Sociedad / Edición Impresa
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Un sobreviviente del Holocausto habla de las cámaras de gas y responde al cura nazi

“El olor y los gritos eran desgarradores”

David hoy vive en Villa Crespo, pero nació en Polonia y a los 17 años fue enviado a Auschwitz. Allí vio los horrores de la guerra y recuerda con claridad las muertes de sus compañeros en las cámaras de gas. Su esposa Perla y la supervivencia.

Pablo Corso
30.01.2009

Recuerdos. David posa en un cuarto donde guarda los recuerdos de la familia que construyó junto a Perla.

David nació en Polonia el 8 de diciembre de 1921. Cuando tenía 17 años el ejército alemán lo mandó a Auschwitz. Aún no sabe cómo, pero allí sobrevivió y conoció a Perla, el amor de su vida. En diálogo con Crítica de la Argentina, el lúcido ex prisionero que vive en Villa Crespo y prefiere no decir su apellido “por el antisemitismo creciente” recuerda con claridad las muertes en cámaras de gas, método que Richard Williamson –el obispo lefebvrista que vive y predica en La Reja– niega que haya existido.

–¿Cómo fue su llegada a Auschwitz?

–Luego de estar prisionero en un gueto de Lodz junto a 200 mil personas, nos mandaron allá. El viaje duró tres días, sin comer ni tomar nada. Cuando llegamos nos desnudaron, nos bañaron y se llevaron todas nuestras pertenencias. Tatuaron el número en mi brazo y me dijeron: “Desde hoy no existís, no tenés nombre ni apellido. Sos el número 145086”. En ese momento sólo pensaba “qué lástima –pero qué suerte– que estoy lejos de mi familia”.

–¿Cuándo supo de la existencia de cámaras de gas?

–Al tercer día me encontré con prisioneros que me dijeron “trabajá bien, porque si no te mandan a la cámara”. Después vi cómo los comandos alemanes se llevaban gente nuestra para hacer el trabajo: retirar los cuerpos y tirarlos a las fosas. Pero se contaba poco, la gente tenía miedo de hablar.

–¿Cómo se daba cuenta de que las personas morían ahí?

–Mientras estaba en el galpón, o trabajando afuera, nos iba invadiendo un humo espeso, con un olor horrible, mezclado con gritos desgarradores que llegaban desde la zona de las cámaras. A veces el gas no mataba porque no había suficiente. Había poca presión. Nos contaban que a los prisioneros los tiraban al fuego moribundos.

–¿Leyó las declaraciones de Richard Williamson?

–Los curas son gente estudiosa, se supone que conocen de historia. ¿Él fue a ver lo que pasaba? ¿Mandó a alguien? (indignado, levanta la voz) ¡Si a Auschwitz no entraba ni la Cruz Roja! El mundo sabía lo que pasaba, pero no vino nadie. ¡Yo no lo vi, lo viví! Los nazis me mataron a 40 familiares.

–¿Por qué se salvó?

–Tuve suerte. Pasé por 19 selecciones médicas. Un día tenía una herida en el cuello por el palazo de un oficial. Había dos filas. El médico me vio y dijo: “Izquierda”. Era la que llevaba a la cámara de gas. Me abalancé sobre él, lo agarré de las solapas y le dije que no, que podía trabajar. No sé por qué, pero esbozó una media sonrisa y dijo “derecha”. Era para los que seguían trabajando.

En verdad, David también sobrevivió gracias a Perla: los nazis unieron su destino: “Un día estaba haciendo mi trabajo y vi en el galpón de enfrente a una chica que trabajaba en una pileta de chucrut. Pensé: ‘Es como yo, pobrecita, qué fea –pero qué linda– está...’ A los pocos días nos prometimos que si salíamos vivos nos casábamos”. Luego de años de cruzar miradas furtivas, llegó la liberación. “Nos abrazamos, nos besamos y lloramos. Un rabino nos dijo: “Ustedes se casan en 15 días. Y así fue: había 80 invitados, todos ex prisioneros. No quedó un solo familiar suyo ni mío.” Era hora de empezar de nuevo. El 13 de marzo de 1947 llegaron a Buenos Aires, donde él se hizo sastre y ella cuidó a sus hijos. Sesenta y un años después, David toma aire y hace un balance fugaz: “La verdad es que nos fue muy bien. En ese sentido no me puedo quejar”.

Las respuestas del Centro Simon Wiesenthal al obispo

Aaron Breibart, investigador del Centro Wiesenthal, responde en la página web de la institución a los argumentos que relativizan los alcances del Holocausto:

- Los nazis juzgados por crímenes de guerra nunca arguyeron que los hechos por los que eran acusados eran ficticios. Decían que habían “seguido órdenes”.

- En Alemania vivían menos de 600 mil judíos cuando Hitler accedió al poder.

- La Comisión de Investigación Anglo-Americana determinó que las pérdidas judías fueron 5.721.500, mientras que el historiador Helmut Krausnick calculó 7 millones.

- Las pruebas del uso de cámaras de gas incluyen testimonios de empleados, planos de las instalaciones, solicitudes de materiales y de Zyklon B (la preparación mortal de hidrógeno cianhídrico)

- La fabricación y el uso del gas fueron demostrados en un juicio en el que dos de los acusados fueron sentenciados a muerte luego de comprobarse que sabían que el veneno era para matar a los internos.

Más apoyo a Williamson

El jefe de los “lefebvrianos”, el sacerdote Floriano Abrahamowicz, relanzó ayer las tesis revisionista sobre el Holocausto hecha por el obispo Williamson al asegurar que la “única cosa segura sobre las cámaras de gas es que se usaron para desinfectar”. Abrahamowicz dijo al diario La Tribuna, de Treviso, que “junto a la versión oficial existe otra basada en las observaciones de los primeros técnicos aliados que entraron en los campos.“No se si las víctimas murieron por el gas o por otros motivos. Las cámaras de gas existieron por lo menos para desinfectar”.
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