Escena de pugilato
Salió despacito, mirando para los dos lados, que no viniera nadie. Era de noche y los vidrios polarizados no lo dejaban ver bien, por lo que había abierto la ventanilla. Por esa ventanilla entró un puño, a una velocidad de ciencia ficción. Ese puño se le estrelló en medio de la cara. Casi pudo oir el “crack” de la fractura del tabique y enseguida el sabor agrio de la sangre le inundó la boca. Ella gritó casi en silencio y se tapó la cara con las manos.
El dueño de ese puño que le hacía sangrar la nariz y la boca lo agarró de los pelos y tiró. Medio cuerpo se le asomó por la ventanilla. Era eso, dejarse llevar por el tirón, o resistirse y que el tipo le arrancara los pocos pelos de la nuca. Sintió el aire en la cara -le pareció gélido- y trató de respirar por la nariz maltrecha cuando sintió otro impacto, esta vez en la mandíbula. Venía desde abajo, asumió que era una patada. Escupió sangre, tuvo ganas de vomitar.
En medio del caos, escuchó la puerta del lado del acompañante que se abría. Ella se estaba bajando del auto ¿Intentaba huir del feroz ataque? En cuanto el agresor la vio bajar, decidió dejarlo en paz e ir tras ella. La agarró de la ropa, la agarró de los pelos. Ella gritó.
- Soltame, hijo de puta.
- No te suelto nada, trola de mierda.
- Te dije que me sueltes, la puta que te parió, te voy a denunciar, forro.
- No te suelto nada, pendeja puta y la reconcha de tu madre.
- Morite, morite, morite, morite ya Ernesto.
- Puede ser, pero primero te mato a vos.
Por el rabillo de un ojo hinchado pudo ver cómo el tal Ernesto metía a la mina a los empujones en un auto viejo y azul. Los escuchó salir arando y se desmayó, ahí, colgando para afuera de la ventanilla de su propio auto.
La placa roja de Crónica TV decía: “Brutal ataque en Quilmes – ampliaremos”. El título de Diario Popular, a la mañana siguiente, era más explícito:
“Campeón Panamericano de Kickboxing propina feroz golpiza a amante de su concubina – Los pescó in fraganti a la salida de conocido albergue transitorio de la zona sur”