Napoleón Zoilo
13.05.2008
No sé si es la perfecta organización de los elementos de la plantilla del blog (título centrado, bajada ganchera, foto elocuente, botones que llevan a quien escribe y a la información original) o el tópico tan ajustadamente elegido lo que me hizo pensar desde la primera vez que lo visité que se trata de un blog a pedido. Sí, igual que cuando compramos el último libro de nuestro autor de cabecera y en la segunda página nos damos cuenta de que es el deseo hecho carne del editor.
Algo parecido me pasó con Ciegaacitas.com. Después de repasar casi todos los posts me convencí de que la historia de LG (encontrar un novio normal en 258 días para llevarlo al casamiento de su hermana y ganarle una apuesta a su madre, que la ve como una loser) es acaso falsa, pero no por eso menos divertida. Los posts se dejan leer sin esfuerzo, quien está detrás de ellos tiene un manejo eficaz de la escritura y hasta, intuimos, un futuro de papel para los textos de la bitácora.
LG dice ser periodista; 30 años, soltera. “Mi vida no está en su mejor momento: vivo sola en Almagro, gano una miseria, tomo doce tazas de café por día, miro demasiada televisión y debería bajar unos cuantos kilos”, fue su carta de presentación. Sola, gorda, deprimida y sin un hombre, la joven está dispuesta a desafiar la maldición de su mamá y, sobre todo, a conseguir que ésta se haga cargo del costo total de la fiesta, como prometió. Eso sí, no se permiten atajos: llevar un gay, un compañero de trabajo o un novio contratado.
La galería de candidatos se divide en “Eduardo, el contador”, “El loquito del celular”, “Ezequiel de Robotech”, “Fede el cara de nena”, “José palo y a la bolsa”, entre otros arquetipos de la certera LG. Ciegaacitas.com funciona desde noviembre de 2007. Nos anuncia que le quedan 58 días a este folletín digital, pero sabemos que hay un final asegurado (feliz o no) en agosto de este año, cuando se case la hermana.
Pero vuelvo a la primera idea, la del blog a pedido: entregas regulares (rara vez LG retrasa el posteo más de un par de días) y, por qué no decirlo, también me sorprendió que a una persona le pudieran pasar tantas cosas juntas. Si alguien lo pidió, ¿quién? ¿Se trata de una estrategia bizarra de Alberto Cormillot e hijo para captar gorditos? (las referencias a la comida, la panza y los kilos de más son recurrentes): “Esta semana venía bien hasta que me choqué con la pastafrola”, “tendría que haber matado a mi madre y a mi hermana, pero en vez de apuñalarlas, me comí medio lemon pie y lloré”.
El carcomido límite entre ficción y realidad de LG también alimenta la teoría del blog a pedido. Ahí están los comments: “Esto no puede ser cierto, está armado”, dice uno. Pero también: “Tu mamá es un monstruo”, “llamame, me encantan las gorditas”. Y así, los comments trepan de 159 a 580 por entrada. Porque para la lógica de la mayoría de los blogs con comentarios sin filtro no importa que se opine bien o mal, sino que se opine y sume. Casi como lo que se espera de los libros a pedido: que vendan.
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LG ya cosechó una especie de club de fans. Se abrieron otros espacios que se dedican por un lado a nuclear a los seguidores del folletín digital (Comunidad LG) y, por otro a discutir los pensamientos de LG (Pensando a LG). Incluso hay una bitácora que denuncia los plagios sufridos por LG, como el que acusa de “ladrona” a una periodista de un matutino porteño que tiene su espacio digital en el sitio del diario.
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