Santiago Casanello
17.05.2009
Una flor de propina. Los ganadores se llevaron 2.500 pesos de premio.
Faltan diez minutos para la largada. Algunos calientan, dan saltitos, hacen trotes cortos en el lugar. Otros giran la bandeja sobre el dedo índice como si fuera una pelota de básquet y ellos los famosos Globetrotters. Falta un minuto y medio. “Lo importante es no ponerte nervioso, ir acomodándote, buscar las mejores posiciones”, dice concentrado, sin mirar al cronista, respirando pausado, Matías Arana (26), mozo del Bingo Moreno.
“¡Cuarenta segundos, treinta, veinte!”, grita el animador. Los últimos diez los cuenta toda la gente. Así empezó a las cuatro de la tarde la sexta edición de la ya tradicional carrera de mozos y camareras, desde la avenida 9 de Julio hasta la Plaza de Mayo, ida y vuelta, por la Avenida de Mayo. La competencia (porque con el espíritu digno de tal se toman la carrera los 350 participantes, que vienen de siete provincias del país) la organiza la Patrocinadora del Turismo, la Gastronomía y la Hotelería de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conformada por los empresarios y gremios del sector.
Como lo determina el reglamento, toda la carrera se hizo portando una bandeja con vasos y botellas de gaseosa, a paso rápido. Hubo tres categorías: hombres de 18 a 45 años y de 46 a 99, y mujeres. Esta carrera tiene una técnica que no todos dominan: dar largos pasos con la bandeja pegada al pecho y el cuerpo erguido. Walter Ibáñez, del Bingo de Berazategui, es un crack que domina la técnica, y tal como sucedió en las otras ediciones, ayer dejó en segundos a cientos de mozos detrás de sí. No ganó, pero demostró que para él esto no es chiste. Su esposa, Flavia Venegas, vino a alentarlo: “Él se toma la carrera muy en serio. Es un gastronómico de alma, nació con una bandeja en la mano”. La Avenida de Mayo fue un desfile de uniformes. Ellos impecables: moños, corbatas, delantales, sombreros, zapatos lustrados. Las camareras casi sexies: polleritas ajustadas y zapatos con taco. Por alguna razón ellas llevan la bandeja sobre el hombro, tal vez sea su secreto para mantener el equilibrio. “Es algo insólito, pero vine porque me parece divertido y se pueden sacar buenas fotos”, cuenta Fernando Rivero (50), que vino a presenciar con su familia la singular competencia. Después de veinte minutos llegó el último participante, que, por no haber abandonado, se ganó unos merecidos aplausos. Las caras son puro cansancio.
“Me divertí muchísimo pero es duro. Además el viento nos complicó bastante”, explica Rubén Alfredo Ibáñez (37), mozo del restaurante Tridente, en la esquina de Rivadavia y Libertad.
Los ganadores de las diferentes categorías fueron Daniela Palacios, Alfredo Gómez (hasta 45 años) y Camilo Cuellar (desde 46). Cada uno se llevó 2.500 pesos. Satisfecho con la jornada, el presidente de la Cámara de Cafés y Bares de la Ciudad de Buenos Aires, Manuel Novo, señaló: “Esta carrera es una excusa para pasar un día en familia”. Novo también aclara que, pese al festejo, no hay que perder de vista los momentos complicados que atraviesa el sector: “Desde comienzos del año se cerraron trescientos locales”.