Bambalinas / Edición Impresa
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El duro que se derritió

Por Roka Valbuena
16.06.2009

Ésta es la historia de un duro que un día se derritió. Hablamos de uno de los hombres más duros del diario, que llega todos los días en una moto y con una chaqueta de cuero que tiene un águila de plata pegada en el brazo izquierdo. Entonces entra a la Redacción y se sacude rápidamente su melena larga que está a punto de ser rubia y con su mirada de acero de color azul mira el paisaje de periodistas. Su nombre:

–Luty. Nelson Luty– le dirá el hombre más bravo del diario, mientras fija su acero azul en el fondo de sala. Luego se dirige a su silla, donde este rudo hace los dibujos de la sección de humor del periódico. Cada día, de seis a ocho de la tarde, tras despegarse de su moto Keller de 150 centímetros cúbicos, con la cual cruza fieramente las calles, Nelson dibuja unas caricaturas simpáticas que van en la página dos.

Es quizás al sentarse en su silla cuando contempla a algunos redactores que se han quedado admirándolo. Lo que pasa es que en los pasillos se han tejido variados mitos en torno a Nelson. Se dice que una vez Nelson Luty estaba en la calle y vio un avión volar en el cielo. Nelson Luty, quien ese día había amanecido malhumorado, apuntó fijamente el avión con un dedo, dijo ¡bang! y el avión se estrelló. También dicen que una vez una persona lo confundió con otro: “¿Usted no se llama Juan?”. Dicen que Nelson Luty se volteó y lo miró sin hablar hasta que el hombre explotó. Es el hombre más duro de la Redacción. Pero, claro, un día se derritió.

Ocurre que un día se descubrió que este Don Johnson del matutino, este brutal heredero de Miami Vice, propietario de una guitarra eléctrica con la cual ensaya acordes ruidosos en su casa, tiene, debajo de la chaqueta de cuero, un corazón sensible. Hace unos días Nelson Luty vio una tierna película de animaciones y estuvo a punto de llorar. El bravo de la moto le comentó con la voz quebrada un par de escenas de la película Up a un redactor. Nelson Luty y Leonardo D´Espósito, el bravo de Espectáculos, terminaron gimoteando su impacto ante un producto audiovisual.

“Nunca vi tanta sutileza”, dice ahora Nelson, con la mirada enrojecida. “Pero usted es un duro, Nelson”, le dice el cronista, mientras lo ve montar su Keller y hacerla rugir con la mano derecha. “¿Acaso no siente el poder cuando cruza las calles en su moto color sangre cruda?”, le pregunta luego. A Nelson le brillan los ojos: “Sí, me siento libre. Amo la libertad”, nos dice, “pero soy un hombre bueno. No soy peligroso, Bamba”. “Pero usted es como Don Johnson, Nelson. Hay pasantes que están planeando imitar su vestuario”, se le insiste. “Yo no soy un duro. Soy súper normal”, dice y corre la mirada.

Los que ese día vieron a Nelson conmovido con la película Up, todavía no salen del asombro. Nelson Luty, seguidor de Led Zeppelin y otros grupos arrojados, tenía un fuerte temblor en la voz. Manifestó con un grito desmesurado que era una creación perfecta. Pero, al menos en público, no lloró. Era un simple espectador que se emocionó. Un dibujante gráfico que admiró el trabajo de otros dibujantes. Un duro que se sacó la chaqueta de cuero y quedó reducido a un blando ser humano. Ahora, en estos instantes, está junto al cronista y hace una seña. Parte velozmente en su moto y enfila hacia un destino peligroso. El duro que por un momento se derritió en estos instantes se ha vuelto a endurecer.
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