Jorge Garaventa*
01.10.2008
Sancionar con 24 amonestaciones y media a la pareja de alumnos que practicó sexo oral está en las antípodas de un acto educativo: se trata de una medida que apunta al temor y el escarmiento. Las más sofisticadas formas de tortura trataron siempre de encontrar mecanismos para paralizar al torturado.
En las escuelas, el límite de amonestaciones es 25, y la media amonestación no existe, salvo para aterrorizar, como en este caso. Lo que asusta a las instituciones es el libre ejercicio temprano de la sexualidad, y su manifestación desprejuiciada. Lejos de intentar orientar, como correspondería a una escuela, se la vivencia como una hoguera maligna que hay que sofocar.
“Mansillan el uniforme escolar”, dicen sin sonrojarse los censores. ¿Alguien podría afirmar entonces que si hubieran estado desnudos no habría habido sanción alguna? Demasiada experiencia tenemos acerca de lo que se puede hacer por el honor de los uniformes.
Es sumamente cuestionable si el niño filmó a la niña sin autorización y lo difundió. Pero, ¿qué hizo la escuela antes? ¿Cuál fue la actitud social? ¿Alguien se preocupó por la forma en que los chicos reciben a diario el bombardeo pornográfico sin censura? ¿Se sancionan y develan otras formas comunes de falta de respeto entre el alumnado o sólo preocupa un pete en el lugar equivocado y con la ropa inadecuada? ¿Se les muestra a estos alumnos que una de las prendas para un viaje a Bariloche, que consiste en un beso entre alumnos desconocidos, es una vejación y una inmoralidad, o todo va bien mientras no haya uniforme que defender?
En definitiva, sólo se trata de eso, del simple y difícil ejercicio de distinguir entre educar y escarmentar. Y a veces estamos muy lejos.
*Moderador del foro electrónico Psicología y Niñez.
Ver nota Prohibido practicar sexo oral con uniforme escolar en la sección Sociedad.