Culturas / Edición Impresa
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Diálogo con Mauro Andrizzi, realizador de Iraqi short films, documental sobre la guerra

“Medio Oriente se volvió la gran ficción de Occidente”

A partir de videos encontrados en internet, este realizador argentino construye un film que muestra qué pasa en Irak según los protagonistas de la guerra. El largometraje, que recorrió el mundo, llega al MALBA y, pronto, a su web favorita.

Leonadro M. D´Espósito
06.06.2009

Andrizzi y la guerra. El realizador y algunas de las imágenes que recorren blogs. Los propios protagonistas de la invasión muestran el horror real que permite ver la verdad de ese conflicto.

Hay films que pasan inadvertidos y es necesario llamar la atención; hay temas que afectan nuestra vida y pasan inadvertidos. Iraqi Short Films responde a ambas cuestiones. Se trata de una película hecha de películas que sólo se verá los viernes y los sábados a las 22 en el MALBA. Y es una de las mejores maneras de comprender qué sucede en Irak y por qué esa invasión, esa guerra, nos atañe más allá de lo político y lo económico.

Estéticamente, también, es un film importante: su realizador (el término hay que diferenciarlo del de “director”, por una vez) lo construyó a partir de material encontrado en internet. Es decir, un film realizado sin filmar; un objeto raro, pero no de los que requieren del espectador una sesuda interpretación posterior sino una exposición a tal punto cruda que nos involucra. Es Irak desde el punto de vista de los invasores, de los resistentes y, también, de los que están sólo por el dinero. Como se explica en el film, se trata de videos de entrenamiento de los grupos armados, videos –ilegales, tienen prohibido registrar algo– de los propios soldados estadounidenses o ingleses y videos de empleados de seguridad privada –uno de los grandes negocios– que “protegen” por buenos dólares a políticos y contratistas. Un mapa que ilumina mejor el conflicto que cualquier noticiero o página de diario. Y su motor es la curiosidad.

“Consumo muchas imágenes –explica Andrizzi–. Entrando en webs africanas, llegué a una página de Somalia, diseñada en somalí y árabe. No entendía los textos, pero había videos de rebeldes somalíes derribando aviones militares viejos con lanzacohetes. Más allá del contenido político de las imágenes, me pareció que tenían un valor extra, poderoso, misterioso, pregnante, y con un contenido de ‘cine verdad’ notable. Era un blog islámico y estaba linkeado a diez o quince más. Esos diez o quince, cada uno a diez o quince, y así, pura viralidad de internet.”

–¿Cómo armaste la película? ¿Cuánto llevó al investigación?

–La investigación llevó cinco meses, trabajando la traducción del árabe con un iraquí que vive en Buenos Aires, aunque no sale en los créditos por pedido de él, que todavía tiene familia en Irak, y bastante paranoia, lógicamente. Cuando me puse a hacer la película pensaba: “¿Quién filma estos videos, con qué intención, quién los ve tranquilamente sentando en su escritorio tomando un té? ¿Qué le provocan?”. Y también en los fantasmas de las imágenes, en esa gente muerta, en esos fotogramas que se van a repetir hasta el infinito en la web. Cuando bajaba los videos, tenía que hacerlo rápido porque la página la bloqueaban en dos o tres días aunque, como toda imagen en la web, por más que la página desaparezca, si alguien como yo bajó el video y lo vuelve a subir a otra web, el ciclo es infinito: las imágenes siempre van a repetir esos tiros, bombas y gritos.

–¿Por qué te interesó Irak?

–Creo que Medio Oriente es la gran ficción de Occidente. Hay tantas versiones sobre Medio Oriente por parte de los medios, comentaristas, supuestos especialistas en el tema, opiniones que se cruzan y que responden a interesen imposibles de rastrear y que exceden lo económico. Si uno, entonces, va superponiendo una versión sobre otra y después sobre otra más y así sucesivamente, se forma una gran ficción;  que es lo que es para mí hoy Oriente. Además del exotismo cultural que todo occidental siente por ese lado del mundo, aunque sea un occidental sudamericano, yo no puedo dejar de pensar en esa parte del mundo como un lugar con su realidad inventada. Siempre me pareció un lugar propicio para volcar algunas opiniones mías, políticas, religiosas y culturales, usando la ficción como excusa. Tuve desde el primer momento dos imposibilidades claras para poder contar una historia de Oriente: la locación y la financiación. Cuando descubrí estas imágenes en la web, vi que era la oportunidad. La imágenes, más allá de mi manipulación, tenían un grado de verdad duro y puro, con gente muriendo o pasándola pésimo, pero por otro lado con un valor cinematográfico de suspenso en el montaje, algunos encuadres y lo trágico o surreal de algunas situaciones que las volvía a la vez totalmente ficcionales. En ese choque entre realidad cruda y potencial ficción, intenté colar mi discurso. Creo que sobre todo en Irak, pero también en Irán, Afganistán y Paquistán se están definiendo cuestiones morales, económicas y políticas que van a afectar profundamente la primera mitad del siglo XXI.

–¿Sentiste en algún momento que había imágenes que eliminar? ¿Cuál fue tu límite para mostrar o montar?

–No puse las decapitaciones ni lo más gore; pero lo vi. Creo que hay que ver todo, en la medida en que no te afecte mucho. Por ejemplo, hay un video que dura treinta minutos: es un soldado americano desarmando una bomba. Tiene todo el suspenso del mundo. Y después que viste esos 29 minutos esperando que todo vuele por los aires... todo vuela por los aires, le explota en la cara. Me pareció demasiado para este proyecto, no demasiado en general. Creo que en este caso era mejor sugerir, mostrar acciones de guerra, pero dejar el sufrimiento agónico y la muerte fuera de campo. ¿Quién podría ver estas imágenes sin pensar cuál es el contraplano, o qué es lo que venía después del bombazo al lado de la cara del soldado, que no se ve por el corte que yo elegí hacer? Mejor sugerir, jugar con el fuera de campo y borrar las huellas de lo más choto de la realidad.

Internet y la película infinita

Cuando termine sus pasadas por el MALBA –que recién empiezan– y luego de que la película termine su recorrido por el circuito de festivales, será subida a internet, en los mismos sitios que distribuyeron el famoso documental Zeitgeist, para que pueda ser vista y descargada gratuitamente.

“La idea –explica Andrizzi– es que la gente interesada en la película la remixe o la reedite sacando videos, poniendo, agregando música o porno, o citas, o lo que se lo cante, y la vuelva a subir. Así se licua cada vez más el concepto de autoría. La única consigna es no cambiar el nombre Iraqi Short Films, sino ir agregando números, como números de versiones. Así habría una Iraqi 1, 2, 3; y si alguien quiere después ver la mutación del 1 hasta la versión X, puede seguir el camino de las miguitas de pan, digamos. Ésa es la idea final del proyecto”. Aunque la historia de Irak según Mauro Andrizzi no se detiene allí. “El complemento final es una ficción que toca este tema que estoy preparando para fin de año, si consigo la plata.”
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