Culturas / Edición Impresa
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se exportan más bienes del sector que, por ejemplo, zapatos o algodón

Vender cultura es buen negocio

Según las cifras oficiales, los grandes compradores son los países limítrofes; en cambio, la importación viene mayormente de Europa. El problema actual es el aumento de los insumos en dólares.

Ivan Schuliaquer
15.07.2009

La cultura genera en la Argentina 10.700 millones de pesos al año, cifra que representa el 2,98% del PBI. La importancia de las industrias culturales es tal que tienen una incidencia sobre el PBI mayor que, por ejemplo, los servicios básicos de energía, gas y agua, que representan el 2,8 por ciento.

Mientras la industria del calzado exportó por 125 millones de pesos y la de algodón por 425 millones, la de bienes culturales lo hizo por 513 millones de pesos en 2007. El sector editorial generó el 70% de ese monto.

Ésos son algunos de los datos que recogió el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SINCA) y que desde ahora están accesibles al público en el sitio sinca.cultura.gov.ar.

Los datos corresponden a 2007 y marcan que desde 2003 el sector de bienes culturales creció de manera constante. Sin embargo, el comercio exterior de bienes culturales lleva cuatro años consecutivos de déficit externo, y 2008 se caracterizó por cierto estancamiento de las exportaciones y un crecimiento sistemático de las importaciones.

Las exportaciones de bienes culturales en su mayoría fueron hacia países latinoamericanos (77%), sobre todo limítrofes. Cuando se habla de importaciones, el mapa cambia: el 49 % de los productos vienen desde Europa, el 14% desde Estados Unidos y sólo el 26% desde América Latina.

La información la provee Coyuntura Cultural, una publicación digital dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, que acaba de sacar su primer número y aspira a brindar mediciones económicas sobre las actividades y productos de este sector. “Es información estratégica porque permite saber con precisión que la cultura es una actividad económica muy relevante en nuestro país”, asegura Natalia Calcagno, coordinadora del SINCA.

El 30% de los bienes culturales que se exportan, y que no corresponden al sector editorial, son, sobre todo, productos discográficos y audiovisuales. El arte plástico no aparece casi en los registros y se estima que eso se debe, en parte, a que muchas veces es una actividad que se realiza en negro. Orly Benzacar, la dueña y directora de la galería Ruth Benzacar, habló con este diario sobre la poca incidencia del sector en las exportaciones: “Se debe fundamentalmente a que no tenemos una legislación favorable a la exportación de obras de arte, y eso que soy la exportadora número uno de la Argentina”.

“La falta de registro es muy compleja porque uno puede mandar una película por e-mail y la exhiben en China. Hay mucho que está escondido por cuestiones legales, económicas o tecnológicas”, explica Calcagno a Crítica de la Argentina, y comenta que el sector cultural es uno de los más difíciles de medir. En ese sentido, pareciera que el libro tiene una ventaja: su tangibilidad. “Es muy difícil de piratear, cuando se trata de ideas o de servicios es más complejo”, completa.

La exportación de libros argentinos representa 357 millones de pesos al año. Una de las editoriales que envía parte de su producción al exterior es De la Flor. El responsable del sello, Daniel Divinsky, afirmó a Crítica de la Argentina: “Tenemos títulos de los que se exporta el 40%, pero el promedio general es del 25%. Afuera vendemos sobre todo los libros de Quino”. Según el editor, la exportación tuvo “la mayor importancia en 2002 cuando la devaluación hizo que los libros fueran muy baratos”, situación que cambió ya que hoy “los precios relativos ya no son tan buenos”, y los insumos se encarecieron en dólares, como el papel, en parte debido a “que hay grupos que buscan sostener sus tasas de ganancia en dólares”.

Otra de las editoriales para las que las exportaciones ocupan un rol central es Del Zorzal. Para el sello, las ventas a España y América Latina representan el 35% de su facturación. La estrategia que trazaron desde un principio fue la de participar en distintas ferias internacionales, sobre todo en Fráncfort, París y Guadalajara. En 2007, la editorial participó de trece de estos encuentros en distintos puntos del mundo. “Se arma una red, que después se sostiene con un contacto que se puede hacer a la distancia. Hay que verlos a todos al menos una vez al año”, asegura a este diario su director, Leopoldo Kulesz.
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