Rodolfo Palacios y Candelaria Schamun
02.03.2009
En los últimas dos semanas mataron a tres policías e hirieron a otros cuatro en hechos diferentes. Sólo dos de ellos llevaban chalecos antibalas, aunque esa protección no sirvió para salvarles la vida. Los otros cinco no lo tenían puesto. Un oficial no se lo puso porque era incómodo y le daba calor. Y los otros cuatro agentes estaban como civiles en una villa haciendo tareas de inteligencia: los chalecos son tan grandes y vistosos que los dejarían expuestos a tiroteos. Pese a que su invulnerabilidad está en duda, el Ministerio de Seguridad bonaerense comprará otros 27.100 chalecos antibalas a tres empresas por 33 millones de pesos. Tendrán una particularidad: un chip oculto que permitirá identificar en un programa de computación al policía que lo lleva puesto y a qué comisaría pertenece, un sistema que se implementó en México para evitar que los delincuentes asaltaran con vestimenta policial.
SEGÚN PAGGI. “Hay chalecos antibalas suficientes. Haremos un relevamiento para determinar si hay alguno en mal estado”, dijo el jefe de la Policía Bonaerense, superintendente Juan Carlos Paggi. Su idea es que cada policía se lleva el chaleco a su casa, como ocurre con el arma reglamentaria 9 milímetros. Eso es para evitar un posible enfrentamiento cuando realiza horas adicionales o vuelve a su casa. Voceros del Ministerio de Seguridad bonaerense confirmaron que la provincia ya tiene preadjudicada la compra de 27.100 chalecos del tipo RV 2 –los utilizados por las fuerzas de seguridad y detienen balas calibre 9 milímetros y 44 de plomo– a tres firmas: América Blindajes, Full Metal y ABPC.
“Si bien se trató de una compra directa efectuada por esta gestión, tuvo características de una licitación pública porque se hizo comparación de precios”, aseguraron desde la cartera de Seguridad.
CÓMO SERÁN. “Mis chalecos no tienen nada que envidiarles a los que usan las mejores policías del mundo. Puedo asegurar que no fallan. Sé que los policías se quejan de que son incómodos, pero más incómodo es un ataúd. Hace 15 años que vendo chalecos para la Federal y la Bonaerense. En pocos días se vencerán más de seis mil chalecos que hace cinco años le vendí a la Bonaerense”, explicó Fernando Andujar, dueño de América Blindajes. A través de su empresa le vendió a la Bonaerense 22 mil chalecos y 40 mil a la Federal. La entrega será en el plazo de dos meses. “Ahora les puse un chip de un milímetro, metido adentro de la tela, que permitirá identificar al policía que lo lleva. No es un GPS, pero sirve para comprobar quién se lo llevó, a qué hora y en qué seccional reviste. Hasta en el software que les voy a entregar le pueden poner la edad, el cargo y el tipo de sangre del agente. El sistema lo implementamos porque hubo robos de uniformes y chalecos. Cada uno será único, como ocurre con las armas”, dijo Andujar.
ELLOS PROTESTAN. Un policía bonaerense que trabaja en la fuerza desde hace diez años se quejó porque los chalecos son vetustos, incómodos y no protegen lo suficiente. “Muchos policías no lo usan porque es pesado y te deja muchas partes descubiertas. En realidad si matan a un policía que no tenía chalecos el responsable directo es su superior, que debe obligarlo a usar el chaleco”, dijo el oficial, que pidió reserva de identidad.
PRECIO Y CALIDAD. El costo por chaleco será de 1.500 pesos. En las armerías y negocios que venden uniformes cuestan más de 2.000. La venta sólo se realiza si el policía presenta su credencial. Los chalecos pesan entre 2,500 y 3,500 kilos y tienen un espesor de 3,5 centímetros. Su vida útil es de cinco años porque la humedad los deteriora. Están compuestos por 24 capas de fibra. Parte de ese material es importado desde los Estados Unidos. No pueden frenar balas de fusil, el arma que suelen usar las bandas que roban blindados. Los chalecos que resisten ese tipo de disparos son los que se llevan a las guerras. “Casi no hay diferencias entre los chalecos de la Federal y de la Bonaerense”, dijo Andujar.
LOS MUERTOS. La polémica por los chalecos antibalas surgió por los recientes crímenes de policías. El 17 de febrero, el teniente Aldo Garrido fue asesinado en San Isidro. No acostumbraba a usar chaleco. Tres días después fusilaron en San Martín al sargento Leonardo Melizza. La bala le entró por abajo del chaleco antibalas porque el delincuente le disparó desde el piso. El 25 de febrero fusilaron al subteniente Claudio Santillán en una villa de Quilmes e hirieron a otros tres policías. No tenía puesto el chaleco porque hacía tareas de inteligencia. En realidad, hay chalecos más finos y chicos que se usan debajo de la ropa, pero son más caros. En todas las investigaciones encubiertas que realizaron los policías antidrogas que detuvieron a la banda de narcos mexicanos no usaron chalecos antibalas.
El sábado hubo otro policía baleado en San Martín. El teniente Carlos Verhaz fue herido de un balazo en el abdomen por un delincuente. Está fuera de peligro. Tenía puesto el chaleco. Pero la bala pasó.