M. Eugenia Otero y Fernando Tebele
13.07.2009
Rojitos. Cerca de 30 mil hijos de padres republicanos fueron tutelados forzosamente por el Estado español entre 1944 y 1954.
Ricard Vinyes es historiador de la Universidad de Barcelona y autor de Irredentas, las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas. En esa investigación de 2002 denunció el robo de niños de padres republicanos por parte de la dictadura que gobernó España entre 1939 y 1975. Estos hechos, aun con todas las diferencias que se exponen en la entrevista, aparecen como un claro antecedente de la apropiación de bebés por parte de la última dictadura argentina.
–¿Cómo llegó a la conclusión de que hay miles de niños perdidos de la época del franquismo?
–No me planteé estudiar desapariciones o pérdidas infantiles porque en España no había conocimiento de que eso hubiese sucedido. En 1999, estudiando la prisión política femenina durante la dictadura, encontré en los archivos de las cárceles de mujeres algunos datos que era incapaz de comprender, como la presencia de niños y niñas en las prisiones cuyos ingresos no constaban en los libros de registro. Hasta que me di cuenta de que lo que allí estaba sucediendo era un proceso de desaparición o pérdida. Aquellos niños eran separados de sus madres por funcionarios del Estado, sin autorización o con engaños. En algunos casos cargaban a los niños en un convoy ferroviario y se los llevaban sin comunicar hacia dónde. Los niños podían permanecer en las cárceles sólo hasta los cuatro años. A partir de ese momento iban directamente al Auxilio Social, centros de internación o centros religiosos. Una de las diferencias con la Argentina es que aquí no está claro, ni mucho menos, que fuesen dados en adopción. Hay indicios, pero no base documental. Lo que podemos afirmar es que fueron internados en centros del Estado y en conventos. Mientras la propaganda del régimen afirmaba que las familias no perdían la tutela de sus hijos, un decreto de noviembre de 1940 expresaba lo contrario. Las embarazadas que ingresaban en prisión eran condenadas a muerte, después del parto eran fusiladas y el Estado se hacía cargo de sus hijos. No era accidental, formaba parte de un proyecto: había un discurso teórico obra del psiquiatra militar Antonio Vallejo-Nágera. Se creó una institución para demostrar que los republicanos eran incapaces de formar a sus hijos, y a partir de 1940 un ordenamiento jurídico permitió el proceso de segregación de los hijos de sus padres.
–Aquí la dictadura actuó clandestinamente, pero allí estas cosas ocurrían a la luz del día.
–Yo creo que en buena medida la Junta militar argentina aprende del caso español y opta por la clandestinidad. En el caso español, el Estado es el gran benefactor y lo que va a hacer es educar como buenos españoles a esos muchachos cuyos padres poseen una naturaleza degenerativa hacia el mal. Eso afirmaban las investigaciones de Vallejo-Nágera, un hombre cercano a Franco. Con una base empírica absolutamente banal, plantea que existe una raza española, la hispanidad, que a lo largo de los siglos se ha ido deteriorando a medida que el país se iba democratizando. A diferencia de los biologistas alemanes, franceses o británicos, no tiene un origen genético porque su religión se lo prohíbe, sino que tiene un origen cultural en el que el ambiente es determinante. De ahí la teoría de Vallejo: hay que separar a los pequeños de las madres. El Estado proclama como un modelo lo que está haciendo: transformar a los malvados rojos en gente decente. Y se enorgullece de ello. Publica las listas de muchachos recuperados en la cárcel. Y gracias a eso se ha podido hacer un inventario de las cifras de los centros religiosos o del Auxilio Social. Según datos del propio Estado, en 1942 se hallaban tutelados, en centros religiosos y establecimientos públicos, 9.050 niños. Entre 1944 y 1954 el Patronato de San Pablo gestionó 30.960 niños y niñas tutelados por el Estado y recluidos en 258 centros.
–¿Qué pasó con el caso de los niños que fueron exiliados a las colonias republicanas?
–En los últimos momentos de la guerra los archivos de las colonias republicanas cayeron en manos del ejército rebelde, que entró en conocimiento de todos los niños que estaban exiliados en colonias en Europa, México y Guatemala. Entre 1941 y 1943, pero incluso hasta 1949, el Servicio Exterior de Falange española comienza a localizar a los pequeños acogidos en familias de simpatías republicanas. Intenta que regresen a España a través de la Cruz Roja, que se negará rotundamente por no contar con la autorización de los padres ni el consentimiento del menor. Entonces recurre a una acción delictiva: agentes españoles que actúan clandestinamente realizan un rapto. Ya en España van a los centros de internación del Auxilio Social o la Iglesia, que además cobrará dinero por albergar a esos niños en sus conventos.
–¿En qué estado están las investigaciones luego de la sanción de la ley de memoria histórica que ofrece una reparación para las víctimas, pero además implica una apertura a nivel judicial?
–Se ha remitido la investigación de fosas comunes junto con la de los niños perdidos a los municipios, cuando éstos deberían ser temas de Estado. Creemos que esa descentralización diluye la cuestión, porque va a depender del criterio singular de cada juez, y focaliza toda la discusión en la guerra, lo cual políticamente es muy práctico para hacer poco.
–¿Cree que podrá conocerse toda la verdad luego de tantos años?
–Cuando me llamó el juez Baltasar Garzón (que llevaba las causas hasta la descentralización judicial) para ratificar los contenidos del libro le dije que era muy escéptico. Las fosas están en un sitio concreto: con el tema de los niños no es así. Nadie sabe nombres. Hay historias y relatos. Pero tenemos un problema de documentación gravísimo, han transcurrido muchos años y se nos niega el acceso a los archivos del tribunal tutelar de menores en nombre de la protección del niño, a pesar de que estos niños tienen setenta años o más.
Los niños de la guerra santa
¿Cuál fue el papel de la Iglesia católica?
–A menudo se dice que la Iglesia Católica Romana fue cómplice de la dictadura; en realidad, la Iglesia católica era la dictadura. Hizo funcionar los centros penitenciarios, está presente en la rebelión militar para recuperar el poder que había perdido con la secularización del país durante la República. Es imposible entender el funcionamiento de la dictadura del general Franco sin comprender el funcionamiento de la Iglesia.
–¿Es posible pensar que muchos de estos niños hoy sean sacerdotes o monjas?
–Precisamente. En los centros religiosos les explicaban obsesivamente que ellos procedían de familias de asesinos y que para redimir los pecados de sus padres debían ingresar en la orden religiosa de acogida. Y eso es lo que hicieron muchos. Hay testimonios de madres que al ir a buscar a su hijo lo encuentran vestido de sacerdote.