Bambalinas / Edición Impresa
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El chino Burgo

Por Roka Valbuena
04.08.2008

El subeditor de Deportes, Andrés Burgo, en estos precisos momentos debe estar en Pekín, China. Tomó un avión el día viernes y, tras dar la vuelta al mundo en veintitrés horas, sentado en el mismo asiento, llegó a esa ciudad para de forma inmediata ponerse a pelear karate con el jet lang. No sabemos, con certeza, qué estará haciendo en estos momentos. Suponemos que estará comprando con desesperación un mapa de la ciudad o que estará tratando de hablar inglés con los chinos o les estará haciendo gestos con las manos para preguntarles dónde hay un baño. Lo único que se puede afirmar con exactitud es que Andrés Burgo será el representante del diario Crítica de la Argentina en las Olimpíadas de Beijing.

Unas horas antes de que partiera al otro lado del planeta, el subeditor estaba en su escritorio poniendo la misma cara de relajo que pone todos los días en la Argentina. Al cronista de Bambalinas eso le llamó la atención. “¿No está nervioso, Burgo?”, “Para nada, boludo. No he tenido tiempo para pensar en China”, dijo el periodista. En ese instante Bamba lo trasladó, con retórica, a China. Burgo y el cronista iniciaron una conversación sobre los chinos y su influencia espiritual y ambos, muy serios, acordaron que China es un país lleno de sabios. Burgo, luego, dijo que le gustaba mucho viajar por el mundo. Burgo una vez, tiempo atrás, estuvo en la India y, al parecer, salió fortalecido de esa experiencia. Pero su viaje, en esta oportunidad, no sería de turismo místico. Burgo iría a competir a las Olimpíadas en esa terrible competencia que se desata entre todos los periodistas del planeta que van a cubrir la misma noticia.

En un momento de esa charla, en un reflejo periodístico, Andrés Burgo abrió un cajón y sacó cuatro carpetas gordas, llenas de recortes de prensa deportiva. Burgo dijo que durante las veintitrés horas del vuelo se iba a concentrar en la lectura de esos artículos y así, alimentado con todos esos datos, podría augurar con más antecedentes el posible éxito del cinco por ciento de la delegación argentina. “Y, por ahí el básquetbol saca algo. El fútbol también. ¿Las Leonas? No sé, che. Eso no lo veo claro”, dijo Burgo. Y luego hizo una apuesta extravagante: “En el dobles de tenis hay medalla, che. Lo firmo”, lanzó y Bamba rió porque pensó que era un comentario sarcástico.

En todo caso, lo que en estos días ha tenido muy atento a Burgo no son las proezas físicas del deporte, sino la proeza biológica de un animal: su gata está embarazada. Eso lo tiene preocupado. Y cuando habla de su gata la angustia lo consume de tal forma que su cara se aprieta y Burgo, en una curiosidad olímpica, se transforma en un chino de ojos azules. Y tal vez por eso, por complicidad felina, Burgo no tiene reparos para decir esto: “Quiero comer perro en China, boludo”. Y tampoco descarta comer cangrejos, serpientes, gusanos, ratones a la mostaza y hormigas a la parrilla. Burgo va dispuesto a todo, y no dudamos de que obtenga una medalla al valor estomacal.

Y, bueno, le tenemos fe al subeditor que por treinta días debe estar en Pekín. Ahora por alguna de esas calles, caminando de la mano del sueño, debe ir Burgo, el chino de ojos azules, el rapado monje shaolín que calza Converse, nuestro hombre, nuestra carta de triunfo en la dura competencia que tendrán los reporteros del mundo que cubrirán estas nuevas Olimpíadas.
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