que menos, si la hay, debe ser muy escasa. (La derecha nunca tuvo problemas con que haya ricos y pobres. Suele presentar la riqueza capitalista como recompensa del esfuerzo; Marx la describió como una forma de apropiación de la fuerza de trabajo ajena, y la izquierda cree que debería desaparecer. Muchos creemos que no debería existir la propiedad privada: todo es de todos y cada cual lo usa como necesita. Es difícil imaginarlo; también era difícil imaginar un mundo sin esclavos o sin reyes).
Que todas las personas deben tener las mismas posibilidades de alojarse, curarse, aprender, trabajar, desarrollarse, y que el Estado sirve para garantizarlo. (La derecha propone, en todas partes, que el Estado debe inmiscuirse lo menos posible en esas cuestiones. En el país más rico del mundo, Estados Unidos, la derecha en el poder ha conseguido que haya más de 30 millones sin cobertura médica, y lo defiende. En Buenos Aires, la semana pasada, el gobierno municipal retiró las becas de 30 mil chicos pobres).
Que debe haber formas reales de participación de los ciudadanos en las decisiones políticas y en el control del gobierno. (La derecha trata de limitar esa participación a la pura delegación –cuando no se erige en dictadura– y habla siempre de esas “instituciones fuertes” que usa para controlar a la población o para desinteresarla de la política. La izquierda cree en la política como participación –aunque muchos gobiernos que se dijeron de izquierda llevaron la tiranía a límites inmejorables.)
Que la Justicia debe hacer justicia. (La derecha querría que este mismo sistema judicial funcionara con más premura y transparencia. En este sistema judicial un rico con un abogado caro tiene una ventaja absoluta sobre un pobre. Y lo que se llama justicia es una construcción ideológica que defiende la propiedad privada, la autoridad, la familia, esas cosas.)
Que ninguna institución religiosa o militar o económica puede imponer sus normas a los ciudadanos. (En la Argentina actual, por ejemplo, el Gobierno permite que la Iglesia le fije la agenda en muchos temas: la cuestión del aborto, entre otras, desapareció del discurso oficial porque Roma lo impuso, y no sólo en Mendoza. Un gobierno de izquierda convocaría a referendos sobre los temas en debate y dejaría que la población decidiera.)
Que el nacimiento, el género, las preferencias sexuales no deben definir el tratamiento que cada cual recibe de los otros. (En los últimos años, la derecha ha oído estos planteos; el resultado es la fantochada de la corrección política, por la cual un negro pasa a ser un afrodescendiente –aunque siga igual de pobre. En la Argentina, por ejemplo, es delito llamar bolita a un boliviano –pero no es delito hacerlo trabajar diez horas diarias por un salario ínfimo.)
Que las personas son más importantes que las patrias. (La patria siempre ha sido el refugio de los canallas de la derecha. En la Alemania de Hitler, la España de Franco, la URSS de Stalin, millones murieron “por la patria”. Aquí, un partido bastante popular definió que primero estaba la patria, después el movimiento, al final los hombres.)
Y esta idea de que no hay izquierda ni derecha tiene un corolario habitual, que un lector retomó con una frase muy en boga. Dijo que “la honestidad no es de derecha ni de izquierda”, y le agregó “como un globo no es ni rojo ni azul, es un globo”. De acuerdo: un globo es un globo, una bolsa de plástico con su boca chiquita que, soplado, guarda aire; el aire lo redondea y le da esa forma que solemos identificar con la palabra “globo”. Todos los globos son eso, pero un globo rojo dice lo contrario que un globo azul en la cancha de Boca, por ejemplo, o en cualquier otro lado. El ser rojo o el ser azul hacen que el globo –que sigue siendo un globo– tenga significados completamente diferentes: realice acciones diferentes.
La honestidad es esa cualidad de quien no quiere apoderarse de lo que no le corresponde por ley o por moral o por costumbre. Y, por extensión, la cualidad del que administra la cosa pública sin aprovecharla para mejorar su cuenta corriente. Pero quien administre muy honestamente en favor de los que tienen menos –dedicando honestamente el dinero público a mejorar hospitales y escuelas– será más de izquierda; quien administre muy honestamente en favor de los que tienen más –dedicando honestamente el dinero público a mejorar autopistas, trenes bala, teatros de ópera– será más de derecha. Quien recaude muy honestamente, sin quedarse con nada, impuestos al consumo de leche y fideos será más de derecha; quien recaude muy honestamente, sin quedarse con nada, impuestos a la renta financiera será más de izquierda. Y sus gobiernos, tan honesto el uno como el otro, serán radicalmente distintos. La honestidad –y la voluntad y la capacidad y la eficacia– son sólo una base. Si existen, deben ponerse al servicio de alguna concepción del mundo: serán, forzosamente, de derecha o de izquierda.
Como todo el resto.
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estoy totalmente con vos ......claro soy de esa decada que creiamos que la revolucion estaba en la esquina ...ja pero le agregaria a esos analista de derechas ....que necesitan del olvido de la gente sino fijate esto que paso no hace mucho. cobrar con letras de cambio (lecop,lecor,patacones) y terminar confiscando los plazos fijos en dolares etc. Estos son los que aun opinan sobre las medidas que se toman para mejorar una economia que su propia idiologias nos llevo. Por supuesto que necesitan negar toda realidad ....sino tendrian que reconocer que estan totalmente desorientados. un saludo
Caparros anda a vivir a cuba! vende tu BMW verde, tu casa y que Fidel te de una casa como la de cualquier CUbano, trabaja como cualquier cubano (no de escritor, de LABURANTE) y despues explicame con que mano te rascas la cabeza izq o derecha.
evidentemente aquel que queira no ver las diferencias, que entre otras marca (con escueta profundidad teórica pero con rico significado periodístico)caparrós, esta absorbido ya sea de forma consciente o inconsciente por el discurso de la derecha que tiende a lavar las manchas de las ideologias, esto es producto de mucho años de culturización que los sectores más conservadores del mundo, que como es claro, son aquellos que más poder politico- economico concentran,el diario crítica , más allá de la oxigenación que le pueda dar caparrós con este tipo de notas , es un diario funcional a la dercha de éste país, por suerte el conflicto del campo dejo en evidencia sectores y personas que estaba arropada con el traje del progresismo y que en su desnudez no son otra cosa que complices de su propio interés, siempre mezquino y mucha veces patético, el caso del director de este períodico es la exsaserbación del patetismo peridístico cuya cara más triste, es la caida de la convicción
Ale42, la objetividad no existe, no somos objetos sino sujetos. Izquierda y derecha son ideologías llevadas a la práctica por sujetos. Decime cuál es el país con un gobierno de izquierda que respete los derechos de los ciudadanos, donde no haya abuso de poder, donde la libertad no sea solamente una palabra en el diccionario, donde de verdad se reparta la riqueza. La izquierda es una utopía y está bien, soñar lo que no existe es el primer paso para concretarla. A lo mejor hay otra confusión y es creer que votar a un partido político nos convierte en esa ideología, cuando esa ideología se puede practicar diariamente prescindiendo, o a pesar, de los gobernantes de turno. Culpabilizar a la derecha es un recurso facilista, como el adolescente que culpa a sus padres de todo. Como izquierdista, pienso que nos hace falta un poco de autocrítica.
Martin un capo como siempre y creo que el tener que escribir sobre esto, y algunos de los comentarios son una demostración que la derecha anda con ventaja, me parece que se sigue confundiendo Politíca con Partidos Políticos, se mezcla lo personal con el análisis, no hay objetividad, la experiencia personal prima sobre la general, no por casualidad , obra maestra de la derecha gracias