Alejandro Bercovich
16.08.2009
Inversión. El Gobierno lleva colocados 98 millones de dólares en el mecanismo para suplir la utilización de monedas.
En los dos meses que lleva en marcha, el sistema de boleto electrónico (SUBE) creció en forma exponencial. Según datos oficiales a los que accedió Crítica de la Argentina, la carga de dinero en las tarjetas públicas para viajar en colectivos, trenes y Subtes se cuadruplicó entre junio y julio y mantuvo ese ritmo de expansión en la primera semana de agosto. El boom de los plásticos igual benefició paralelamente a la marca privada Monedero, del grupo Roggio (dueño de Metrovías), que mantendrá hasta septiembre el monopolio de las recargas y que también vio trepar sus movimientos por la propaganda que le hizo el Gobierno. En un mes más, los funcionarios a cargo del sistema aseguran que el SUBE empezará a imponerse a Monedero: en lo que va de agosto, sus recargas ya superan el 10% de las que se efectúan en las tarjetas de Roggio.
Pese a las críticas de los usuarios por la lentitud con que avanzó hasta ahora, en la Secretaría de Transporte trazan un balance positivo del arranque del SUBE. Prometen que en abril próximo habrá cinco millones de tarjetas funcionando, cinco mil puestos para recargarlas en el área metropolitana y 10 mil colectivos con las lectoras instaladas. También que desde el mes próximo, con sólo presentar un documento, se podrá recuperar el crédito que se pierda al extraviar un plástico.
Hoy el sistema sólo funciona en unos 350 colectivos de siete líneas, apenas un jirón de las más de trescientas que transitan a diario la Capital y el conurbano. Los puntos de recarga son cerca de mil, todos de Monedero. Los hay en las estaciones de Subte y en las sucursales de la cadena de kioscos Open 25 horas.
Las primeras cinco mil máquinas de recarga públicas, en cambio, se instalarán en puestos de diarios, comercios independientes y estaciones de trenes. También en los locales que ofrecen el servicio de carga virtual de celulares. Siempre según las fuentes oficiales, todas estarán operativas en abril. A partir de entonces el plan es empezar a usar el sistema para dejar de subsidiar a las empresas y reasignar esos fondos a los usuarios pobres, que en el mediano plazo podrían recibir un monto fijo en recargas gratis.
En los meses iniciales, el uso aumentó en forma vertiginosa:
• En junio se cargaron $ 172 mil en SUBE y $ 5 millones en Monedero.
• En julio, $ 854 mil en SUBE y $ 12 millones en Monedero.
• Sólo en la primera semana de agosto, $ 560 mil en SUBE y $ 5 millones en Monedero.
Hasta ahora el Gobierno lleva invertidos 98 millones de dólares en el mecanismo al que apostó para paliar la falta de monedas. Es lo que costaron las cinco millones de tarjetas, las primeras lectograbadoras y validadoras, y los contratos de las empresas encargadas de diseñar el sistema informático y el mecanismo de atención al usuario. Para una segunda etapa tiene presupuestados otros 66 millones de dólares. Se completará recién en 2012.
Aunque Roggio perderá parte del negocio que le reportó Monedero hasta ahora (ver aparte), una de sus empresas controladas integró dos de los consorcios a los que se encargó la puesta en marcha del sistema. Se trata de Metronec, que se asoció con la alemana Siemens y la española Indra para fabricar las lectoras, y con Siemens en otro emprendimiento para instalar el back office (el área de pagos y la recaudación).
Las tarjetas y las máquinas para las recargas, en cambio, los proveerá la firma alemana G&D. Es la misma que imprime los billetes del euro. En el Gobierno defienden las adjudicaciones, aunque las pymes locales protestaron porque las licitaciones imponían condiciones que no podían cumplir.