¿Hola? ¿Quién es?.Tecnofílico declarado y amante del celular Blackberry, al próximo presidente estadounidense le grabarán todas las llamadas telefónicas y e-mails.
Minutos después de asumir como el 44º presidente de los Estados Unidos, el próximo martes 20, a Barack Obama lo despojarán por completo de su atuendo tecnológico. Los agentes del servicio secreto no le quitarán la corbata ni el saco ni el pantalón, pero le sacarán a su compañero inseparable, su teléfono Blackberry 8700c, y lo obligarán después a abandonar sus cuentas de e-mail y Twitter.
No importa que la tecnología haya sido uno de los principales motores que impulsaron a Obama para llegar a la Casa Blanca, la ley es la ley y el futuro hombre más poderoso del planeta estará obligado a ceñirse a ella: establecida como consecuencia directa del escándalo de Watergate, la Presidential Records Act (Ley de Documentos Presidenciales) establece desde 1978 que todas las comunicaciones del presidente estadounidense son propiedad del Estado y, como tal, serán vigiladas y anotadas.
Así ocurrió en su momento con Bill Clinton y con el saliente George W. Bush, quien, tres días antes de convertirse en el presidente número 43, se tomó el tiempo de mandarle un e-mail de despedida (electrónica) a 42 amigos desde su antigua dirección g94b@aol.com. Y, si bien después les asignaron la misma cuenta (president@whitehouse.gov), Clinton sólo la usó dos veces y Bush ninguna.
Pero los años pasaron y la tecnología dejó de ser un capricho accesible sólo para unos pocos. Gadgets y demás chiches electrónicos se convirtieron, más bien, en una segunda piel, prótesis como anteojos, lentes de contacto y dentaduras postizas sin las cuales no se puede vivir.
El fenómeno abarca desde el oficinista más ignoto del microcentro porteño hasta a Barack Obama, tecnofílico declarado, que atrajo a votantes jóvenes desde su perfil de Facebook, metió publicidad en videojuegos, les habla de vos a vos en YouTube, los mantiene al tanto de sus últimas actividades vía Twitter y, cuando tuvo que anunciar a su compañero de fórmula, Joe Biden, no lo hizo en una megaconferencia de prensa, sino que se lo contó primero a sus votantes vía mensaje de texto (SMS).
Las generaciones cambian, pero no las medidas de seguridad dentro de la Casa Blanca, que podrían desacelerar el cancherismo tecnológico del primer presidente negro, el primer presidente geek.
Informado de su futura amputación telefónica, Obama exclamó: “Tendrán que arrancármela de las manos”, en referencia a su Blackberry, del que siempre habla en términos de “ella”.
Se sabe que Obama también tiene una MacBook, suele mantener contacto con su familia vía videoconferencias cuando está lejos y que chequea sus e-mails desde la cancha de golf o apenas baja de un avión. El aparato, confesó, es su cable a tierra, su vía para mantenerse en contacto con el común de la gente y romper el aislamiento al que llegan políticos y celebridades públicas.
Según la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la seguridad es la principal razón de la expropiación del supercelular, que comenzó desparramarse en el Congreso norteamericano cuando se percataron que seguían funcionando después de un ataque terrorista como el del 11-S.
Y, entonces, se disparó una tecnoadicción: chequear e-mails en el baño, en el subte, en la cama, o como le pasó a Nicolas Sarkozy, que estuvo a punto de ofender al Papa cuando en medio de una audiencia le echó una mirada a su chiche.
A Obama, dicen los agentes de seguridad, podrían fácilmente hackearle el teléfono. El argumento no es descabellado: el año pasado ocurrió algo parecido cuando empleados de la compañía telefónica Verizon espiaron las llamadas realizadas por Obama en su anterior celular.
Pero al parecer la amputación tecnológica o el regreso a la Edad de Piedra no será total: junto a Obama, por primera vez una computadora llegará a la Oficina Oval y uno podría llegar a chatear con el hombre más poderoso del planeta sin siquiera darse cuenta.
Tienes un e-mail
Desde que la actriz Scarlett Johansson confesó el año pasado que intercambiaba e-mails con Obama, se desataron todo tipo de especulaciones y rumores. Se habló incluso de un romance secreto. Hasta que la rubia chocó con la realidad cuando Obama salió al ruedo diciendo que la chica estaba confundida: “Ella le envió un e-mail a mi asistente personal, quien me lo reenvió a mí. Entonces yo contesté diciendo: ‘Gracias, Scarlett, por hacer lo que haces’, y de pronto dice que tenemos esta relación”.
El nuevo chiche del presidente
Obama tal vez pierda el Blackberry pero ganará un nuevo supergadget aprobado por la NSA: se llama “Sectera Edge”, lo fabrica la empresa General Dynamics y se lo conoce como el teléfono celular más seguro del mundo. Cuesta unos 3.350 dólares, tiene pantalla táctil, teclado QWERTY, corre una versión de Windows como sistema operativo y tiene ocho capas de cifrado para que ni el hacker más habilidoso pueda escuchar llamadas comprometedoras.