Combinación. Fragmento de una de las obras de Mark Leckey donde mezcla el lenguaje de la televisión con la experiencia artística.
A fines de los 90 lo ganó Chris Ofili por su pintura con caca de elefante y el año pasado se lo llevó Mark Wallinger, quien tras pasear por la Galería Nacional de Berlín disfrazado de oso montó una instalación en la que recreó una protesta contra la guerra de Irak. Este año, el Premio Turner, uno de los más prestigiosos y polémicos del arte contemporáneo, es para Mark Leckey: inglés, 44 años, enamorado de Félix el Gato que sueña con una televisión “artística”. La incógnita sobre el Turner 2008 se reveló anteanoche, en una ceremonia en la Tate Britain, con música en vivo de Nick Cave.
Leckey obtuvo el galardón, que incluye 38 mil dólares, por dos exposiciones individuales que realizó recientemente en Colonia, Alemania, y Dijon, Francia, en las que presentó su emblemática combinación de escultura, cine, cómic y, claro, dibujos animados. Se trató de las muestras Resident, instalada en el Kunstverein, e Industrial Light & Magic.
El jurado consideró que la obra de Leckey, en la que combina secuencias televisivas, videoinstalaciones y esculturas, protagonizadas por Félix, Homero Simpson y Garfield, es “inteligente, dinámica y seductora”.
“Con ingenio y originalidad, Leckey ha encontrado una variedad de formas con las que comunicar su fascinación por la cultura visual”, agregó el jurado, y por eso se impuso sobre la trayectoria de las otras tres artistas preseleccionadas: Cathy Wilkes, Goshka Macuga y Runa Islam.
Leckey, profesor de cine en la Städelschule de Frankfurt am Mein de Alemania y fundador de los grupos Donateler y Jack too Jack, se define como un fanático de la animación en tres dimensiones. “Quiero transformar mi mundo y hacerlo más mundo. Convertirlo más en lo que es”, según declaró a la prensa internacional.
Las mismas fuentes consignaron que tras conocer el fallo, Leckey dijo con tono irónico –¿o sería soberbia tímida, disimulada?– que el premio tiene una razón: “Soy el mejor artista de Reino Unido hoy y tengo que agradecer a Dios que alguien finalmente lo reconoció”.
Era obvio que Leckey estaba socarrón. Le preguntaron en qué gastaría el dinero del Turner y contestó que lo guardaría hasta “el 2086, cuando termine la recesión”. Y después de comentar que “hay gente que se pone muy contenta, que está con el gatillo preparado por la idea de que la crisis va a hacer desaparecer mucho arte malo, y no quiero ver a algunos amigos ir al paredón”, confesó que “la única cosa triste que implica este reconocimiento es tener que tratar con la prensa”.
A la entrada de la gala en la Tate Britain se reunieron varios artistas disfrazados de arbolitos de Navidad. Protestaban porque no había pintores entre los finalistas. Después de todo, Turner (1775-1851) fue el maestro de la luz sobre el lienzo. Y por eso para los manifestantes el Premio Turner se parece demasiado a “una broma nacional que empieza a cansar”.
El Turner se entrega desde 1984 a artistas de menos de 50 años que residen en Gran Bretaña o tienen nacionalidad británica por exposiciones destacables. Entre sus ganadores más célebres está Damien Hirst, el creador de la calavera de diamantes que se impuso a Wallinger a mediados de los 90 con una vaca descuartizada en formol.
Pese a provocar con las declaraciones, Leckey dijo que no tiene nada que ver con el arte del escándalo. “El mundo del arte que yo conozco no es así –afirmó–. El mío es un mundo completamente distinto.”
El artista espera que el Turner le abra puertas a uno de sus principales desafíos: filmar una serie de televisión que “sea como un show de varietés artísticos”.