Marcelo Fernández Bitar
13.01.2009
Con Las Pelotas. En River, última actuación multitudinaria, abril 2008. Izquierda, foto de prensa. Derecha, con Mollo en River ‘07.
Fría, dura e impersonal, la noticia fue un golpe para todos: “Murió Alejandro Sokol”. Desde media tarde, la frase se repitió entre amigos, por mensajes de texto, en las radios y en los noticieros. Vaya paradoja para una persona que fue cualquier cosa salvo frío e impersonal.
Ampliada, la noticia detallaba que se había descompensado en una terminal de micro en Río Cuarto. Se lo trasladó al hospital, ingresó en estado de shock y con una insuficiencia respiratoria, pero sufrió un paro cardíaco y murió a las 14.30, a los 49 años de edad. Más tarde, el director del Nuevo Hospital de Río Cuarto, Miguel Minardi, reveló que la autopsia mostró que padecía “una enfermedad ateroesclerótica avanzada, agravada por el consumo de elementos tóxicos, como el alcohol. Era el corazón de una persona que ha tomado mucho y médicamente presentaba las característcias de una persona que se ha desatendido mucho tiempo.”
Son innumerables las historias y anécdotas que detona el recuerdo de Bocha, como lo conocían sus fans. Algunas, en el impresionante marco de un estadio de fútbol lleno del entusiasmo y fervor del rock, como la inesperada reunión del grupo Sumo en abril del 2007, y su última actuación junto a Las Pelotas, un año después. Otras, entre lo risueño, pintoresco y patético, como su tradicional estado de borrachera en escena, o la aparición en un escenario del festival Creamfields, a fines del 2007, cuando todos los amigos y familiares lo estaban buscando tras haber escapado de la clínica donde se estaba recuperando de una fractura provocada por un accidente automovilístico.
A lo largo de los últimos 25 años, Alejandro Sokol vivió ese sube y baja del arrebato, el impulso y las ganas de hacer lo que quería, a cualquier precio, aun poniendo su salud en juego. Fue así como también delineó una carrera donde reflejó un talento basado en la intuición pura, capaz de tenerlo en los comienzos de Sumo junto a Luca Prodan, épocas de los legendarios primeros shows en Capital, como bajista junto a la baterista inglesa Stephanie Nuttal, a quien reemplazó cuando ella dejó el país durante la Guerra de Malvinas. Sin embargo, cuando llegó el momento del contrato discográfico, Sokol ya no estaba en la banda.
“A los 20 años yo era como un barriletito –contó hace pocos meses– porque andaba vagueando por estas calles, tocando la guitarra y hacía mucho que no estudiaba. A los 16 conocí a Germán Daffunchio y después, la historia oficial: Timmy, Luca, Arnedo... A los 20 arranqué con Sumo, donde era tocar, descargar y cargar equipos, emborracharse, jugar, divertirse. Por suerte, sigo siendo así.”
A mediados de los ochenta, el paradero de Sokol ya era una suerte de mito urbano: se decía que había dejado el rock para convertirse en predicador evangelista. Pero al poco tiempo volvió a la escena local, más precisamente tras la muerte de Luca, el 22 de diciembre de 1987. De ese dolor surgió la determinación de los músicos de seguir adelante por dos camino paralelos, como Divididos (Ricardo Mollo y Diego Arnedo) y Las Pelotas (Daffunchio, Sokol y Alberto “Superman” Troglio). Rápidamente despejaron cualquier noción de pelea interna y actuaron juntos en Cemento, al grito de “¿Divididos? ¡Las Pelotas!”. Y todo quedó claro: podían tomar rutas diferentes sin dejar de ser amigos. Divididos llegó al éxito masivo con su tercer álbum, pero a Las Pelotas le costó mucho tiempo más, con un ascenso lento de banda de producción independiente que con mucho esfuerzo grababa un álbum y volvía a juntar plata para hacer otro.
Dentro de Las Pelotas fue donde Alejandro Sokol mejor mostró su estilo, cantando y componiendo –en la formación más estable– junto a Daffunchio, Tomás Sussman, Gabriela Martínez, Gustavo Jove y Sebastián Schachtel, con Timmy McKern como manager. Durante gran parte de la década del noventa tuvieron centro de operaciones (y luego estudio de grabación) en Córdoba, más precisamente Traslasierra, cerca de Nono. La popularidad masiva, fuera del circuito estrictamente rockero, finalmente llegó cuando menos lo esperaban y con el tema menos pensado: “Será”, del disco Esperando el milagro, en el 2003.
La banda inició una etapa de difusión masiva y shows multitudinarios, pero internamente surgía tensión entre el espíritu amateur y las obligaciones del profesionalismo. Quizás Sokol fue quien más lo sufrió, hasta profundizar el problema durante la grabación de Basta y los shows del año pasado, cuando aparecía tarde o directamente faltaba a los conciertos. En un punto, la situación se hizo insostenible y fue echado del grupo. Sin rencor, sin embargo, dio entrevistas y anunció la formación de un proyecto como solista, titulado El Vuelto, con su hijo mayor como guitarrista. El repertorio incluyó los temas más suyos de Las Pelotas, como “Ovejas”, “Escaleras” y “Muchos mitos”, además de canciones de Sumo (“Heroine”, “DeBeDe”) y covers de Pink Floyd, Bowie o Beatles.
“Creo que hoy me está pasando lo mismo que en los principios de Sumo –dijo– porque con El Vuelto existe ese clima onda ‘vamos a divertirnos, a tocar’. Es una banda de rock cruda, abierta y espontánea. Yo pienso que ser rockero es, principalmente, hacer música. Y, paralelamente, ser una especie de expositor de lo que es la calle, la gente, los pibes.”
Ayer por la noche, la página oficial de Las Pelotas se mostraba de negro y apenas decía: “Querido Alejandro... nunca te olvidaremos y seguirás vivo en nuestros corazones. En señal de luto, el sitio no estará disponible por un par de días” y dejaba abierto el libro de visitas para mandar mensajes.
Los fans, como suele ocurrir en estos casos, seguramente decidieron mitigar el recuerdo escuchando canciones y tarareando: “Muchos mitos existen acá, muchas sombras te seguirán, alguien me llama y no estás, en la tormenta te cubrirás”.
El bocha en discos
1981: Corpiños en la madrugada
Cuando Sumo era casi nada, era realmente el principio. Un casete editado en forma independiente, aún con Sokol en batería, que deja un estilo diferente al que luego se conocería en las grabaciones del grupo de Luca Prodan en CBS.
1991: Corderos en la noche
El debut de Las Pelotas y la dura decisión de seguir adelante después del abrupto final de Sumo. Sokol volvió con su ex compañero Germán Daffunchio, ahora como cantante, y con centro de operaciones en las sierras de Córdoba.
1994: Máscaras de sal
El segundo álbum, con temas como “Orugas”, “Capitán América”, “Tucán” y “Si pudieras”, canciones que se convirtieron en clásicos del grupo, que nunca dejó de tocarlos en vivo ante un público que los celebraba con todo el fervor.
2007: Basta
El trabajo que terminó siendo la despedida de Sokol en el grupo. Ya no aparecía con frecuencia en los ensayos, grabación ni actuaciones en vivo. Aunque errático, su sello sigue presente y se percibe la lucha del grupo por mantenerlo entre ellos.
OPINIÓN
Bohemio y entrañable
Sergio Marchi (periodista, escritor y baterista)
Alejandro Sokol era, sobre todo, un cantante querido por la gente, más allá de sus aciertos artísticos. No tenía un pronunciado carisma, pero sí un don que lo llevaba a conectar con la amplia masa que seguía a Las Pelotas. Era común verlo sobre el escenario, envuelto en sudor, buscando las manos y los ojos de los chicos que se agolpaban frente al vallado.
Junto con Germán Dafuncchio, fue uno de los primeros amigos que hizo Luca Prodan cuando desembarcó con sus petates en lo de Timmy McKern, en Traslasierra, Córdoba. Sokol se encargó de la batería por un tiempo, pero se quedó fuera de las épocas exitosas de Sumo por propia voluntad. Cuando Luca murió, volvió al lado de Germán para iniciar una larga trayectoria con Las Pelotas. Y fue como en el principio: desde Traslasierra hacia el mundo, con mucho sudor, suficiente humildad y pocos medios. El pasado con Sumo, más que una ayuda, se constituyó en un obstáculo porque nunca quisieron hacer usufructo de él. Subieron todos los peldaños con tranquilidad, pero sin concesiones para agradar. Les llevó tiempo, pero finalmente Las Pelotas se instalaron entre las bandas más populares y queridas del país.
Es en ese punto donde se hacen evidentes las desavenencias entre Sokol, con un espíritu errante, y el resto, con los pies más sobre la tierra. Y en esa diferencia radica su partida de la banda, seguramente dolorosa para ambas partes, porque dio la impresión de haber sido una medida desesperada. Algo así como un límite imperioso con riesgo de quebrar la banda, pero también con la posibilidad de ayudar a la persona.
Sokol siempre fue explícito en su lucha contra los demonios que lo asediaban. Es muy prematuro para saber si perdió el combate contra ellos o si tan sólo fue víctima de su corazón rebelde. Lo cierto es que el rock nacional ha perdido a uno de esos personajes bohemios y entrañables que han alimentado su historia a lo largo de los años.