Culturas / Edición Impresa
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qué consumen los chicos en televisión; los gustos según la edad

La pregunta del millón: qué ves cuando me ves

Esta noche culmina Bella & Bestia, la novela que terminó cautivando a un público infantil. Opinan los guionistas

06.06.2008

Inspirado en Homero. La guionista cuenta que el personaje de Damián De Santo tiene elementos Simpson.

Programas pensados para grandes que devienen en íconos del público infantil, ciclos para chicos tan diferenciados que terminan mareando a los adultos –que ya no pueden seguir el ritmo de las tendencias que marca el jardín de infantes– y una iniciación de los espectadores cada vez más precoz. Está claro: con el pase del control remoto a las manos de los más chiquitos, la televisión se complejizó (todavía) más. Vale la duda, entonces: ¿cuáles son los hits hoy para cada edad?

En el comienzo fueron los Teletubbies –esos bichos de colores que balbucean– los que instalaron la idea de que los bebés, incluso antes de dejar los pañales, ya pueden comenzar a formarse como televidentes que merecen programas propios. Ahí fue cuando los esperadísimos dibujitos animados que venían antes del noticiero de la mañana en los canales de aire (y que apuntaban tanto al público del jardín de infantes como a los chicos de primaria avanzada) dejaron de hablarle a todos por igual. Y la segmentación no sólo trajo propuestas muy específicas para todas las edades, sino también canales propios. Si hasta los bebés hoy tienen sus señales: al precursor Discovery Kids (que mide en promedio 1,07 puntos de rating y apunta a los chicos de dos a cinco años) se sumó, la semana pasada, Playhouse Disney, que intentará quitarle el podio al gran hit, Backyardigans, “la serie musical animada de Discovery sobre cinco amigos en edad preescolar que confían en su imaginación para vivir aventuras épicas”.

“La audiencia a la que se dirige Backyardigans está compuesta por niños de 2 a 6 años. Entre la variedad de elementos que la hace atractiva está la excelente musicalización (que abarca géneros como el reggae, el rockabilly, la bossa nova y el hip hop), una animación de óptima calidad muy diferente de la de otros programas infantiles, personajes hermosos y los componentes de danza (con coreografías en tercera dimensión), exploración y aventuras. En conjunto, es un producto muy acorde con la filosofía del canal de entretener y educar a los niños. Su éxito no sólo ha cumplido nuestras expectativas, sino que las ha superado notablemente”, analiza Bilai Joa Silar, vicepresidenta y directora de Discovery Networks Latin America. “Los niños hoy en día son muy perceptivos; están muy informados y reciben la información a través de diferentes plataformas.”

“A partir de los cinco años, los chicos empiezan a engancharse con las telenovelas infantiles, que tienen un relato narrativo que combina drama, comedia, humor y amor, todo eso mezclado con videoclips. Y que, por supuesto, tienen infinidad de productos colaterales, porque los programas que hoy funcionan con altos niveles de rating no pueden pensarse como simples programas de televisión, sino más bien como productos pluriformes: TV más revista más CD más teatro”, explica Valeria Dotro, licenciada en Comunicación especializada en Infancia y Televisión.

Siguiendo ese arquetipo –que en la Argentina comenzó en 1995, a partir de Chiquititas–, Patito Feo se convirtió en uno de los grandes éxitos televisivos de 2007, que ya viajó a España y se empezará a emitir en Italia a partir del lunes que viene. De este lado del mundo, el programa atraviesa su segunda temporada (que mide alrededor de 11 puntos de rating) para fortalecer los lazos con su viejo público y captar a nuevos minifanáticos de más de cuatro años.

El fenómeno Patito funciona así: primero son las canciones las que se instalan en las cabezas de las niñas de jardín de infantes. Pero atención, padres: una vez que las chicas descubren que las melodías que cantan las Populares y las Divinas también salen en televisión, la obsesión por ellas puede volverse enorme. Como ejemplo vale recordar a las 60 mil personas que fueron a ver a la mini Betty la fea (Laura Esquivel) y su archienemiga (Brenda Asnicar) en el Monumento a los Españoles el pasado 19 de abril, en el show que funcionó como lanzamiento de la segunda temporada.

“El programa tiene cautivo, sobre todo, al grupo de chicos más chicos. A los 11 o 12, como mucho, ya se interesan por otras propuestas y empiezan a ver, por ejemplo, Casi ángeles”, explican Mario Schajris y Marcela Citterio, guionistas de Patito. Y siguen: “Es posible que el público más grande que miraba el programa el año pasado haya buscado otras opciones este año. Pero también se sumaron nuevos chiquitos, porque las mamás nos eligen tentadas por seguir la historia de Griselda Siciliani y Juan Darthes”.

Las razones de la diferenciación de targets para las propuestas de Telefe y Canal 13 (que compiten a las 18) pueden encontrarse en las problemáticas que eligió abordar cada una: “Los adolescentes están con otros temas en la cabeza, ligados, por ejemplo, a la sexualidad. Y nosotros no nos metimos con ese universo”, analiza Schajris.

Un poco antes del salto a la secundaria, la atención vira hacia Casi ángeles (que en su segunda temporada logró ganarle a Patito y lidera su franja con un promedio de 15 puntos). El de Cris comenzó a ser el obligado de la tarde púber gracias a las canciones de Teen Angels (la banda musical que nació con el programa pero que casi tiene vida propia). La fuerte impronta popera del programa ayuda a definir lo que vendrá en la urgencia por ser adolescente: la elección del universo musical y a partir de eso, la pertenencia a una tribu.

Los integrantes de Casi ángeles, pura rebeldía ensayada, despotrican contra el colegio privado en su tema Nenes bien. Paradójico si se tiene en cuenta que son en su mayoría los preadolescentes ABC1 los que llenan las salas del Gran Rex en vacaciones de invierno, pero entendible desde la lógica provocadora de casi cualquier teen. “La banda engancha a los adolescentes”, confirma Leandro Calderone, guionista del programa. Y sigue: “Pero los más chiquitos también nos miran por una cuestión aspiracional. Y, a diferencia de lo que pasaba con Chiquititas, que era sólo para chicas –a los varones les daba vergüenza decir que lo miraban– éste se convirtió en un programa para todos. Es que en Casi ángeles hay mucha aventura y cuestiones ligadas a la amistad, no sólo romance”.

Pero no sólo de productos exclusivos para ellos se alimentan los más pequeños. B&B, entonces, funciona como último exponente de ese ya no tan extraño fenómeno de los programas para adultos que terminan adoptando como propios los más chicos de la familia. Para Schajris, no es una novedad que las propuestas de la hora de la cena conquisten al público infantil y posadolescente. “Yo trabajé en Los Roldán y en ese entonces ya teníamos la percepción de que eran muchos los chicos que miraban el programa. Siempre hubo un grupo grande de niños delante de la tele a las nueve de la noche”, asegura.

Dotro coincide: “Los estudios de mercado han descubierto hace rato el poder de decisión que tienen los chicos en el consumo familiar y los programas pensados para adultos comenzaron a incluir alguna variable que captara a los más chicos: desde el dinosaurio Bernardo en VideoMatch hace más de diez años, los talentos de Susana Giménez o la participación de los chicos en cada vez más ciclos, casi toda la televisión parece haber decidido hablarles directamente a ellos”.

Los niños salvaron a Bella & Bestia de la hoguera

Las razones por las que los chicos se enganchan con un programa son a veces muy meditadas por los autores y otras, simplemente, resultan. Según Lily Ann Martin, guionista de la sitcom B & B (Bella & Bestia), junto a Solange Keoleyan, el ciclo de Telefe que termina hoy fue pensado para toda la familia a la hora de la cena, con romance y travesuras para distintas edades. “Jugamos mucho con la burla a los padres, que no son infalibles y se equivocan. Muchas veces los roles se invierten y los hijos mandan o son los responsables –dice al referirse a los guiños para chicos–, tal como pasaba con Benny, que tiene mucho de Homero Simpson porque es vago, toma cerveza, etc. También tomamos de Los padrinos mágicos (serie animada producida por Nickelodeon). Los chicos se ríen mucho de eso. Y la música es otro de los ítem fuertes para ellos.”

La guionista es mamá de un nene de cinco años por lo que es consciente que B & B era seguida en gran parte por un público infantil que llevó su rating promedio a 13 puntos. Sin embargo, tanto ella como el protagonista Damián De Santo niegan que se hayan acomodado a esta demanda.

“Eran 130 capítulos que ya estaban escritos, nunca se modificó nada. Es cierto que se hizo pensando sobre todo en adolescentes y se engancharon mucho los chicos. Lo sé porque tengo un hijo de 7 años que miraba B & B, igual que mira Casi ángeles, Los Simpsons y otras veces Bob Esponja, según como se siente. Creo que hoy programas como La ola verde no funcionarían, y si a Piñón Fijo le fue bien se debió a que no era un payaso convencional. No hay que subestimar a los chicos, que son más perceptivos de lo que muchos creen”, explica el actor.

El fenómeno multitarget: Simpson para millones

El caso más extraño de consumo infantil es, paradójicamente, Los Simpson. Si la serie tuvo éxito entre los adultos –a quienes iba dirigida–, era porque esos adultos pertenecían a la generación que ya no vio como algo infantil el dibujo animado, los que los incorporaron como parte del paisaje y no como jardín de infantes televisivo. Al mismo tiempo, los chicos comenzaron identificándose, en especial aquellos de diez años en adelante, con el travieso y genial Bart. Pero después sucedió algo extraño: cada vez los ven chicos más chicos, incluso de jardín de infantes.

Algunas de las respuestas posibles son las siguientes: que Los Simpson es la única serie de animación que cualquier adulto se jacta de ver sin ningún tipo de vergüenza (hasta con el orgullo de compartir un fenómeno masivo y de culto) y, por lo tanto, la comparte con los niños, volviéndose una actividad familiar. Que sus colores planos y sus formas simples presentan estereotipos visuales a los que es fácil seguir. Y, último pero no lo último, que representan ese espacio donde los más chicos ven, por un momento, que los adultos se portan como ellos.

Porque, después de todo los responsables de la serie, con Matt Groening a la cabeza, pertenecen a esa generación, hoy entre los 35 y los 50, que adoptó el dibujo animado –Los picapiedras mediante– como un modo válido de mirar el mundo.

En Los Simpson –es el orgullo de sus creadores– se combina el humor adulto, las relaciones complejas y también el golpe y porrazo de la noble tradición Correcaminos-Coyote. Lo que se dice una serie realmente apta para todo público.
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