Iván Schuliaquer
19.03.2009
“Las ediciones escaneadas y catalogadas por Google son una vergüenza”, disparó el agente literario Guillermo Schavelzon contra la propuesta de blanqueo que el gigante de internet presentó a los escritores cuyas obras digitalizó ilegalmente.
El arreglo que plantea Google ofrece una indemnización de 60 dólares por libro y, de acá en adelante, sumarlos como socios comerciales en la web. De las ganancias, un 63% sería para las editoriales y los escritores y el 37% restante para la empresa. Los autores que desistan del acuerdo no recibirán indemnización y obligarán a Google a retirar sus obras de la red.
El consejo de Schavelzon, en una carta que envió a los escritores que representa, es “excluirse para no avalar el acto de piratería más grande de la historia”. El agente de, entre otros, Manuel Puig, Paul Auster, Mario Benedetti, Gioconda Belli, Marcos Aguinis y Jorge Lanata recomienda esto porque dice que quien acepte “recién tendrá oportunidad de salirse en 2011”, y que quien se oponga “no pierde ningún derecho a negociar posteriormente con Google” en caso de que lo desee.
La escritora Florencia Abbate, representada por Schavelzon, asevera: “Es una decisión personal. Creo que está bien que un autor use licencias de propiedad colectiva y que los bienes culturales sean comunes. De hecho, yo subí una de mis novelas porque está agotada y no se reeditó. Aunque sí me parece un agravio que se suban a internet libros que se están vendiendo y no me parece bien que las empresas saquen réditos a expensas del autor”.
La digitalización de obras había comenzado luego de que Google, en 2004, hiciera un acuerdo con algunas de las bibliotecas más importantes del mundo que permitió que millones de títulos estén online. Tras una presentación que la Asociación de Editores de Estados Unidos hizo hace unos meses, la Justicia de ese país determinó que la acción de la empresa violaba las leyes internacionales de propiedad intelectual. En la mediación, el juez aceptó la propuesta de Google para autores y editores. Los escritores que no quieran suscribir el arreglo deben excluirse explícitamente, ya que si no lo hacen se considerará que lo aceptan.
Si bien no hay un inventario completo de las obras que están digitalizadas y online, Schavelzon sentencia: “Los listados parciales son de terror, están todas las obras de la mayoría de los autores de esta agencia, algunas de ellas en más de una versión”.
Uno de los autores argentinos que tiene más obras en Google es Federico Andahazi: entre traducciones de novelas, cuentos y hasta textos inéditos llega a un total de 149 títulos. En diálogo con este diario, el autor de El conquistador confesó que no tiene aún “una posición tomada” y afirmó: “Me parece fantástica la manera en que internet democratiza la cultura, y no me opongo, además, porque creo que el formato digital no compite ni remotamente con el libro. Pero, por otro lado, Google no es una empresa sin fines de lucro. Es una encrucijada, porque una cosa es la piratería justificada de los lectores apasionados que quieren compartir y otra la de una empresa que tiene una facturación anual monstruosa”.
Para Schavelzon –quien comparte su postura junto a 22 agencias literarias de España, país donde reside– es inadmisible que, en su momento, el proceso de digitalización de obras haya sido masivo y automatizado sin ningún tipo de asesoramiento editorial. Leopoldo Brizuela, otro de sus representados, asegura: “No me gustaría entrar en el acuerdo sobre todo por una cuestión de calidad, no quiero que mis libros estén de cualquier manera; me da miedo”.
Schavelzon propone a todos sus autores “reservarse todos los derechos electrónicos hasta que el panorama sea más claro” y se presente “un plan de negocios razonable”; y dice que “ningún autor, agente literario o editorial tiene nada que hacer” en la pelea descarnada entre las multinacionales de la electrónica por el dispositivo de lectura que funcionará como alternativa al libro de papel, ya que ellos deben encargarse de algo más importante: los contenidos.