Mamá y papá. Nancy Cravena y Alejandro Mañanes diseñaron y construyeron el toro inflable para una muestra de Expochacra a fines de los 90.
El Torito Alfredo, a medio inflar, flamea, cambia de gesto: está enfurecido, luego adusto, más tarde amigable. Bastante parecidas a las variaciones del modelo original, Alfredo De Angeli, durante el conflicto agrario. Una vez que la turbina eléctrica lo llena de aire, se fija su cara severa. Pero de golpe, un viento inesperado lo levanta, lo ladea, se desengancha y vuela por el aire. Termina incrustado en un árbol con una seria herida en un costado. ¿Murió? No. Nancy, una de sus creadoras, lo cose y el torito inflable de cinco metros de alto revive.
Alejandro Mañanes, de 46 años, y Nancy Cravena, de 36, son pareja y padres de la criatura que se hizo famosa en la carpa de los ruralistas. El globo atrajo a chicos, fotos, medios, pero de plata, nada. “Nos prometieron plata pero se hicieron los boludos. Encima, De Angeli nunca se sacó la foto con el Torito”, se quejan.
Alejandro y Nancy se dedican desde hace 15 años a lo que llaman el “arte intruso”. Es decir, además de obras de arte inflables, se dedican a percibir el “sentir popular” e “instalar” símbolos en el lugar justo y el momento adecuado. En sus propias palabras, lo de ellos “es el quilombo”.
Al Torito Alfredo, azul y negro, de cuernos blancos y boca roja, la fama le llegó con 10 años de vida arriba del lomo. Lo fabricaron para una muestra de Expochacra en Santa Fe, pero “no generó nada entre la gente”. No era “su” momento, aún. Igual, les ahorró el hotel: durmieron dentro de quien sería Alfredito mientras duró la exposición.
Diez años después, en su casa de La Plata que es taller y depósito, la pareja vio por tele “toda la violencia” que hubo en el desalojo de chacareros en Plaza de Mayo, comandado por Luis D’Elía. A la pareja no le “va el autoritarismo” y, entonces buscó promover un sentimiento contrapuesto. “El Toro sirvió para revertir una situación belicosa”, aventuran.
Ellos trabajan a pedido pero también, y esto es lo que más los estimula, “crean” y “el lugar en el mundo que ocupará” su obra surge después. “Es más fácil hacer que explicar. Una vez que creamos, aparece la necesidad”, teoriza Alejandro.
“Al principio, los ruralistas de la carpa verde nos miraban desconfiados. Nos avisaron que no había plata, como si hubiéramos ido por el mango”, admiten. Enseguida, el globo fue un suceso. Los militantes K “jugaron a ver quién la tiene más larga”, relata Mañanes, y respondieron con el pingüino inflable, “una berretada en términos artísticos”.
El primer fin de semana de la “guerra de carpas”, Alejandro y Nancy faltaron a la Plaza del Congreso. “¿Dónde se fue el Torito?”, se preguntaron los ruralistas. Incluso les prometieron abonar el servicio inflable. Volvieron pero la plata no apareció. “Eduardo Buzzi (presidente de Federación Agraria) nos lo prometió, pero ni una moneda. No importa. No nos desespera la plata”, dice Mañanes.
El último día de la carpa verde en la Plaza del Congreso,
el Torito Alfredo volvió potenciado junto a su mellizo, el Atilio, igualito pero negro. El globo es mellizo y, como corresponde a su condición, también nació hace 10 años.
Entre las viejas obras de esta pareja, una de las más reconocidas en el país en lo que respecta a la creación con globos, hay verdaderos hitos. En 1995, hicieron –y, luego fueron contratados por el candidato presidencial José Bordón– una mano abierta gigante, luminosa, que saluda al viento y en su palma dice “Chau Menem”.
Su creación más impactante fue un pene enorme que, al calor de los cacerolazos de 2001, fue usado para golpear las puertas del Banco de Boston, en Florida y Diagonal Norte, con la leyenda “Pesificación, las pelotas”. Allí, Mañanes pudo percibir en carne propia “la necesidad de liderazgo que tiene la gente”.
Después de incesantes golpeteos con el artefacto a la elegante puerta del banco, los ahorristas enardecidos preguntaron al artista: “Y ahora, ¿cómo seguimos?”. Mañanes contestó: “¡Y yo qué sé!, yo sólo traje una poronga gigante”.
De Angeli le pidió a Néstor Kirchner que “deje gobernar a Cristina”
Desde Gualeguaychú, la ciudad desde donde salió a recorrer el país luego del 11 de marzo, el titular de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo De Angeli, reclamó ayer al ex presidente Néstor Kirchner que “deje gobernar” a Cristina, su esposa y actual jefa de Estado.
De Angeli avisó, además, que la semana próxima intentará reunirse con el vicepresidente Julio Cobos, cuyo voto provocó la derrota del proyecto de ratificación de las retenciones móviles que pretendía imponer el kirchnerismo, resaltó que tras esa sesión del Senado “ha cambiado el ánimo de la gente”. “Ésa es la paz social, eso es lo que no ven los Kirchner”, consideró el dirigente ruralista.
“Le pediría a Néstor Kirchner que la deje gobernar” a su esposa; “nos interesa que hable la Presidenta, si es que tiene intención de destrabar el conflicto”, enfatizó. “Si el Gobierno necesita fondos, también están la minería o el juego”, propuso el entrerriano.
El decreto que anunció que se derogarán las retenciones móviles –tal como habían reclamado De Angeli y las entidades del campo– fue recibido con moderados festejos en varias localidades del interior.
En el Túnel Subfluvial, en Paraná, los productores se unieron para celebrar, y lo mismo sucedió en Rafaela, San Justo y Reconquista, en Santa Fe.