Alejandro Wall
23.03.2009
De punta en blanco. Javier Pastore festeja uno de sus dos goles, seguido por Leandro Díaz. Velázquez es la contracara. Veinte mil hinchas festejaron la gran campaña del Globo.
Esta crónica debe empezar por una recomendación: vaya a ver a Huracán. Es lo primero que hay que decir. Lo dicta la conciencia. Vaya: consígase una popu o una platea en el Palacio Ducó, barrio de Parque de los Patricios, y déjese llevar. Se va a garantizar algo que últimamente venía escaseando: toques –muchos toques–, caños, gambetas y goles. O sea: fútbol. No es una exageración, lo vieron estos ojos ayer cuando Huracán le hizo tres a Lanús, que llegaba como único puntero.
Pero eso –el resultado– no fue más importante que la idea desplegada por el equipo a lo largo del partido. Su autor intelectual se llama Ángel Cappa. Y sus ejecutores son un colectivo de jugadores que se tomaron en serio el principio futbolero de que la pelota va por abajo y siempre a un compañero. Así lo hicieron ayer: Huracán se paró de mitad de cancha hacia delante con un triángulo. Una punta de lanza: Leandro Díaz-Bolatti-César González/Pastore-De Federico/Nieto. Bolatti es el titiritero del equipo. Piensen en Marangoni, un cinco que recordarán hinchas de Boca e Independiente: rubio, alto, un touch vintage, reparte la pelota meticulosamente.
A partir de sus pies, Huracán construyó el fútbol con el que corrió a Lanús de la cancha hasta desarmarlo. Le costó algunos minutos acomodarse. Pero contó con un gol a los seis que, sin embargo, no tuvo demasiado que ver con lo que fue el partido: un centro para la cabeza de Esmerado. Y desde ahí desplegó sus alas sin la mínima desesperación. Cuando veía que las cosas podían derrumbarse, hacía llegar la pelota hasta su arquero y, con la paciencia de quien se sabe en buen camino, volvía a rearmar el juego.
De Lanús no puede decirse nada, sobre todo por piedad hacia un equipo que ha demostrado ser el mejor del fútbol argentino. Así que mejor sigamos con Huracán. En el segundo tiempo vino lo mejor. Un deleite. A Angelito se le caía la baba en el banco. Bolatti siguió tejiendo jugadas que incluían veinte toques. Y De Federico se gambeteó hasta los palos del córner, como en los dos jugadones previos a los goles de Pastore. En el tercer tanto, incluso, antes de esquivar a varios rivales, el pibe metió un caño impecable. Aplausos. De pie.
Los hinchas del Globo se rompieron las manos de la alegría. Gritaron el olé cada vez que pudieron. Y hasta se dieron el gusto de cantar que de la mano de Ángel Cappa todos la vuelta irán a dar. Quedaron a dos puntos de Lanús. Pero esto recién empieza. Ahora brindemos: descorchemos un vino por Huracán, por Angelito, y por el fútbol. Que esto no será para toda la vida.