Guarden los afiches. Agrupaciones tradicionales como el Partido Obrero, pero sin peso de afiliados, no llegarán a competir.
La cantidad de afiliados que exige el proyecto oficial de reforma política para que un partido sea una fuerza nacional es un traje muy holgado para la mayoría de las pequeñas fuerzas opositoras. La condición de tener el 5 por mil del padrón electoral en cinco distritos y el uno por mil del padrón nacional dejaría en competencia sólo a 151 partidos de las de los 746 existentes. En ese punto radica la crítica de la oposición que asegura que “la reforma está hecha a medida del justicialismo y el radicalismo”.
Son muchos los ejemplos de partidos que deberán repensar su existencia si es que el kirchnerismo logra que su proyecto se apruebe sin modificaciones. Desde el MST que conduce Vilma Ripoll hasta Proyecto Sur de Fernando “Pino” Solanas y Unión-PRO de Mauricio Macri y Francisco de Narváez, revelaciones de las últimas elecciones. Entre los que si califican, cómodos, figuran el PJ, la UCR, el Partido Socialista y Coalición Cívica ARI.
Cuando el debate de la reforma política llegue al Congreso, las fuerzas que no alcanzan la cantidad de afiliados intentarán introducir cambios en los artículos en los que el oficialismo fija los pisos necesarios. “Si no se mueve esa cantidad de afiliados mínimos, propondremos que se aplique desde 2015, para poder competir todos en 2011”, explicó Gustavo Ferrari, mano derecha del Colorado De Narváez.
Para el diputado del SI, Carlos Raimundi, es necesario barajar y dar de nuevo la cuestión de las afiliaciones. Por eso presentó un proyecto de ley que “establece la caducidad de todas las afiliaciones vigentes a todos los partidos políticos para dar inicio a un proceso de reafiliación, que sincere un padrón anacrónico”. Aunque reconoce que “los partidos con más estructura siguen teniendo ventajas a la hora de reafiliar”.
En caso de fracasar los intentos legislativos los pequeños partidos deberán recurrir a estrategias de corto plazo como campañas de afiliación o alianzas con partidos que cumplan con las condiciones mínimas.
Mientras diseñan nuevas estrategias, las fuerzas potencialmente damnificadas ya pusieron el grito en el cielo. “Este nuevo Pacto de Olivos tiene dos protagonistas centrales: uno es el kirchnerismo gobernante y el otro, aunque más encubierto, es el radicalismo. Sueñan con reflotar el viejo bipartidismo, así sea por decreto y a contramano de la voluntad popular”, disparó Vilma Ripoll.
“La reforma que propone el Ejecutivo está exclusivamente ligada al debate electoral. Es para obturar la emergencia de fuerzas nuevas”, se quejó el diputado de Proyecto Sur, Claudio Lozano. El economista recordó, además, que en la última elección presidencial Pino Solanas, fue con el sello de Partido Socialista Auténtico, que con la nueva ley también quedaría excluido de la clasificación de partido nacional.
Para el ex kirchnerista Humberto Tumini, referente del movimiento Libres del Sur, la norma que presentará el oficialismo “sólo se explica en función de la pretensión de reinstalar el bipartidismo de los partidos tradicionales; justamente los mismos que llevaron nuestra nación a la postración”.
A pesar de que la mayoría de los que se oponen al proyecto aseguran que podría existir un acuerdo tácito entre justicialistas y radicales, desde la UCR salieron a espantar los fantasmas. Durante el coloquio de IDEA que se desarrolló en Mar del Plata, el diputado Oscar Aguad intentó poner fin al rumor y aseguró que la UCR rechazará la reforma porque “no podemos quedar asociados en esto con el Gobierno”.