Patricio Barton
27.08.2008
No hay información precisa acerca de qué cuernos es la capacidad de asombro. Hija de la ingenuidad, con muy buena prensa en circuitos progres, la sorpresa parece ser una condición del goce. Así, de tanto andar esperando lo inesperado, lo insólito tomó las formas de un discurso previsible, como todos.
Naaahh! (extendido a piacere del sorprendido) es la respuesta incrédula a todo lo asombroso. Y la revista Nah! es la síntesis de esa predisposición a la sorpresa, en clave de humor.
Es sabido que lo humorístico estalla en los desajustes, en aquello que está fuera de lugar, en lo que parece una cosa y es otra. Siempre una promesa incumplida. Nah! se vale de los servicios de la parodia para hacer uso y abuso de las formas discursivas y estéticas del “Aunque usted no lo crea”. Y el chiste surge más en las formas que en los contenidos.
Con la asistencia efectista del fotomontaje y muchos titulares con signos de exclamación, la revista –como aquellas a las que parodia– va de un énfasis en otro. El caso de una mujer que canjeó por una mucama los puntos acumulados en la tarjeta del supermercado, o el de un hombre al que se le agrandó la cabeza por hacer la vertical durante muchas horas, son algunas de las notas que anticipan el tono general de la publicación. Como todo es en joda, muchos de los pocos avisos publicitarios también son chistes. Claramente apócrifos, los unos se distinguen de los otros. Allí, como en casi todo el contenido de la revista, abundan las gracias fálicas. Y el chiste homofóbico espera el aplauso de la muchachada.
El diario de un preso virgen, penes disfrazados de chocolates Toblerone, y Jack Nicholson sentado arriba de su premio Oscar, son algunos ejemplos. Nah! se presenta con una pequeña revistita –a modo de insert– que parodia a otra publicación. Este mes, las revistas para chicas adolescentes (como Seventeen o Para Teens) son las parodiadas a través de Marketeen. Con la misma propuesta estética y temática que las publicaciones teen, aquí los chistes no tienen que recorrer mucho trayecto para causar gracia.
Sostenida en las formas de lo increíble, la primera sorpresa la ha dado Nah! con su precio, que en algo más de veinte ediciones pasó de costar un peso a ocho con cincuenta. Un récord que la deja afuera de los planes del INDEC. Pero, en rigor de verdad, la revista ahora es otra. El despliegue color de la actualidad está lejos del blanco y negro de sus inicios. La intención de lucir más cool parece ser una condición necesaria para atraer anunciantes. O, al menos, a creativos publicitarios. Con ellos la revista comparte algunos códigos humorísticos celebrados por adolescentes. Mezclan las fichas de manera parecida. Si Lucho Avilés puede aparecer en un aviso de un proveedor de internet y solo por eso causar gracia, la revista también puede reclamar el mismo efecto colocando a Quique Wolff en la figura de hombre lobo. Hay en Nah! una pose de incorrección, que nunca es política. Rasgo que la distancia de las destrezas de Peter Capusotto a las que tantos pretenden imitar. Es muy difícil ser bizarro cuando se intenta serlo.
Historia
La escasez de programas humorísticos en la televisión y en la radio tiene su correlato en el kiosco. También hay pocas revistas de ese género. Y no es que los medios hayan perdido el sentido del humor, sino que quizá sus pretensiones humorísticas hayan teñido al resto de los contenidos, hasta la publicidad Nah! comparte la batea del humor gráfico con la revista Barcelona y, en el interior del país, de vez en cuando surgen algunos emprendimientos espasmódicos, como la celebrada revista Chochán que desde la Patagonia hace esfuerzos por sostenerse en sus destacados parámetros de calidad. Lejos han quedado títulos emblemáticos como Humor de Andrés Cascioli y la cordobesa Hortensia. Ya no hay interés por el humor en los sellos editoriales de envergadura. El último intento lo hizo Perfil con El Cacerolazo, que duró menos que los caceroleros de 2002. Ahora las revistas de humor –sólidas, endebles e incipientes– se refugian en la independencia y la austeridad que les provee la web.